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Full text of "Principios Elementales De Gobierno Propi"

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PRINCIPIOS 

ELEMENTALES 

DE 

GOBIERNO PROPIO 


OBRA. ESCRITA 

PARA USO DE LAS ESCUELAS 

POR 

JOSÉ MARIA ^IDaÍT) 



MONTEVIDEO 

Imprenta á vapor de La Democracia^ Cerrito 84 
1877 




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INTRODUCCIÓN 


U^Ls¿.5i 

^53. Y 
I ^77 

HAm 


Bste lilUíO ha sido 'OScrHo en momentos qany acijt^os 
para la HepúhUca. 

Él autor hoaguejaba su ohra á mediados fle 1875— 
« cuando la tempestad irugia siniestramente sobre 
nuedtras cabezas *, como ha dicho poddcanmnte uno 
de nuestros períodistaa. 

Este es el fruto maduro de una cabeza de 20,años.— 
En medio de afuella tremenda crisis de lapolldca» en 
medio del oleage revolucionario, este jóyen reprime 
su indicación, ^contiene el Cdor de sn alma patriota 
y entusiasta,, se sobrepone á vía vor^ine del dia y 
medita.,... - como «u pensador envojemdo en el es¬ 
tudio. 

No es un jóven c® busca el retraimiento j el 
estudio por desaliento, ni por indiferencia. 

Los sucesos que se desarrollan á su álnededor pe¬ 
netran em su gabinete de -estudio, le cotítuiban y le 
aflidren^ pero no le apartan de su obra. Tiene una 
convicción profunda. Persigné una idea.regeneradora; 
y, en medio de la ola turbulenta, que le envuelve, 
lev^anta su .cabeza y ips .siu dncora salvación su fé, 
su inquebrantable fé en el porvenir. 

Era difícil, alcanzar á sustraerse, á Íqsj 20 años, y nn 
aquéllos momentos solemne^ á lasnobles y generosas 
pasiones c® agitan el corazón del ciudadano austero 
y dominan con mas fuerza el corazón de la ardorosa 
jurtrentud. . - 

El autor d® este libro ejerció consigo misnio ese 
acto de, bérdicidad. 

.Eabia qne una reacción podia inimarse lentamente 
aunien medio de aquella época angustiosa,^ que los 
verdaderos dogmas republicanos podían difundirse é 



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inocularse en la masa del pueblo y principalmente en 
las nacientes generaciones, sin el auxilio de las pa¬ 
siones enconadas y sin el estruendo del combate fra¬ 
tricida. 

Sobrepúsose pues, á las vertiginosas influencias 
del dia, y reconcentrando en su alma varonil la de¬ 
sesperación y la tristeza que despertaba el luctuoso 
espectáculo del presente en los corazones puros,— 
joven, casi niño, busca á sus iguales; vé en la infancia 
el rico semillero del porvenir—y, labrador tenaz, 
ahonda su surco y aprovecha el fecundo venero. 

Sin largos ni eruditos estudios en la pedagogía pre¬ 
para el plan de su obra, arreglándolo á su criterio 
racional y esperimentándolo en el hogar. 

Guando lo hubo madurado buscó á sus precursores. 
No los encontró en la lengua nativa ni los tuvo á su 
alcance en lengua extraña. 

^ Hecho el plan, hallado el método, desenvolvió sus 
pensamientos y los expuso ú sus mas íntimos amigos; 

Le faltaban entónces, como le faltan hoy, por des¬ 
dada, las fuerzas físicas; y el cerebro rebozaba de 
ideas. ¡Misteriosa providencia que se complace en 
encerrar en una arcilla tan frágil, la luz penetrante 
de una inteligencia vigorosa! 

Pero el joven autor se sobreponía á la debilidad de 
su organismo, como se habia sobrepuesto á las des¬ 
garradoras agitaciones del dia. 

Qué noble apresuramiento por llegar al fin de la 
jornada!.... Lós que fuimos testigos de su entusias¬ 
mo sentíamos una noblé emulación. 

Concluida su obra, empieza recien ádesconflarde 
la debilidad de sus fuerzas:—cándido asombro de todo 
autor concienzudo en presencia de una creación ela¬ 
borada rápidamente! 

Como ha sentido el aguijón del porvenir y se ha 
penetrado de su espíritü profético, no retrocede en su 
camino, y i^pmete el manuscrito á la inteligencia po¬ 
derosa dél ci udadano que en nuestra pátria ha llevado 
mas alto y aun sostiene en sus robustas manos, el es¬ 
tandarte redentor de ia educación popular. 


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José Pedro Varelá lée con ansiedad el manuscrito y 
dice, él que conoce á fondo los anales de la educación 
del pueblo: «En ostellano, la obra de. este jóvenno 
tiene rival; dudo que la encuentre en el extrangero. 

Yarela se encargará de presentar á la Comisión du 
Instrucción Pública el manuscrito. 

Lo que juzgó de él la Comisión lo expresa el con-> 
cienzudo informe del ilustrado Dr. D. Ildefonso García 
Lagos. 

Esta es la historia del libro que hoy presenta al pú¬ 
blico y dedica á los niños de las Escuelas él Dr. D. 
José M.* Vidal 

. ¡Féliz él, que á tan corta edad y venciendo los te¬ 
naces padecímient'^s físicos que aún le abruman,— 
puede depositaren los altares de supátria una ofrenda 
tan rica como la presente. 

Los críticos encontrarán sabroso'" pasto para sus 
elucubraciones. 

Encentrarán que el autor, preocupado de llegar á 
su ñn, que era: poner en una forma accesible á la 
débil inteligencia de la niñez los fundamentales 
principios de la Ciencia Constitucional y las reglas 
mas elevadas de la moral política;—no ha sujetado su 
inteligencia creadora á la estrictez—un tanto ráncia 
enttre nosotros—de las reglas gramaticales, ni se ha 
detenido en medio de su afanosa labor, á adornar su 
pensamiento con las galas y elegancia retóricas. 

No e^an estas, tareas superiores á sus fuerzas; pero 
tampoco ignoraba el joven autor la sentencia del viejo 
Horacio; 

« Diflcüe est proprié communá dicere.» 

El autor sé ha abandonado enteramente al curso de 
sus pensamientos; Su creación ha sido tan rápida que 
la fuerza y el alcance de la idea han desechado mu¬ 
chas veces el ra')lde artístico que conviene especial¬ 
mente á las obras didácticas/ como lo es la presente. 

Las inteligencias que no se complacen en los deta¬ 
lles de la crítica y saben valorar los esfuerzos tan 
osados como generosos de la juventud en esas regio¬ 
nes que aun pre.senta casi por completo vírgenes é 


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i^espLco'aflgs. 1 pu, . exclamará^ «omp-uu pQ^]^le 

proíésor it,ajLian[b aJiiiacex upa r)3v<;kl ucíi^n eala, ?i^ñcia 
aámio^tfatíya:. fSiOlo ;el hahaaÍFO*quiei:i4<i, ^‘,pal>erl® 
ei^S^ádo ^ Jpastaóte áji estaa graiíde?;., cfu^ionas 
Aciales.» , ( ■ , ;,i., , ■ .V; 

Bajo el plinto de vísta científico hién d,ic|e ei’lnfoíBa& 
del,pr" Lagos; quola pirita, cputieme ias doctrinas mas 
pHras;dfí lacíenciai 

Los individualistas crudos han de leer ciertas coisaa 
cpndes 2 ^cado.,Bplizn>jenltia las¡socjí^ade|f nio se cui¬ 
dan d.9 esa. e^ecie djái üitrarmetaíiísica begeliaoa .dr 
platoniano individualista^ como ha llaiipadn uu auton 
á las. pxager.acipnps,v acias y ahstrapcioim^ dp; ja esoue- 
la ultra xafpcal en. tas ciencias,sociales,. , , ,, 

Bajo este puntp idatista ana dplasoiseKVílcifines 
ánales del informe del ilustrado Pr,Lagos,.ya np jtt«aia 
raaon, de, ser;,^p!aes el ajqtpr, <iue, hai^ escrito, en! í¿75 
piensa hoy en armonía con el míemí)ro,infQ¿inafli^/iy 
wp^los iodividttalisías.platpnieos ya np vivo en, píor 
ae santidad, . 

La cúanftp áila.otra observación delreferide íníerv 
me», acerpá! rfe lu ¿aturaleaa de relaciones entré;,óli 
pnehlo y eLgobiernQ,pel,jpven.autor h.^deyadQ i^aetaí 
su. obra y¡ creería quitarle sp austaneia. si cambiase» 
por dtro^ éste concepta fundamental, que ya difuánifio. 
en toda, ella: «él pueldo es- un-patron; los empleiafips^. 
susdépeaiiientea.>,, . :,V 

L unca^há áídp. más pportuná la.revindicacioú.áe^ñn 
printíprp que puedei consh|eEarse equoo una, dalas^ 
bases funda mentales de las instituciones libres. i 
Si padecimientiia físicos semejantes á los de nuestro 
amigo no fuis impidiera lanzarnos! lini trabajo.iqte- 
léctuát detenido,, no depariamos pasar esta ocasmn sin. 
dedicac algunas palabras mas ! tan importai^,mate.-r 
na. Muy á nuestra pesar nos v.emaa forzados.á.límÍjap‘. 
ésta introdUQcioa á cuatro líqeas. mal coordinadas, en, 
los. .breves., ins lantea ! que. nps deja libres, niuestra 
dplcncfa. fínica* - . . ¡ ! 

Pebí^mcts. dos palabras» cuando, menos,, al autpy do 
esté pbrq‘y creíamos también cumplir, coa un, deber, 



dnigiqBdé á ia jamutud en «sitos monuutos y •con 
Bwakivo lite) iesta lobrai 4na sineetia' y ianóinleá eidutp* 
tacion. ■ ''■!’í'; ■■■:■ 

I £s mno dfi ¡nnesrtroa icotapañéros ide4(teB en la Uni- 
véorsidad el ({uodiaooiiidfeDsawlo eH^ste «precioso iitbrn 
lies reflcziaasidiei^aóieBe^ Aei^ oeliadas de est»^ 
diante y la parte mas útil del teeo^> tnteteetual 
sapei coBi|pi8tar ' 'ea jas a«d»s<. Parece que hubiera 
nsnicba á rahoffer el enante lapi^ a!do<ne ha mucho >oeo 
eathépitov'iiotí uá pod^oso <aidalii4t ien el sdae de Sa 
fiianfqaniáTiersifairiai. ’ • <• - 

-: ] Bello. y>digno ejemplií)' el de «éte-yé^Mn qae eofsava 
sus faeriasien el Tuiimo terreno que «¿e decía «yedadó 
ó estéril paraüos ^e ■habían reoiUido edncqcion prd- 
féaioindcdlas oál^rqs de'la t^níTiersidadí 

A la loe dorios gcandeb priiiOiplos^'apréndidOB en •ed 
torneo deJanaolaegi'con'esa aonpliiud de espíritu •qoe 
dan las libres discusíeiñieB entre eqtiklísni1ieis'‘y caites 
driüdoos que>pusinan ipór illegar ialnicei adtual 'deSas 
cMBCzas'^ ha. pedido >d! léven autnry‘sin gran «acopio 
de Ubroe, ^ sin las empolladas sentencias dé loa 
pnÁamóoBcn estas máiterías, asiipitarse' ^tuitivamente 
lea' óltiindsi progresos de lía pédagogia en lo que« á 
naiíéliodos deenseñansa se redera'y ha sabido ap’Mcar'^ 
tes A la imaéerm qiuioadH-ai» esita lobiita. ' 

Sin título algitaopedagdgiico ha osado penetrar en 
esas^odas y esicabroaaB sendas >qáel3e>decian inesplo- 
radeuih íhcra ídel aiDancoide la ^aventad educada en 
las analás. fia'0onqui8bado<eit muy boénaparte-el tenr-^ 
oeno que ae decía! reservado ittes prdoíücos, y le ha 
surcado con segura planta y hasta con éxito brillante, 
como muy justamente lo ha hecho notar el Dr. Lagos 
en su acertado infórme. 

Joven, dotado de una inteligencia precoz ha sabido 
elevar su espíritu á las altas regiones y ha visto con 
ojo seguro lo qué exigía el porvenir. 

Desdeñando frívolos pasatiempos, cuidando de ne 
malgastar sus fuerzas en esas obras efímeras que el 
mas leve soplo disipa, ó en esos triunfos fugitivos del 
amor propte engíekto,ha'sabido concentrar su mente 


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— 8 — 


en la redacción de un libro que irá ma¿ allá qiie ios 
ecos del dia y no se perderá, olvidado, en loá rincones 
de las oficinas de Instrucción Pública. 

iBello y digno ejemplo para la juventud estudiosa! 
A ninguna época conviene tanto como;á la presente 
la divisa del gran patriota y.esclarecido escritor'ita¬ 
liano: P/ensieroed azione. ' - ' 

La obra de nuestro compañero puede ser pcesentada 
como un estimulo para los jóvenes; espemalmente para 
esos jóvenes que llenan las aulas de la Universidad, 
que se han afiliado en el «Ateneo del Uruguay» y en 
tantas otras sociedades científico-literarias, verda¬ 
deros focos de donde irradia ó saldrá en el futuro el 
progreso intelectual y moral de la República. 

Será acogida con júbilo por esas instituciones, 
porqué no solo es un jibro elemental para la niñez, 
síhó un curso graduado de derecho constitucional y 
de moral política para los adultos. 

Será también acogida con júbilo por todos aquellos 
que aman de corazón las instituciones republicanas, 
que han hecho un culto de la soberanía del pueblo y 
como dogma político han inscrito en su bandera de 
pacífica lid el respeto á las leyes juradas, á la libertad 
individual y á los progresos y conquistas que en su 
vida política han abonado con su sangre generosa los 
pueblos mas civilizados de la tierra^ 

Los buenos ciudadanos, los que sienten las desgra¬ 
cias de la pátria y llevan en su alma entristecida, im¬ 
presa la angustiosa memoria de sus males, hap de 
■exclamar á la aparición de este libro, como Víctor 
Hugo en sus cMtinients’. 

Droitp, progríí«i,, qu'on croyait eclipses pour jamais, 

L berte, qu’invoquaient nos voix extéruiees, 

Vous snrgissez! Voici qu’ji travers les nuées 

Reparalssent les grands sommts! 
Durazno, Setiembre 27 de 1877, 

C-ÍRLos Marí.\ db Pena. 


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SeSor Presidente de la CoíIisiok ds Instrucción 

PÚBLICA. 

Dos son los textos sobre Elementos de Constitución 
que yd. ba tenido á bien remitirme para informar: 

El Catecismo Constitucional por el señor don Isidoro 
De-María. ' 

Y un manuscrito de 212 páginas titulado Principios 
Elementales de Gobierno propio, por el señor doctor 
don José María Vidal. 

Para decidir cual de los dos sea el mas adaptado á 
la enseñanza, paréceme que no puede prescindirse de 
tomar como punto de partida el nuevo Programa que 
hemos adoptado, en 6 de Abril último, para las Es¬ 
cuelas dependientes de la Junta Económico-Adminis¬ 
trativa de Montevideo.—Allí ha quedado establecido 
que en el décimo grado habrá lecciones orales según 
el método siguiente: 

• € Gobierno—Dése idea del Estado, como de una 
« sociedad formada para la defensa y prosperidad 
« común. Idea del ciudadano como miembro de esa 
« sociedad; quienes son ciudadanos por la Constitu- 
« cion; idea del Poder Legislativo como una Asamblea 
« encargada de dictar leyes; idea del Poder Judicial,. 
« como una Asamblea encargada de juzgar á los 
« ciudadanos y de determinar el castigo que merecen 
« estos según la Ley; idea del Poder Ejecutivo, como 
« uñ cuerpo encargado de ejecutar las leyes y senten- 
« cias de los otros dos poderes, mandar la fuerza 
« públiba y administrar los bienes de la Nación; idea 
« y Objeto de la Policía; idea y razón de los impuestos. 
« que tienen que pagar loS ciudadanos; idea de la 
« elegibilidad de los empleados de los tres poderes; 
« derecho de elegir que tienen los ciudadanos, deber 
« que tienen de elegir al ciudadano mas apto y hon-- 
^« rado; utilidad de discutir las condiciones del ciuda- 


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— 10 — 


« daño que ha de elegirse; deberes principales que 
« hay que cumplir en toda discusión; idea de la vota¬ 
re cion como medio de conocer la opinión mas gene- 
« rali^ad^j respeto que mereae la. opin^ 49 
« mayoría. » 

Enunciado esto, fácilmente se comprenderá que el 
Catecismo Constitucional, cualquiera que sea su mé- 
ritO'Como compendio. de nuestea .Carta Evini4ameutal, 
no piuede llenar ]>a& aap^ae«Qttoa de ila Co(Qisiauv4e 
Inatruecion Púhliea.rrr^demáa de ser deficiente! hoy 
como guía para los maestros, y, muy espeeiaiiaente 
para los (^ue; nos viene^bde países regido» por formas 
de! gobierno distántas d las ^1 noestro,-—es también 
inadecuado para uso de los niños, por qne sobire no 
ser elemental, carece de todo: razonamiento d esiplíica- 
eion práctica que interese su inteligencia y los ayudie 
ácomprender la utilidad y.el significado délas reg^ 
y Ips términos dala ciencia poííüca^T-Como el, téxto 
de que me ocupo ha servido desde tiempo atrás paira 
uso de.lasEsevbeJas primarías, y esoofitocidoiá la Co»- 
misioa. juzgo innecesaria extenderme en.otra» eoati- 
sideraciones al respecto.—Es de sontir qiaei el señor 
Der-María, no haya retocado su obrifa, aeomodándola 
á.las, exigencias deb método moderno sobre que está 
eaicado su nuevo texto de ariitmética, 

. Eu cuanto al Manual Principios ElemenUíies de 
Gobierno propio no puede, 4 mi j uicio, caber, dada de 
que responde satis&ctoriamente á los propósitos del ‘ 
nuevo programa escolar,—ya por ^ método domi¬ 
nante, como por la exeeleneia de la doetrínai y la 
nencillez de ezposícioii. , 

. Sil. autor qe bia,,propuesto .introducir, un. eambio 
radical en la manera como, hasta ahora se ha enseñado 
aqpella asigna tunaren nuestrasv Escuelas, 4 iniaiar la 
mente de losiniños en el conocimiento de ía orgianizar 
don. y funcionesr dei Oobiemo republicano, denlos 
deberes y derechos del cindadano,i cnnducíiéndoles 
p^aduaTmenteipaK mndio/de; explicaciones cjomprenr 
sihlcs y prácticas y casi puede decirse,: sin que deellp 
ser aperciban,, á lat SPlucion de los urnas , importantes 


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J 


problemas del Derecho constitucional, é ilifundiendo 
en ellos el amor á la República. 

El doctor Vidal dice, con mucha verdad, hablando 
del método seguido hasta ahora en esta enseñanza; 

« Eh valde se hablará á un niño de República y de 
soberanía si no se le explica el significado de estas 
palabras y si no se le hacen comprender todas las 
T-entajas del gobierno representativo republicano; con 
la simple lectura déla constitución sabn tal vez un 
niño que nuestra forma de gobierno es la República;— 
que' el Gobierno se divide en tres poderes; que los 
representantes son elegidos por el pueblo, etc ; pero 
no sabrá dar la razón de todo esto, no sabrá apreciar 
las ventajas del Gobierno representativo, no tendrá 
conciencia plena de sus derechos ni podrá sentir amor 
ú la República. » 

Aon cuando en su nota de presentación, el señor 
Presidente se ha expresado ya con merecido elogio 
acerda de este trabajo, creo conveniente adelantar una 
idea de él, aunque suscinta, para demostrar á la Co¬ 
misión cómo el doctor Vidal ha llevado á cabo tan 
útil y elevado propósito. 

Divídese el libro en dos partes, conteniendo veinti¬ 
séis lecciones ó capítulos. 

En la. Primera Pa7'te, tomando por base la nocion 
de lo que es Pueblo y la necesidad de defensa y bien¬ 
estar común, pasa á dar idea de lo que es Gobierno 
y de las ventajas que emanan de un buen gobierno. 

, Con este motivo explica en que consisten los derechos 
individuales y el deber de conservar la libertad: 

Déla misión y deberes fie los gobernantes fiefiuce 
la necesidad de una Consñtncion; y de ahí la idea de 
sobérania. Trataluegode la cmdadama, de los debe¬ 
res á ella inheréntes, de las calidades que deben tener 
electores y elegibles; del procedimiento en las elec¬ 
ciones, del respeto al voto de la mayoría. Descríbelos 
fraudes electorales, las malas consecuencias que 
engendran; y concluye aconsejando cual debe ser la 
conducta de los ciudadanos al diá siguiente de una 
elección fraudulenta, para precaver los males de la 
gue'bra. 


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— 12 — 

La comienza explicando la ponve- 

niencia que hay en la división de Jos Poderes,*—\zs 
atribuciones de estos en general; el carácter y for¬ 
mación de las Leyes. Esto le lleva á exponer la razón 
de la separación del Poder Legislativo en dos ramas, 
j á tratar del c|iverso sistema de elección, de la reno¬ 
vación y duración de las Legislaturas, del juicio ante 
el Senado. De la necesidad de que haya quien haga 
cumplir las leyes y mantener el orden público arranca 
el autor lanocion del Poder Ejecutivo, sus atribucio¬ 
nes y deberes; y la del Poder Judicial, de la necesidad 
de aplicar la constitución y las leyes administrando 
justicia á los ciudadanos. Expone con este mptivo las 
calidades que deben tener los magistrados, sus di¬ 
versas gerarquías y los deberes respectivos;—los in¬ 
convenientes que ocasiona el que el pueblo ignore ó 
descuide el conocimiento de las leyes;-i^la posibilidad 
de simplificar la legislación y las ventajas del juicio 
por jurados. Sigue ocupándose de la responsabilidad 
de los gobernantes, de su acusación y destitución;^ 
del gobierno central y del municipio’.—áQ loa medios 
de reformar la constitución, y concluye por donde ge¬ 
neralmente comienzan otros textos, es .decir: - por la 
comparación y juicio sobre los diversos sistemas de 
gobierno. 

La breve exposición que acabo de hacer basta para 
que la Comisión, forme juicio acerca del método se-r 
guido por el Dr. Vidal en su importante trabajo. Par¬ 
tiendo de lo conocido á lo ^desconocido, del hecho á 
la razón del hecho, con lenguaje comprensible y va¬ 
liéndose unas veces de ejemplos, otras de diálogos, 
llega insensiblemente hasta la definición de las ideas 
mas abstractas, y pone los principios del Gobierno y 
de la Constitución al alcance de las inteligencias mas 
tiernas. ; 

En cuanto al fondo, el m^Qual «Los Principios 
Elementales deJxpbiemo Propio» dilucida muchas 
cufestiones de derecho público con aplicaciqn a nues¬ 
tra Constitución, cnyos artículos cita al: pié de .ceda 
página, y señala algunas reforaias imppitahteS),;ComQ 

‘Ii.'-j 


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-v-, ví a/t s f j -\ 


— 13 — 

porejiemplQ, en lo relativo á .ciertas calidades para 
representante del pueblo,—á la elección del* Poder 
Ejecuti;YO>“"*l c^^so de conflicto entre ía Constitución 
y las Leyes,—á la meyor libertad que debería esta¬ 
blecerse para iniciar y llevar á cabo la enmienda de 
la Constitución, etc.j etc. 

Las doctrinas vertidas Son sanas y puras, á tal pun¬ 
to que esta, óbrita puede ofrecerse como un trátado de 
moralpoliiica, igualmente útil como lectura para los 
adultos, sobretodo en nuestras poblaciones de cam¬ 
paña, donde conviene difundir el conocimiento déla 
verdadera misión del ciudadano y el respetq á la^ 
instituciones. 

Para corroborar lo que en este punto dejo expuesto 
me bastaría copiar de ella algunos trozos en que se 
hace notar bajo el aspecto indicado, escritos en un 
tono tan noble como varonil. Pero no debiendo exten¬ 
der mas los límites de este informé, llamaré la aten- 
cion.do W.,hácia los capítulos 2.® 5.® al 9.® y 12.®. 

Respecto del estilo, lo juzgo correcto, sencillo sin 
trivialidad^ al par que elevado. El doctoi* Vidal escri¬ 
be cómo si estuviese hablando á .ún círculo de alum¬ 
nos suyos, de cosas sérias, perb con aplicación á la 
vida práctica; y les habla, como él mismo lo dice —de 
un negocio de iodos. ' ' 

No puede darse un modo de enseñar mas racional, 
interesante y provechoso; ni mejor guía para el Pre¬ 
ceptor. 

El libro es susceptible de algunas modificaciones 
que no alterarán su forma ni su sustancia, en lo que 
respecta á la manera de encarar la relación que existe 
entre el Pueblo y el Gobierno, en su mas lata acep¬ 
ción, y á la misión que le incumbe de promover los 
intereses nacionales. Me habría sido muy agradable 
discutir sobre estas materias con el doctor Vidal; 
pero esto no ha sido posible por hallarse alejado de la 
capital, desde hace algún tiempo, en razón de sus do¬ 
lencias.—Abrigo, sin embargo, la confianza de que 
se prestará á introducir modificaciones en su trabajo 
antes de darlo á la prensa, como lo ha anunciado en 
el Prefacio. 


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— — 

Por Tas consideraciones brevemente expuestas soy 
de parecer ^e « Los Principios Elementales de Go¬ 
bierno Propio » son enteramente adaptables al uso de 
nuestras Escuelas públicas y que la Comisión debe 
adoptarlos como texto de esa asignatura, manifestan¬ 
do á nuestro distinguido é inteligente compatriota el 
doctor Vidal la satisfacción con que le ha visto coo¬ 
perar á su propósito de mejorar la instrucción cívica. 

Ildefonso Garda Lagos. 
Sfontevldéo, Julio 3 de 48T7. 


’ M)(nitttvidea> Julk> 43iA» tífll.'-' 

De áeucardV qon|,l!arreg^€!^ p^ 1.^ Cerpp.ra(ifÍ 0 ¿/ea 
sesión ^ feclxaiá que iúgebí áprú^sé cmoao tex^ 
to deC&m8'^ítucioa..i^J^?6«»i^ .GaifiernaPrOff 
^ De, 1)., JoBé Mariai'iTiffaVy archívese 

un ejemplar de la obra que rubrica^ di Siecretario. . 

José P^o Varday 

Director. 

ií.í«fí»í^ ir.i^crsoíw,, 

deerfttarik). 


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PREFACIO 


SicBdo elijpt^ecno an negocio ddl pneUo, «orno 
gii»n les «merieaáoe del .Moi^‘,> es ánd^atftble bi 
conveniencia que hay de enseh%;áícadiLÓindatiilii»o,la 
asMMfranididrde i^míBislrar en» negooio^r-jdeha- 
eeiieii6(MMieeE todjo<eii meeanienodel gobierno^ 

<Sat»TegífflC(ñanBa debe conMnsMrjen ila eecuetet. Así 
«eno áe le enseban: al suiiSici, todoé/aqQeUos «oaocin- 
míentos índispeoBahtesqiiara qaepiujeda^eeeiBj^eDaarse 
hict^ euraniido sea itomlure, en las redacranes déla inda 
privada, asi también conviene fortalecer su espíritu 
con aqueles principios mas elementales del gobienio, 
para que sepa diesempeáar bien su misnui de cíuda* 
danOy en las ¡reladkmes de la vida públicai. De este 
modn^ únicamenite, el gobierno será : un uegocáo del 
{NDftjirlo^ooiao dicen los yankeesy no el negooio en» 
elusivo de unes ici^fotos. . ; 

Ahora bien; el método que se ha seguido, hasteel 
presmktey en nuestras escuelas para hacer ceuoeer de 
lo» niaos el sistema de uneatra osgánisacion pcdítíea, 
consiste' en chiiganlos á qué aprendan de memoria, la 
fónstttucicm do la Bepúhlioa, sin esplicarles el meea* 
ttismo dd gobterao, y sin hacerlés eonocer siquiera, 
«ft aho cflErácter que inviste un ciudadano, y iae resr 
prnumbilidades que pesan sobie^, conm mieiQhit> de 
la soberanía de la naeion: 

• Bste método me ha parecido jdeficiente; da ense- 
iñ^ma coustiincional suministrada de este. me 
ha paretádo casi rnútü: Su balde m le hhkdará á na 
niño rde repAblim y de soleraués, isiao se le«s|diQa el 
tdgtaáhcado detestas palabras, y; sino se le hacen ¡eom-^ 
jménder todas has venfojas delgubiemo representativo 
republicano. 

Con la sinípls let^umde la Constitución sabrá tal- 


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vez un niño, que nuestra forma de gobierno es la 
república; que el gobierno se divide en tres poderes; 
que los representantes son elegidos por el pueblo, etc; 
pero no sabrá dar la razón de todo esto, no sabrá 
apreciar las ventajas del gobierno representativo; no 
tendrá conciencia plena de sus derechos, ni podrá 
sentir amor á la república. 

Oeo escusado demostrar, que en nuestro país con¬ 
viene Infhndir á cada ciudadano el amor á las insti¬ 
tuciones republicanas. 

Yo me he propuesto, en este pequeño libro, poner 
al alcance de los niños algunas nociones elementales 
de gobierno, para que pueda ser un poco mas prove¬ 
choso el estudio de la Constitución, y para demostrar 
que el gobierno es un negocio de todos. 

Sin flnjida modestia debo declarar que estoy seguro 
de no haber realizado completamente mi propósito. 

Entre los muchos inconvenientes, que he hallado 
para la realización de mi obra, se cueUta el método de ' 
esposicion. Para presentar las ideas con suficiente 
claridad, he tenido que sacrificar la forma d^ sues- 
presion; y muchas veces, he tenido que callar algunas 
ideas, por la dificultad de poderlas manifestar bajo 
una forma sencilla. 

A los maestros corresponde llenar los vacíos que 
yo he dejado. La lectura no basta para dar á los niños 
una idea completa del gobierno. Como se practican 
las elecciones, como funcionan las cámaras, como se 
administra la justicia, como dá sus fallos el jurado, 
son cosas todas estas, que el niño comprenderá mejor 
si el maestro selas esplica prácticamente en la escuela 
y no si se leen tan solo en el libro. 

Si esta obra recibiera los favores de la aceptación, 
la complementaria mas adelante, corrigiendo muchas 
de sus iñip^ecciones, y agregándola un apéndice, en 
el cual espondria el método, que á mi juicio deben 
seguir los maestros para esplicar prácticamente el 
organismo del gobietno y el ejercicio de la soberanía. 

^sÉ Marta Vidal. 


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PRIMERA PARTE 


I 

■ I.—«Idea del Gobierno. Necesidad de su existencia. Beneficios 
producidos al pueblo por un gobierno bueno. Hacer respetar la 
persona de cada hombre donde qiuera que esté;—ya sea en su 
casa, en la calle, ó cuando anda de viaje, - ó cuando manda sus 
pensamientos en cartas cerradas. Limitaciones á estos beneficios. 
El gobierno asegura Infortuna, el trabajo. Injusticias del gobieino 
á este respecto. Privilegios. El gobierno funda escuelas y hace 
obligatoria la instrucción. 

1.—Los hombres malos abundan por desgracia en 
la tierra. Hay gentes cuya sola ocupación es hacer 
daño; gentes que, en vez de amar á los demas hom¬ 
bres, son sus grandes enemigos. 

De modo que, hallándose los hombres reunidos 
nunca vivirían en paz; se pelearian continuamente 
unos con otros, se matarían por las cosas mas insig¬ 
nificantes, y cometerían toda clase de injusticias y de 
crímenes, si alguien no estuviera encargado de arre¬ 
glar sus disputas, de perseguir á los asesinos y ladro¬ 
nes, y de castigar cuantos malhechores existiesen. 

Ningún hombre querría trabajar, por temor de que 
le robasen el fruto de su trabajo. Todos serian hara¬ 
ganes, pobres, ignorantes, y lo que es peor, bandi¬ 
dos; porque la ociosidad, la miseria y la ignorancia 
hacen perversos á los hombres. 

Estos grandes y terribles males quiere evitar el 
'pueblo, ó sea, la reunión de todos aquellos hombres 
que viven en un mismo territorio; y para conseguirlo, 
elije á ciertas personas en quienes tiene suficiente 
confianza, y les dice: < Ustedes cuidarán la vida y la 
fortuna de todos; perseguirán y castigarán álos cri- 


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mínales; mantendrán la paa'entre los hombres^ y ha¬ 
rán justicia cuando sea necesario;» - en cambio, dice 
el pueblo, <yo les pagaré un sueldo por su trabajo. > 

Esos individuos encargados de cuidar la vida, las 
riquezas y la pa¿^ mediante un sueldo, se llaman em~ 
pleados “públicos ó gobernantes', y ese poder que el 
pueblo les confia y que ellos ejercen para cumplir sus 
obligaciones recibe el nombre de gobierno (1). 

El gobierno existe pues, con el objeto de impedir 
que los hombres se hagan mal unos á otros. Veamos 
ahora cuales son los beneficios que produce al pue¬ 
blo. 

2.—Cuando un Gobierno es bueno y cumple exactai* 
mente sus obligaciones, proporciona bienes consi¬ 
derables. 

El es quien cuida mi pesona y me libra del daño 
que pudieran causarme hombres perversos; él es 
quien impide á los hombres malos que me quiten la 
vida, me hieran,- me'maltraten, me insulten ó meles- 
ten de otro modo; él es; en fin, quién me asegura una 
.existencia tranquila en todas partes, á donde quiera 
que yo esté, á donde quiera que yo vaya. 

Si estoy en mi casa, allí soy respetado por todos; 
nadie penetra en ella contra mi voluntad; puedo per¬ 
manecer tranquilo; para prestarme esa seguridad 
go empleados, á quienes con mis vecinos, con todo ^ 
pueblo, contribuyo á pagarles un sueldd. Ellos están' 
obligados á cuidar que nadie me moleste en mi casá^ 
que nadie entre á ella sin mi consentimiento. 

Si salgo á la calle, tongo también empleado» que 
velen por mi persona y mi vida;'puedo andar con Se** 
guridad por donde so me antoje; nadie se atreve' á 
preguntarme,—« & donde va Vd. > v Ebi que 'm ocu¬ 
pa; * porque se espondtia á que yo le contestara co® 
razón,—á Vd. no le importa. '* 

(1) No hacemos distinciones entve el significado dsilas palabras 
gobierno, eeta^, autoridad, pacqpé annaue esas distíncionestisiien. 
sn, importancia científica, carecen de ellSj en, una.obra como esta, 
donde solo serriríán para confandir la inteligencia débil de los 
niños; . 


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^ Í8 _ 

Caando alguno no qui«í«regj[> 0 lária 6 on ^i c&sá ó 
«n la calle, llamo á un empleado dé polídá y ié hago 
llorar preso. 

A veces quiero decir alguna cosa á cierta peréona 
que eétái l^os,—no puedo hablar' con élla; entonces 
la dirijo una carta cerrada, la cual debe eérleida'seda- 
mente por la persona á quién va dirijidá.—Nadie 
abre esa carta; todos deben respetarla como me res¬ 
petan á mi mismo. Los empleados públicos son los 
primeros en respetar los secretos de mis cartas. ' 

Guando yo estoy conversando con algún hombre en 
mi casa ó en la calle, ningún estraño puede pregun¬ 
tarme,—« de que conversa Vd. ;» pues nartiié debe en¬ 
tremeterse en mis asuntos privados; dé la misma ma¬ 
nera, nadie debe abrir Una carta para averiguar lo 
que JO converso cón algún hombre que vive lejos.' 

Como se vé, el primer bénefleio^ pestado por el go¬ 
bierno, tanto á mi como'al resto de los hombres, es 
cuidar nuestra vida, nuestra persona; y el modo de 
ctñdarlas es haciéndonos respetar en nuestra casa que 
es'Sagrada^ y á la cual nadie entra sin nuestro permi¬ 
so;'y haciéndonos respetar también en cualquier-otra 
parte donde estemos, dónde vayamos, 6 donde man¬ 
demos nuestros pensamientos. (1) ‘ 

3.-i-Algunas veces suele decir el goMerno;—nádie 
puedéviaj'ar por el teititei^, nadie puede entrar ál 
■ pais d salir de él sin ini permieé »—ÍH gobierno qne 
dice esto no es un gobierno bueno; los empleados 
faltan á su deber. 

Precisamente hemos establecido el gobierno y he¬ 
mos nombrado gobernantes para que toáosnos res¬ 
peten,—todos empezando por los mismos gobernan¬ 
tes; pñes para eso se les nombra y se les paga un 
sueldo.. 

Tampoco deben los gobernantes entrar por gusto, 
por capricho ó por el deseo de hacer mal en nuestras 
Casas, ni enterarse de nuestros asuntos privados. 
Guando no cumplan ese^cleber son malos góhernantes. 

(1) Aitíttalos 135, 140 j 147 de la Gonsiátacien Oriental. 


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Sin embargo, aigunas ocasiones con razón penetran 
los gobernantes en nuestras casas, ó nos llevan pre¬ 
sos, ó rompen violentamente los sellos de nuestras 
cartas. 

Pueden y deben proceder asi cuando se ha cometido 
algún crimen, ó hay alguna revolución ú otro peligro 
y es necesario buscar á los culpables para casti¬ 
garlos; 

Estos casos son muy raros y cuando los empleados 
públicos ejecutan actos de esta clase, sin razón fun¬ 
dada, merecen severo castigo,—merecen castigo mu¬ 
cho mayor que si estos actos malos é injustos se come¬ 
tieran por otras personas. (1) 

4.—^Ya se ha visto que el gobierno garante la vida, 
la persona, la cosa de cada uno 4a nosotros; persigue 
á los criminales que nos causan daño y no puede 
llevamos presos 6 impedirnos viajar sin razón &. Pro¬ 
curemos ver si el gobierno favorece de algún otro 
modo á los hombres. 

El gobierno garante mi trabajo y asegura mi ri¬ 
queza. Sí felizmente puedo ocuparme en una profesión, 
oficio, empresa ó negocio, es porque el gobierno 
proh ibe se me baga mal y persigue á los ladrones y á 
tofiogénero de malhechores. 

Es una suerte poder trabajar en lo que me guste 
mas ó me parezca mas lucrativo. Este beneficio el 
debo al gobierno. El no puede decirme:—< Trabaje 
Vd. en este ó aquel negoció »—« Pídame permiso an- 

fl) Según nuestra Constitución y ley del 6 de Julio de 1874, 
cualquier hombre puede ser arrestado: 

I.” Por orden de los Gefes Políticos y sus comisarios cuando 
se; le sorprende cometiendo delito d cuando habiéndose cometido 
este públicaraonto hay notoriedad sobre la persona de su autor 
(delito tn/rayan<¿). 2.“ por orden escrita de cualquier Tribunal ó 
juez aunque sea teniente alcalde, habiendo denuncia de un solo 
testigo, confesión cxtrajudicial del presunto delincuente ó pre¬ 
sunciones qindioioe vehementes<;3.* Por órden del.Presidepte.en 
los. casos grayes d imprevistos de ataque exterior ó conqiocion 
interior,' ó cuando lo exija urgentísimamente el interés público, 
ó cuando lá Asamblea General ó la Comisión Permanente estandó 
aquella en receso suspenda la segpiridad individual en el caso 
estraordinario de conspiración ó traición contra la patria.' 


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— 21 — 


tes de ponerse á trabajar.» Si q^uisiera proceder de 
este modo faltaría á su deber; pues el gobierno ha sido 
creado para que cada uno haga lo que le parezca ó le 
conrenga, sin ser molestado; para impedir nos dañe¬ 
mos unos á otros, y no para mezclarse en nuestros 
actos privados. 

Cuando el gobierno cumple su obligación, yo traba¬ 
jo como quiero y en lo que quiero. Nadie me perturba. 
Abro una tienda, una botica, una confitería; compro 
un campo, lo siembro ó lo lleno de ganado; ó bien 
estudio y me hago médico, abogado, agrimensor, 
ingeniero. Asi se puede vivir con gusto, y no cuando 
el gobierno faltando á su deber me prohíbe trabajar 
libremente ó me exije que le pida aütorízacion. 

No solo el gobierno me favorece dejándome trobajar 
á mi deseo;—cuida también el producto de mi trabajo, 
cuida mis riquezas. Hay policias, hay empleados 
mios y de tódó el pueblo para impedir se me haga 
daño^ y hay otros empleados para castigar á la gente 
mala. Al que intenta robar mi propiédad, asaltar mí 
casa el gobierno le impone una pena á fin de que sien¬ 
ta temor y en adelante no vuelva á cometer delitos; al 
que tiene en su poder alguna cosa mi a, el gobierno, 
haciéndome justicia le obliga á que me la restituya 
Inmediatamente; y al que me debe alguna suma de 
dinero le obliga á ique me la pague pronto. 

Tenemos pues que el gobierno á mas de protejer 
mi vida y mi persona, asegura también mi trabajo y 
mis riquezas. (1) 

5.—Desgraciadamente el gobierno no cumple siem¬ 
pre sü deber, y, con frecuencia hace muchas cosas 
que no les son permitidas. Por ejemplo, nos prohíbe 
trabajiir^ sin motivo en alguna empresa, negocio ó 
profesión. Un hombre se presenta al gobierno y le 
dice:—< Yo solo quiero tener el derecho de fabricar 
.vidripaen el paisi » El gobierno le contesta-r^ está 
i)ieo;‘Vd. solamente fabricará vidrios; á todos los 

'(1) Art. il44,14ay*MG'de ia ■ 


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— *2 — 


«Éemafedes prohibo qne se ocupen dié ese^egodo: YfL. 
iimepnmieffio.* ¡ i- > 

Es'decir gae sí jo quiero fandar una fábrica denní-^ 
^ÚKi, DO se me ipeEmite, pero puede hacerlo nqaei 'á. 
quien se concedió el privilegio. Y ¿porqué •etíac dáie— 
rencia? No somos iguales acaso? Ah! el pñvilqgitoiea . 
una grande injusticia. 

.El>iPriválog>operjudicaátodo$;porquesi otros ^bri^ 
casen vidrios,.abundarían estos en elpais jcadp fabri¬ 
cante se-entpoñarip en vender mastque Los otros* para 
conseguirlo, trataría de vender mas baratoy de faaoer- 
ios mejoi?. Y. si muchos se dedicasen a ese.nqgocin 
paríamos comprar vidrios á bajío precio; en cambiLo 
siendo>uBO solo el negociante los vendería mas carosi, 
dicimido siempre, aunque los venda caros estaco- 
dos obligados á comprarme por ser yo el único Re¬ 
dedor.» . ,, : , . 

6.—A mas dé los beneficios que presta ün búa¿ 
gójiierno.á la gente, del pueblo manteniendo la paz y 
cuidando la vida ,y la fortuna, se pcúpa también dio 
ésiablecer pscuelas y dé aumentarla educácion,. 
verdad que si no se tratara dé impedir la ígnoraúcia 
de la gente mal podría conservarse la paz, la vida y lá 
fprtuña;,porque los hombres muy ignorantes son ícip 
que causan mas daño y éometen mas delitos. No re¬ 
flexionan sobre el mal que producen con su ignoran¬ 
cia, ni se les importa de ello. Sin saberío hacen cosas 
qtm, por perjudiciales, están prohibidas, é incomodan , 
á todo el mundo. Se enojan por cosas insignificantes, 
creyéndolas de gran importancia, jr como no com¬ 
prenden cuan feos son ciertos vicios, se entregan á 
ellos, pasan mala vida y se hacen criminales . 

' Lo peor de todo es que soñ engañados á cáda ins¬ 
tante. Muchas de las guerras que soélen haber 'entre 

pueblo se deben á esta cansa. 'Hombfes ambiciosos 
seducen á los ignorantes, diciéndoles'; eel goMerhoes 
saalísimey conviene pelear contra' él.> Los ig&ó- 
rantes engañados siguen esos toipes consejos, prcH- 
vocan guerras sangrientas, echan de su empleo á los 
buenos gobernantes, y ponen én el gobierno á esos 


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mismos que los están engañando. Estos, muy conten¬ 
tos de haber engañado al pueblo, siguen haciéndole 
creer que le gobiernan muy bien, disfrutan de su 
fortuna, hacen todo el mal posible ála gente honrada 
que condena su conducta, y son una calamidad 
general. 

Los l^aises donde 'existe mucha ignorancia llevan 
una vida desgraciada y hasta miserable. Siempre hay 
en ellos peleas y guerras. Lo? hombres á mas de 
odiarse unos á otros, viven pobres, soportando mu¬ 
chas necesidades, pues siendo muy ignorantes, no 
conocen el modo mas provechoso de trabajar y de 
aumentar la fortuna; Entonces se entregan á lahara- 
ganeria y á las malas acciones. 

ün Buen gobierno está obligado á evitar esos terri¬ 
bles males afanándose por que todos se instruyan y 
multiplicando eí número de escuelas. Y son tan raros 
los buenos gobiernos enunpais de puros ignorantes, 
tan diflcilmente se vive en paz y'se trabaja en cosas 
útiles cuando esa rgnoí'ancia es muy grande, que una 
dd lás primeras oMigaciones del gobierno consiste en 
tiacerlá desaparecer vigitando á la gente para que no 
deje de instruirse 

Htombres hay que por descuido ó torpeza no edu¬ 
can á sus hijos. Cuando estos llegan después á ser 
hombres ja no quieren estudiar. 

Son tan ignorantes que ni comprenden la utilidad 
de la instrucción. 

Corresponde, al gobierno prevenir ese peligro obli¬ 
gando á los padres descuidados que dén á sus bqos 
la instrucción néceSáriá. 

Por eso- el' gobierno debe decir: asistan á la escuela 
todos los; niñosP(l) 

(t)' Art. 9;*” En liis etndadles,Villas, pueblos-y distritos rurales, 
doán^jeixiBtfiB esauélasieKielaieiaB i Las'iiBOssiidaides de la |»dblai- 
cion, es obligatoria la enseñanza. 

Lo es también ea los cuíteles, cárceles, penitenciarias y hoa- 
picioe. 

. Art.^ 21.. El que sin causa le^al y justáficada deje decamplirle 
prescripto en el articule aatenoir, seO^ amonestado pdlt la primera 


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^ 24 — 


II 

II.—Continuación. Otras ventajas de un gobierno bueno. Cada 
uno puede tener la religión que considere mejor. Injusticias del 
gobierno cuando prohibe esto El gobierno peimite hablar en 
reuniones, escribir en libros, diarios etc; permite enseñar en las 
escuelas, universidades etc. ¿Que son nuestros derechos? ¿Qué es 
la libertad? Felicidad de un hombre libre. Deber de conservar la 
libertad. Besúmen. 

1—Sigamos observando los beneficios que se re¬ 
portan de un gobierno bueno. 

Todos los hombres tienen religión; unos son cató¬ 
licos, otros protestantes, otros judios etc. El gobierno 
bueno respeta las creencias religiosas de cada uno, 
y á nadie persigue ni castiga por esto. A ninguno le 
dice: «Tu eres protestante, tu religión es falsa, por 
eso te castigo y te prohibo hablar.» 

Deja que cada cual téngala religión que considere 
verdadera, y deja á los jhombres discutir y conven¬ 
cerse unos á otros. 

« Yo no tengo poder, debe decir el gobierno, para 
convencer á los que están en el error; yo solo podria 
obligarlos á callar, valiéndome de la fuerza; pero con 
esto no se consigue nada bueno; porque á la gente 
equivocada se la convence de su error discutiendo con 
ella, y no obligándola á callar. » 

Ningún hombre sensato debe decir al gobierno: «Mi 
religión es la verdadera, los que no piensan como yo 
están equivocados, obligúelos Vd. á que piensen como 
yo. » Puede ser que quien esté realmente equivocado 
sea el que pide semejante cosa al gobierno. 

Todos los hombres nos podemos equivocar á cada 
paso, y nos equivocamos fácilmente. Para saber quien 

Tez, y en caso de reincidencia pagará una multa de doce' vesos 
por cada alumno la segunda vez, y veinticuatro por la tercera, 
destinándose estas multas exclusivamente al sostenimiento de la. 
Escuela líd^mal. (Decreto de 24 de Agosto de 1877). 


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--25 — 

«stá dQvúvocado, y quien dice la verdad, ed único me¬ 
dio eailadiscuaion* ; : 

Muchas veces todo el pueblo está -mx el error y un 
solo hombre piensa bien. > 

Cuando algún hombre opina de distinto modo que 
yo, le Úejo hablar, le- escucho con atención y observo 
después cual dé los dOs tiene razón, si él ó yo. A cada 
instante me parece que lo que yo digo es verdad, y 
mas tarde, cambio de .Opinión, porque otros hombres 
me convencen. i 

Por eso es preciso respetar la religion de los demás, 
aunque sea distinta de la nuestra, y por eso el gobier¬ 
no nos asegura un .gran bien dejando que cada uno de 
nosotros tenga una religión, la enseñe á otros, y dis¬ 
cuta libremente sobre cual es mejor de todas las re¬ 
ligiones. 

2.—Pero el gobierno es muy injusto algunas oca¬ 
siones; suele decir:T-Solo permito que se enseñe en 
el país la religión católica, 6 la protestante, ó la judia 
etc, No quiero que ios protestantes tengan un templo, 
donde orar, ó los judies una sinagoga, d ios católicos 
una iglesia. > 

El gobierno nunca debe decir tal cosa, porque per¬ 
judica injustamente á todos aquellos á quienes les 
prohíbe el ejercicio de su religión. 

- Todos somos capaces de equivocarnos.. Quien sabe 
si nuestra religión es verdadera. Quien sabe si el go¬ 
bierno está engañado^ permite una religión falsa 
prohibiendo la verdadera religión. 

Muchas son las religiones del mundo, y todas ellas 
tienen en su favor millones de hombres. 

Los chinos pertenecen á una religión llamada bu¬ 
dista, los ingleses son protestantes, los árabes y los 
turcos mahometanos, la mayor parte de los españoles 
de ios argentinos, de los chilenos, de los orientales 
son católicos. 

Quienes tendrán razón? Los chinos dicen que la 
mejor religión es la de Budda, los árabes dicen que la 
de Mahoma, los ingleses consideran mejor la protes¬ 
tante y los españoles la católica. 


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>Lo» otfldtioíáB nada oodsei^tflrian.'^ 
dijese á los protestantes:—< Vds. ndp«édeil'bdh4ar»> 
p«ir(|iue'dO' me>i9aai9i9 no los iban á' doovnn'oerodejsus 
errores; para convencerlos set$a |)(ni^8biciueild3ik»tidi>> 
Meos<dijesenjá! k» prolesCatitiefij '^'á lósi fadiíos, ])r:á'los 
bodistns^.*; <^eiígm i >dlídddíi>r'’boii'nosotros» jr les. 
vasioá á ptobsr non raaones, scn^alsás las ceeAn- 

cfiaaTteM^osas'deVds:.»’ 1 i ' ■ ' ■ ' - 

’Pééo «i ea vea de hacer este>dioe^4<yS'ca1idlin(>a4 
los protestantes, por ejemplo: < Cállense la lyoca, «o 
penemos'(pie hablen, > estos seguirán siobldo 

protéstantes-y dirán:«’Los catdKóoa' tienen miedo do 
disentir oon nn8eátns;:tííeBiéiK'ni^dodé <)ne ies-prodm- 
moa la Msedad desu^elvgi^mv Boef'injnstOs^'nO'nos 
permiten haMar^ y da «gente'hri’tadá'por'esta-injusticia 
preferirá la religión protestante ála cat lica.'- o 
B1 gobierae hace pues nn granhieír no intervinien¬ 
do en nuestros asuntos letigiosos. - 

3.-*-A ias'ii^Sticins de que'bemes hábladd; 
suele'agtugur^odpás ^ gobierno; buando oblign> por 
ejemplo, á dos^protastaaitos^ que paguen Un suéliáis 4 
los sacerdotes católicos y costeen los gctstosde' Su 
igleBra';td vioe>^versa, cunúdo obligué loseatéléceé á 
que paguen les géStos ocasionados pordáiglesia pbn- 
teslante. «¿Porqué'hentos de pagar,*pppg^otarán>«oa 
justicíalos catdíieoB/les gastos «de urra reUginndfis- 
tínte de lu BUbstréS >« •< DÑéjeanos <en .paz; d^ennos 
atender á uuesftra rdligion come podatuoS, y'^ds* 
protestantes hagan eftfo tanto; p»^o'110410 pida vtel au¬ 
xilie del'gobierneen bslaseosasiSégrádes. >' - 

El gobierno «o dedio quitarles dinero éües cátdiiices 
paradárselló á^os'protestantes; rti'debe qaitaiftesqsáu- 
peco dinero á losprotestmrtes,étos judíos 'etc. para 
regaláns'^o 4 iés catódicos. < ' 

Per consiguiente, un gobierno ‘bneuo no se metdu 
en cuestiones religiosas; deja que los hombros pien¬ 
sen Como quieran, y soío se ocupa de'iaantener la 
paz'untre ¿lk»i • , ! 

(1) Alt. 5.0 De la Constitución y ley del '3 de Julio %e 183Ó. 




^u^Pero siíiinhueS'gobiemo no se meátüa'eaiiites- 
teatSiiGüestioiMs.reH^osás, tampoco .se entremata eu 
luiestrns conversaeioneS'y disctftsiones de palabra; 6 
por. esccitiOy ea los libaos y en' los diarios, 
i Sl gobiernio se límáta á deeírr « yo' kfs defiemdo it 
VdB.; prohíbo qne se les perjiiiidiqae; eastifo áta gente 
dadihay que no quiera dejar ái ¥ds. vivir en paa>. tsa- 
hajar» enriquecerse, estudiar, educarse etc.; pero 
hasta ahí llega, mi protección únicamente;, pi^r lo cBe'- 
más, viva y ^trabaje cada uno como .pueda, y nadie me 
pida á, mí trabajo, ni medios de vivir, parque no estoy 
oblig^o á haper estas , cosas; porque solo puedo y 
debo cuidarles la vida, á fin de que Vfis. se busquen 
lós* jjaedibs de vivir y de llevar una existencia féfíz. > 
bada úno dé; nosotros debe procurar educarse;— 
áprénder muchas cosas útiles;, y educar si es’ posi- 
bre, á ios demás. ^ , 

Como el mejor medio de saber la verdad de ciértas 
cosas, cuando'todos QO están conformes, es la diseu- 
sioú, dei)'étii(>S discutir hasta quedar unos ú otrOs 
cbaVettcido's; debemos además enseñar lo sepa- 
Aos; débemos también escnbir, cuando se nos ocurra 
alguna idea buena, alguna cosa útil. 

Bi gobierno, que ha sido establecido para «oestroí 
bien, nOs causa, pues, otro gran beneficio dejándonos’ 
MlMar, discutiV; escribir; dejándúnos’ enseñar y 
aprender, en todas partes; en las escüélas; en las uni¬ 
versidades, en' las asúolaciones literarias, en las hi- 
btioteoasiyeá 4(98 diarios, (i). 

<6i-**-Tantoi aeeesitaiÉos los hombres ©ducamos, 
tanto aseesitamos hablar, discutir, leer; enseñar, es¬ 
cribir en diariosió libros, reunimos'para esto» ^e- 
tos,:qjuerd> gobierno falta á uno de sus princápales 
deberes:y ejeouta ún acto altamente injusto, cuando 
nos prohíbe publicar algún diario ú libró; cuand^ti na 
nos; (toja hablar ni reunimos; cuando nó nos pemtíte 
fimdar esouelás, universidades, 0 cuando no nos per- 
mit® enseñar aqúellOs textos quenos'parecen hoeaos; 

(1) Art. 141 de la Constitución y ley dol 3 dé Julio de 1829. 


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— 28 — 

Para justificar estas injusticias, el gobierno acos¬ 
tumbra decir: < Prohibo la publicación de tales libros 
ó tales diarios, porque en ellos no está escrita la ver¬ 
dad, sino la mentira, no les consiento á Yds. hablar 
ni reunirse, porque Yds. dicen cosas que no son 
exactas; no quiero que funden escuelas ó universida¬ 
des, porque no saben enseñar; ó no quiero que elijan 
textos á su antojo, porque esos textos no servirán, pues 
solo son buenos los que yo mismo elijo. » 

Nadie le ba dado esa facultad al gobierno. 

El gobierno no es nuestro padre, ni nuestro maes¬ 
tro de escuela para que nos enseñe ó nos baga callar. 

Quiénes componen el gobierno ? Personas elejidas 
por nosotros mismos para que nos libren del daño 
que puedan causarnos hombres de mala fé, de cora¬ 
zón perverso; daño que cada uno de nosotros no ten¬ 
dría por sí solo los medios y la fuerza de evitar. 

Por lo demás esos empleados no son superiores á 
nosotros, ni saben mas que nosotros. Conforme nos 
equivocamos á cada paso, se equivocan ellos también. 

No tienen, por consiguiente, los gobernantes razón 
ni derecho para prohibirnos hablar, escribir, enseñar 
etc.; porque ellos no son los únicos que pueden saber 
la verdad, y porque el error no se destruye con órde¬ 
nes de los empleados públicos, sino con razones que 
dá la gente sensata, cuando habla ó cuando escribe. 

6.—Ya se ha visto cuales son los beneficios de un 
verdadero gobierno. Podemos vivir, trabajar, viíijar, 
escribir, enseñar, reunimos con otros, y hacer en fin, 
todo cuanto nos parezca bueno, miéntras no causemos 
mal á los demás hombres, miéntras no estorbemos á 
ellos que hagan como nosotros lo que quieran. (1). 

Todo eso que un hombre puede hacer miéntras no 
perjudica á otros es su derecho. 

Así, es un derecho del hombre trabajar y disponer 
de su riqueza como se le antoje; es un derecho tener 
religión, ir á la iglesia, decir en todas partes que su 

(1) Art. 134 de la Constitución. 


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— 29 — 

religión es la mejor, es un derecho enseñarla; es un 
derecho hablar, escribir etc. 

Pero si es un derecho dedicarse á cualquier profe¬ 
sión, no lo es dedicarse al robo; porque se daña á la 
persona robada; y si es un derecho hablar, escribir, 
discutir, no lo es insultar, porque se causa mucho mal 
á la persona insultada. 

1 .—La reunión de todos ntiestros derechos, recibe 
el nombre de libertad. 

La libertad es, como se vé, el conjunto de todos los 
beneñcios que el gobierno nos ofrece. 

Qué felicidad tan grande la de un hombre librel 
Vive tranquilo: su persona y su casa son igualmente 
respetadas: viaja por donde quiere, ^n dar á nadie 
cuenta de sus actos: profesa una religión y adora á su 
Dios como le parece: habla, escribe, enseña á los de¬ 
más lo que ha aprendido; trabaja sin ser perturbado 
en sus ocupaciones; y como sabe que nadie le quitará 
sus riquezas, se esfuerza por aumentarlas, para pro¬ 
porcionarse con ellas comodidades y placeres: no ne¬ 
cesita robar á la gente honrada) para vivir, pues el 
producto de su trabajo le basta: es hombre honrado, 
sabe cuanto cuesta adquirir fortuna y respeta la ri¬ 
queza agena; se educa, se ilustra, porque haciéndose 
rico le sobra tiempo para dedicarse al estudio. 

Hé aquí las consecuencias de un gobierno bueno; 
aseguranuestralibertad, y siendo libres, somos tra¬ 
bajadores, ricos, virtuosos é ilustrados; al paso que 
cuando el gobierno es malo, y nos quita esa libertad, 
somos pobres, ociosos, degradados é ignorantes. 

8.—^Nadie puede quitarnos esa libertad: es un don 
recibido de Dios como la vida. Los empleados del 
pueblo, encargados del gobierno, están obligados á 
cuidarla y respetarla; se les nombra y se les paga 
para que presten exclusivamente ese servicio. 

En cuanto al resto de los hombres, en cuanto á cada 
uno de nosotros, nuestro deber primero es conservar 
' y defender la libertad, como se conserva y se defiende 
la vida. El que no cumple este sagrado deber y no se 
afana por vivir enteramente libre, es un ser desgra- 


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-r- 30 — 


f 

ciado> q.tte ireb^ si|i coadício/i, igualándose á los de*- 
más animales, y es un hija indigne de Dios. 

resúiuen: existe el ^bienio parnim^edir que nos 
dañemos unos á otros quitándonos nuestros derech<M, 
es decir,, el deredio do vivir^ de trabs^r, do guardan 
niueetras riquezas, de disponer de ellas, de dislatar- 
las, el derecho de profesar una religión, de enseñarla, 
do enseñar otras cosas, de hablar, ^ escribir etc^ etc., 
pues el gobierno nos ofrece estos benoficios, qoc; son 
derechos nmstrqs^ y qvie ixiáos reunidos constituyen 
nuestra libertad. 



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-3i — 


' ■ i i.’) • ■ 

, ÍII 

m.—L o 3 goberBaates «©n sipplea ^eaa|>ieadoe^ <íwOí loajíe- 
pendíentes de una casa de Bejg^ooio. El pueblo los eli¿e; Ies señala 
BUS deberes en una constitución. ,La sóberania. Deber dp ponser- 
i^la. Peligras de perdería. ' 

1.—Cuando un negociante enoaxga á an dq^diente 
^ 6 apiOderado el man^ode ciexios negoeioe y le paga 

un aueldo por sue nerriciios, nunca deja bac^ á ^te 
cuanto se le antoja* al .centraifioi, le dd algnana iaa- 
Uncdionos y le eeñala sus deberes. 

, H^ro tanto bace el pueblo con sus gobernantes ó 
tnandaíarios’.’y-üLn obligación do mis empleador 
dice» consiste en garantir la yida, la fortuna, la láber- 
• tad^ todos los hombres. <1) 

4 Quiero, agrega, que ciertos. empleados dicten 
ieai^í es decir, ordenes eseriitas, en las cuales se enn- 
moran las cosas que debom<*3 ó podemos hacer, y las 
Oitras obligaciones do los empleados públicos,> 

« Quiero también, qne otros emipleaidos me bagan 
conocer esas leyes y velen por su cumplimiento.:^ 

4 Quiem, además, que empleados disantos, tengas 
por Obligación administrar Justicia, resolviendo las 
disputas entre los hombres y casjtigando á loornimi- 
nales.» 

' 4 .Quiero que cada uno de mis, emploadios paca cum¬ 

plir mas acertadamente sus.deberes, escuche siempre 
los consejos, advertencias á pedidos <que les baga 
cualquiera pers^ ina, y después,de cucharla proceda 
como le parezca, concediendo lo que se le pide si es 
algo bueno y justo, ó negándose ¿ conceder esos pe^ 
didos en caso contrario. > ^) 

4 ^Quiero, en dn, que misgobemantes duren en sns 

(1) El art. 130 de la Constitución Oriental impone al gobierno 

la obligación do protejer á cada habitante del país, en el goce de 
su vida, honor, libertad, segucidaid y propiedad. ’ ■ 

(2) Art. 142 de la Constitución Qriratal. 


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— 32 ~ 

ocupaciones, dos, ó tres ó cuatro años,» según le 
parezca mejor. 

Todas estas y otras muchas obligaciones impone el 
pueblo á sus gobernantes; y el libro donde se hallan 
escritas, es decir, donde está espresada su voluntad, 
sobre el modo y forma como quiere ser gobernado, 
recibe el nombre de (7 o«síiYmcio». 

2—El derecho del pueblo para gobernarse á sí 
mismo, dándose una constitución y nombrando á sus 
empleados, se llama soberanía. (1) 

Nadie tiene facultad de quitar al pueblo su sobera¬ 
nía, como nadie está facultado para quitar á un hom¬ 
bre la dirección de sus negocios. 

Gobernándose á sí mismo el pueblo, por medio dé 
sus empleados, dirije sus propios negocios como 
cualquier comerciante; con esta diferencia: los nego¬ 
cios del comerciante consisten en comprar y vender 
toda clase de objetos; en trabajar con el fin de aumen¬ 
tar sus riquezas;—los negocios del pueblo, que están 
á cargo del gobierno, consisten en cuidar esas rique¬ 
zas; en dejar que tanto el comerciante, como los de¬ 
más hombres, trabajen libremente; en conservar la 
paz; en garantir la libertad y la vida. 

Un comerciante puede decir: «Estas riquezas me , 
pertenecen, este negocio es mió; yo solo tengo dere¬ 
cho de manejarle, ó, yo solo tengo derecho de elejir á 
los que le han de manejar. > 

Lo mismo dice el pueblo: « Esta vida, estas rique¬ 
zas, esta libertad son mias; yo solo tengo derecho de 
cuidarlas; yo solo tengo derecho de gobernarme, de 
dirigir mis propios negocios, de nombrar á mis em¬ 
pleados, de decirles como me han de gobernar. » 

3.—Debe amar el pueblo su soberanía, de la misma 
manera que el hombre ama sus derechos; y nunca debe 
dejarse mandar por un gobierno extranjero; pues 
cuando así sucede, cuando un estraño se mezcla en los 
asuntos del pueblo, este pierde su independencia.» (2) 

*1) Art. 4 do la Constitución Oriental. 

[2} Artica los 2 y 3 de la Constitución. 


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— 33 — 

Nada es tan triste para el pueblo como cuando un 
gobierno extranjero le dice: « tu no eres dueño de 
dirigir tus negocios, no eres dueño de gobernarte á tu 
antojo; no eres soberano. Yo solo mando aquí; estás 
obligado á obedecerme. > 

Cuando el pueblo no tiene derecho de dictar su 
constitución; cuando son los gobernantes de un país 
extranjero quienes le mandan,—nunca es gobernado 
bien; porque esos hombres estraños no aman al pue¬ 
blo, no se preocupan de su felicidad, no cuidan los 
derechos de los hombres: su interés y su ambición los 
convierte en amos del pueblo, en vez de ser simples 
empleados; se apoderan de las, riquezas que han ga¬ 
nado los hombres á costa de trabajo; les quitan sus 
derechos, no les hacen justicia; y les causan en fin, 
toda clase de males, porque se apoyan en la fuerza, y 
porque el pueblo no les puede pedir cuenta de sus 
actos. 

Es por consiguiente vergonzoso para el pueblo, 
dqjarse gobernar por las naciones extranjeras, porque 
pierde su independencia, pierde sus derechos y se 
hace esclavo. Jamás debe tolerar que un gobierno ex¬ 
tranjero se mezcle en sus negocios; pues solo tienen 
esta facultad, los empleados á quienes él mismo ha 
confiado ese encargo. < 

4.—Se vé, pues, que la soberanía, el derecho de 
dirigirlos negocios públicos, corresponde exclusi¬ 
vamente al pueblo, y se vé además que éste, no solo 
tiene el derecho de gobernarse, sino también la obli¬ 
gación de hacerlo; porque es la única manera de con¬ 
servarse libre; y porque la conservación de la libertad 
es un deber de todos los hombres. 


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34 


IV ' 

IV.—Quiénes toman parte en la formación del gobierno. 
A quiénes se les prohíbe contribuir al nombramiento de emplea- 
dos públicos. Los niños, los criminales, ébrios, dementes, extran- 
(eros recien llegados etc. Otras prohibiciones injustas. Quienes 
son ciudadanos. Besúmen. 

“ 1—Al pueblo, lo hemos dicho, corresponde el dere¬ 
cho de formar su gobierno; y ese pueblo se compone 
de todos los habitantes de un mismo t^ritorio. 

Veamos ahora, si todos esos habitantes pueden y 
deben tomar parte en el ejercicio de la soberanía^ en 
la formación del gobierno—eligiendo á ios empleados 
públicos ó siendo elegidos, dictando la constitución, 
las leyes, y ejerciendo las demás funciones del 
gobierno. 

En el pueblo hay niños y viejos, virtuosos y llenos 
de vicios; honrados y criminales; nacidos en el país y 
extranjeros; locos y juiciosos etc. 

I Entre toda esa gente hay mucha incapaz, no solo do 
dictar constitución y leyes, sino también incapaz de 
elegir buenos empleados y de comprender el bien del 
pueblo. 

Tales son los niños, los criminales; los borrachos, 
los extranjeros recien llegados, los dementes y 
otros. Esas personas no deben tener derecho de elegir 
gobernantes, ni de ser elegidas; porque léjos de hacer 
bien ai pueblo, le causarían grave daño, eligiendo 
malísimos empleados, ó desempeñando muy mal los 
puestos públicos, en caso de resultar nombrados. 

2.—Un niño y un borracho, lo mismo que un loco, 
carecen del juicio suficiente para conocer el bien de 
ellos mismos; tampoco conocen el bien del.pueblo, é 
ignoran ademas, cuales son las personas pías honra¬ 
das, mas inteligentes, y capaces de ser éíegidas go¬ 
bernantes. 

Pero si los niños, los dementes y los ébrios no saben 


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^ 35 ^ 

«legir buenos empleados,—menos saben ó pueden 
desempeñarlas funciones de gobernantes. Por eso 
se les prohíbe nombrar, y se impide que sean nombra¬ 
dos funcionarios públicos. 

3.—También se priva del derecho de tomar parte en 
la formación del gobierno á los criminales encerrados 
en la cárceles, ó escapados de ellas, condenados k 
sufrir otras penas: porque aun cuando pudieran apre¬ 
ciar el mérito de las personas dignas de ocupar em¬ 
pleos públicos, nunca tratarían de elegirlas; pues 
siendo hombres malvados, intentarían elegir gober¬ 
nantes tan malvados como ellos, á fln de que los deja¬ 
sen cometer libremente nuevos crímenes. 

« A nosotros nos conviene que haya picaros en el 
gobierno, dirán los criminales; porque no nos han de 
perseguir; al contrario nos auxiliaremos talvez y se¬ 
rán nuestros mejores amigos.» 

Conóciendo el pueblo el peligro de todo esto, ha 
dicho:—<No quiero que los criminales elijan 6 sean 
elejidos gobernantes míos.» 

. 4.—^Respecto de los extranjeros debe decir el pue¬ 
blo en su constitución: 

Los estrangeros recien llegados al pais no podran 
elejir gobernantes ifi formar parte del gobierno; por 
que no conocen mis negocios, ni tienen mucho interés 
en gobernarme bien, ni me profesan mucho cariño, 
puesto que son completamente estraños; pero si pien¬ 
san permanecer en el pais, trabajar en él, tener fami¬ 
lia;—entonces tendrán derecho de ocupar empleos 
y de designar á los empleados públicos. * 

El pueblo tiene razón. Llega, por ejemplo, cierto 
día á nuestro puerto un buque lleno de ingleses, fran¬ 
ceses, italianos, alemanes, &. y casualmente ese mis¬ 
mo dia el pueblo está reunido nombrando á los em¬ 
pleados que hacen leyes, á sus representantes y sena¬ 
dores. Si esos estraiyeros dijesen: « Nosotros también 
queremos elegir representantes,» el pueblo les res¬ 
pondería perfectamente: < Ustedes no deben entrome¬ 
terse en mis negocios; á Yds. nada les importa que 
mis empleados gobiernen mal ó bien; por consiguiente 


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no les corresponde elegirlos, ni les debo consentir 
emejante cosa.» 

Pero supongamos que esos extrangeros ingleses ó 
franceses &, esten viviendo en el pais desde largo 
tiempo; supongamos que tres ó cuatro años antes de 
esos nombramientos llegaron al pais y están traba¬ 
jando, guardando riquezas; supongamos que hayan, 
puesto tiendas, almacenes ú otras casas de negocio, 
que se hayan casado, y tengan familia, hijos naci¬ 
dos en el pais &:—cuando llegue el momento de 
elegir gobernantes dirán: «Nosotros también tene¬ 
mos derecho de elegir á las personas de nuestra con¬ 
fianza para que ocupen los puestos públicos, pues, 
como todos, estamos interesados en la existencia de 
un buen gobierno. Trabajamos, hemos adquirido 
riquezas, somos hombres libres, y necesitamos gober¬ 
nantes que cuiden nuestra vida, nuestras riquezas, 
nuestro trabajo, nuestra religión, nuestra libertad 
completa. » 

Él pueblo no tendrá derecho de decirles « Ustedes 
no deben participar del gobierno, porque son france¬ 
ses 6 italianos;» pues estos les contestarían: » aun¬ 
que hayamos nacido en Francia ó en Italia, somos 
hombres, y como todos Vds. tenemos iguales dere¬ 
chos; como todos Vds. somos parte del pueblo; como 
todos Vds. contribuimos á pagará los empleados, y 
como Vds. en fin, nos interesamos en que haya buen 
gobierno .» 

Estas razones debe tener en cuenta el pueblo para 
dejar á los estranjeros que, usando de su derecho, 
elijan ó sean elejidos gobernantes. 

5.—Las personas que tienen derecho de nombran 
empleados públicos, ó pueden ser nombrados, se 
llaman ciudadanos. 

Es costumbre, quitar la calidad de ciudadanos á 
ciertas personas, sin razón alguna. Dice el pueblo: 
« Los peones, sirvientes, y demas gente muy pobre no 
son ciudadanos, ó lo que es lo mismo, no pueden 
contribuir al nombramiento de sus gobernantes; ni 


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— 37 — 

tampoco pueden ser nombrados. «Esto es una grande 
injusticia. 

Los pobres tienen tanto interes como los ricos en 
qu^ sean buenos los gobiernos, para vivir y trabajar 
cómodamente. A veces están mas interesados los 
pobres que los ricos en la existencia de gobiernos ^ 
buenos. Un ricoj si el gobierno es malo y no deja 
trabajar, no se muere de hambre, ni sufre los dolores 
de la miseria; porque con sus riquezas se proporciona 
comodidades; pero los pobres, si carecen de trabajo,, 
se hallan espuestos Aperecer de hambre, ó viven mi¬ 
serablemente. 

Por otra parte, hay pobres tan inteligentes, tan 
ilustrados como los ricos, y por consiguiente, tan ca- , 
paces como estos de elegir buenos gobernantes y de 
cumplir bien las obligaciones de tales, si se les desig¬ 
nara para desempeñar esos empleos. 

No solamente hay pobres en el pueblo, de tanta 
ilustración como los ricos, sino que, ademas, los hay 
tan honrados como estos, y muchas veces, mas hon¬ 
rados que los mismos ricos; pues las grandes rique¬ 
zas se adquieren, en ciertas ocasiones, por medios 
inmorales. 

El pueblo no debe exijir á los hombres, que sean 
ricos, para darle; la calidad de cuidadanos. 

‘ 6.—De lo dicho resulta: que todos los hombres del 

pueblo deben tomar participación en los negocios 
públicos; en la formación del gobierno, en el nombra¬ 
miento de los empleados; porque esos negocios pú¬ 
blicos pertenecen á todos los hombres del pais; á todos- 
interesa del mismo modo, que ios gobernantes cum¬ 
plan sus deberes y cuiden la vida, las riquezas y los 
derechos de ellos mismos. 

Todos deben ser ciudadanos; esceptuando solamen¬ 
te, á los incapaces de cumplir las obligaciones que 
esa calidad exige á un hombre; es decir, exceptuán¬ 
dose á los que no saben elejir buenos empleados, ó 
á los que por su conducta indigna no lo harian. 

En el número de la gente ú quien se priva de la cali¬ 
dad do ciudadanos, se cuentan los niños, les ebrios. 


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los ciimiiiales, los dementes y los estrangeros reeien 
llegados; pero no los pobres, como se ha hecho tantas 
Teces iii^tamente. (1) 

P) Art. 6, hasta el art. 12 inclnsiye de la Conatitaeíoii Oñen* 
tal. 


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V 

V.—Moralidad de los gobernantes. Males que ocasiona al pue¬ 
blo un gobierno inmoral. Peligran la fortuna, la vida, los dere¬ 
chos de todos. Arbitrariedades. Fidelidad de los gobernantes. 
Hesúmen. 

1.—Existiendo el gobierno para conservar la vida, 
la fortuna y los demás derechds de los hombres, es 
de todo punto necesario tener gobernantes de honradez 
probada y de bastante ilustración. 

Los hombres que en su vida privada se distinguen 
por su mala conducta y dirijen mal sus utígoclúb, no 
serán por cierto, buenos gobernantes; manejarán pé¬ 
simamente los negocios públicos, como sucede con 
los suyos propios. 

Un ejemplo: Hay, ya lo hemos dicho, ciertos em¬ 
pleados del pueblo, llamados representantes y sena¬ 
dores, cuya misión es dictar leyes. Entre esas leyes 
se cuentan las que determinan la cantidad de dinero, 
conque están obligados á contribuir anualmente todos 
los hombres del pueblo, para atender á los gastos del 
gobierno, coiho pagar el sueldo á los empleados, etc. 

Ahora bien, si el representante á quien se confia el 
encargo de hacer leyes, es un hombre tramposo, que 
nunca paga á sus acreedores; si la fortuna que posee, 
no la ganó con un trabajo decente y honrado; si no 
sabe respetar la riqueza ó la propiedad agena,—fese 
Hombre de tan mala conducta, cuando se trate de dic- 
^ tar la ley por la cual se fije el dinero que debe pagar 
el pueblo todos los años, querrá siempre, que el po¬ 
bre pueblo pague mucho, pero muchísimo dinero; 
porque ese representante, como nunca ha ganado su 
fortuna trabajando, no puede comprender cuanto 
cuesta ganar el dinero honradamente. 

Otro tanto sucede con los gobernantes cuya obliga¬ 
ción es ejecutar las leyes. A estos pertenece la facul- 


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— 40 — 

tad de recojer los dineros que el pueblo paga; y si no 
hay én ellos bastante honradez, se quedarán con esos 
dineros, sin dar cuenta á su verdadero dueño, al 
pueblo. 

Lo mismo, en fin, puede decirse de aquellos em¬ 
pleados que administran justicia. No siendo hombres 
honrados y justos ¡qué justicia podrán administrar? 

Es, por lo ¡tanto, condición indispensable de todo 
empleado publico, que haya demostrado siempre mo¬ 
ralidad en sus negocios, honradez en su vida privada.' 

2. —Cuando los gobernantes son hombres inmora¬ 
les y gastan en su propio provecho los dineros del 
pueblo, se igualan á los demás bandidos que asaltan 
las casas de noche para robar. Son mas peligrosos y 
mas temibles, muchas veces, que estos últimos; cau¬ 
san mayores daños. 

Un ladrón roba á un solo individuo el poco dinero 
ó el reloj que lleva por casualidad en los bolsillosf 
pero los gobernantes inmorales roban á todos los ha¬ 
bitantes del país, á todo el pueblo, las inmensas su¬ 
mas de dinero que este les entrega para emplearlas 
exclusivamente en su propio bien. 

3. —Mas, no solo peligran nuestras riquezas, cuan¬ 
do los empleados públicos son malos; también están 
amenazados todos nuestros derechos. Si son hombre» 
de mal génio, acostumbrados á proceder guiados por 
Sus ódios y demás pasiones, pueden insultamos, 
oprimirnos, maltratarnos; pueden quitarnos la vida, 
en vez de conservarla; impedirnos trabajar, en vez 
de dejarnos libres; prohibir la manifestación de nues- 
.tras creencias religiosas, prohibir que nos reunamos; 
penetrar, sin motivo y contra nuestra voluntad, en 
nuestra casa, cometiendo todo género de arhitrarie- > 
dadesy es decir, violando caprichosamente las leyes 
y atacando nuestros derechos. 

Estos males es preciso precaver, eligiendo gober- i 
nantes que por su fidelidad merezcan la confianza del , 
pueblo. 

Qué diríamos nosotros al ver á cierto dependiente 
■que dijese á su patrón:—«Aun cuando recibo de Vd. 


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un sueldo, y estoy obligado á servirle y respetarle*^ 
he de hácer cuanto se me antoje, sin obedecer sus 
órdenes, y he de obligar á Yd. á que obedezca las 
mias». 

Lo mismo que ese dependiente con su patrón, hacen 
los empleados públicos con el pueblo, cuando violan 
la Constitución y las leyes, y cuando atacan los dere¬ 
chos de los hombres. 

Por eso el pueblo debe siempre afanarse por encon* 
trar gobernantes que sean fieles á su palabra, fieles 
á sus compromisos; debe buscar hombres que estén 
acostumbrados á cumplir lo que dicen y á obedecer 
las leyes. 


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- 42 — 


VI 


VI.—Convemoncia de leer los diarios, para estar al corriente 
délos negocios públicos. Reservas con que deben leerse. Inde¬ 
pendencia de los ciudadanos. Cómo se pierde. Efectos de la ig¬ 
norancia y de las malas pasiones. Resúmen. 


1. —Muchos hombres hablan continuamente de sus ' 
virtudes, de su respeto á las leye§, de su amor al pue¬ 
blo, y sin embargo, no son virtuosos, ni respetan esas 
leyes, ni aman al pueblo. 

Contra esa clase de gente el pueblo necesita pre¬ 
caverse cuando llega el momento de nombrar gober¬ 
nantes. Sinó conoce la conducta de las personas que 
aspiran á ocupar empleos en el gobierno, se espone 
á ser engañado y á elejir muy malos gobernantes. 

Para conocer bien la conducta de las personas á 
quienes piensa encargar del gobierno, es convenien¬ 
te que el pueblo lea los diarios; ellos le ponen al cor¬ 
riente de todo cuanto se relaciona con el gobierno; 
y le avisan cuando falta á sus deberes algún gober¬ 
nante; le hacen conocerla conducta de aquellos ciuda¬ 
danos que quiéren ser elejidos empleados de.l pueblo; ' 
le dicen, cuando llega el caso,—«este hombre es bue¬ 
no; aquel otro no sirve para tal empleo para ser re¬ 
presentante, por ejemplo: otra vez tuvo ese empleo 
y se portó muy mal; le gusta dictar leyes contrarias 
al bien del pueblo,—cree, por ejemplo, que no se de¬ 
be dejar escribir por los diarios;—cree, que no debe 
permitirse áningún hombre cobrarlo que quiera por 
su trabajo, etc., etc. 

2. —Hay ciudadanos que nunca leen los diarios, 
ni les importa de cuanto en ellos se dice. Esto es un 
mal; porque después con frecuencia son engañados, 
y es indigno de un hombre dejarse engañar á cada 
in stante y por su propia culpa. 

Hay otros ciudadanos que hacen siempre todo 


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cuanto senconscga en los diarios. También esto es un 
mal. Los diarios no dicen siempre la verdad, insul¬ 
tan á veceS^ sin razones, á personas respetcÁles, jr 
engañan al pueblo, atribuyendo vicios y defectos á 
ciertas personas honradas. Nunca debe olvidarse 
que un diario es escrito por dos ó tres personas cuando 
mas, espuestas á sufrir equivocaciones, y capaces de 
dar muy malos consejos al pueblo, por error ó por 
maldad. 

8.—El conocimiento de los hombres y de ios nego¬ 
cios públicos, facilita la independencia del ciudadano. 

Un ciudadano es independiente, cuando no le do¬ 
minan ni le engañan ohros; cuando al hacer una cosa^ 
dice,—«hago esto porque me parece bien; admito 
consejos, pero no obdezco las ordenes de otros;» y 
cuando al tiempo de elejir gobernantes, piensa y re¬ 
flexiona y se convence de que las personas á quienes 
procura elejir, son las mas honradas y capaces de 
desempeñar bien las obligaciones del empleo. 

Es una gran virtud en el ciudadano la independen¬ 
cia de carácter; así Como es el peor, quizá de sus 
defectos carecer de ella, haciendo cuanto le dicen 
otros y sin saber porque. 

4.—La independencia de carácter se pierde por la 
ignorancia. Todo hombre ignorante, cuando no sabe 
hacer una cosa, se vd obligado á seguir los consejos 
de otro. Si busca por consejero á una persona intere¬ 
sada en causarle mal, sufre mucho las consecuencias 
de su ignorancia; recibe malos consejos, y los sigue 
sin saber que le son perjudiciales. 

Esto les pasa continuamente á los ciudadanos igno¬ 
rantes. Guando quieren elejir k un empleado público 
6 tomar otra resolución relativa al gobierno buscan 
á un hombre inteligente y algo astuto, y le preguntan 
k quien deben nombrar; que cosa deben hacer. Eso 
hombre les dá su consejo, el cual puede ser bueno d 
malo; pero los ignorantes no lo saben; y acostumbrán¬ 
dose á seguir los consejos de ese hombre, los conse¬ 
jos se convierten en órdenes. Al ver un hombre que 
muchos ciudadanos, una gran parte del pueblo, le 


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_ 44 — 


obedecen, se cree superior á todos, se llena de ambi¬ 
ción, y es tan temible como cualquier gobernante 
poderoso. Hace lo que se le dá la gana, en peijuicio 
del pueblo, si quiere, y él es el único que manda; el 
resto de los ciudadanos está sujeto á sus caprichos. 
Es como un amo del pueblo. 

5.—El odio es también una causa por la cual sue¬ 
len perder su independencia muchos ciudadanos. 
Movidos por la rabia, llegan á decir algunas ocasio¬ 
nes:—«hagamos todo el mal posible á nuestros con¬ 
trarios, á los ciudadanos que no piensan como nos¬ 
otros. Sí entre ellos hay hombres honrados, llené¬ 
mosles de insultos diciéndoles que son unos picaros, 
etc.; si pretenden hacer alguna cosa buena para el 
pueblo, empeñemosnos en que les salga mal.» 

Casi nunca dirán públicamente todo esto los ciu¬ 
dadanos malos; pero 6 lo dirán en secreto ó lo harán 
sin decirlo. El ciudadano que por ódio 6 capricho 
trabaja dor elegir empleado público á una persona 
cuyos vicios conoce, es culpable de los males sufri¬ 
dos mas tarde por el pueblo todo. 

Supongamos que un empleado inmoral roba los di¬ 
neros del pueblo. Si algunos ciudadanos contribuye¬ 
ron á elegirle, conociéndole ese vicio criminal, se 
hacen c ulpables del delito cometido por ese emplea¬ 
do, aun cuando nadie los castigue. Su delito seria 
' igual al delito cometido por aquel individuo que 
Tiendo asaltar á unos ladrones la casa de su vecino, 
les abriera la puerta y los dejase entrar. 

6 — De lo expuesto se deduce, que solo habrá bue¬ 
nos gobiernos,—cuando los ciudadanos sean ilustra¬ 
dos y se preocupen de los negocios públicos; que la 
lectura de diarios contribuya á ^oner á los ciudada¬ 
nos al corriente de esos negocios; que la indepen¬ 
dencia de carácter en cada hombre, es una virtud 
sin la cual no habrá buenos ciudadanos ni buenos 
gobiernos; y que esa independencia de carácter sj9 
pierde por la ignorancia, el ódio y todas las ma¬ 
las pasiones. 


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—.45 — 


VII 


Yll.—Todo ciudadano debe preocuparse de los negocios públi* 
eos. Debe concurrir á )as elecciones. Consecuencias de su aban- 
>dono. Errores de la gente á este respecto. Medios de combatirlos. 

4.—Muchas gentes acostumbran no leer diarios, ni 
ocuparse jamás de los asuntos del Gobierno, ni délos 
empleados públicos, ni menos preocuparse cuando 
oyen decir—que algunos intentan nombrar gobefnan- 
tes á individuos inmorales, indignos de ser empleados 
del pueblo. 

Sin embargo esas gentes se quejan siempre de los 
malos gobiernos, y hablan y gritan desde sus casas 
contra los empleados á quienes llaman picaros y 
ladrones. 

Precisamente los que mas se quejan del gobierno y 
4e la falta de honradez de sus empleados, son los mas 
culpables, los verdaderos causantes de tantos males, 
muchas veces; pues si en lugar de permanecer 
encerrados en sus casas, ó de andar páseando, cuando 
llega la ocasión de elegir gobernantes, trabajasen, 
como deben hacer todos los buenos ciudadanos, por 
elejir á hombres honrados, no soportarían esos terri¬ 
bles males, de que tanto se lamentan después. 

La manera mas eficaz de impedir que haya malos 
gobernantes, estrabajar para que no los elijan; y se 
trabaja de un modo luúy fácil: procurando vayan todos 
los hombres honrados á elejir gobernantes tan hon¬ 
rados como ellos. Si el pueblo deja que solamente la 
gente mala nombre á los empleados públicos, estos, 
de seguro, han de ser gobernantes malísimos. 

2.—^Algunos hombres suelen dar equivocadamente 
este consejo: «nunca debe Vd. meterse en política, ni 
debe importarle que gobierhe Juan ó Pedro, pues 
todos son iguales.» 

Es un error. Al ciudadano debe interesarle siempre 


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— 46 — 


\dí política, es decir, el manejo ó dirección de los 
negocios públicos, como le interesa el cuidado de sus 
propios negocios. 

Volveremos á repetirlo: los gobernantes están, 
encargados de cuidar nuestra vida, nuestra fortuna, 
nuestra tranquilidad; si son hombres inmorales 6 
haraganes é incapaces de preocuparse del bien gene¬ 
ral, no cuidarán nuestra fortuna, ni nuestra vida' 
quizás ellos mismos serán los principales enemigos 
de la vida y la riqueza nuestra; si son hombres viciosos 
y llenos de pasiones, tampoco podrán proporcionamos 
tranquilidad. 

Cuando un hombre dice: «No me importa que 
gobierne Juan ó Pedro,» es lo mismo que si dijera: 
« No me importa que los empleados á quienes yo pago 
un sueldo para cuidar mis riquezas, mi vida, mis 
derechos, sean unos bribones, ó unos haraganes 
incapaces de cumplir sus deberes. » 

I Estaña conforme un comerciante con que su de~ 
pendiente le robase el dinero de la caja, ó dejase 
abandonado el establecimiento y se fuesé á pasear ? 

No seguramente. Pues tampoco debe estar conforme 
el pueblo, si sus dependientes á sueldo, ó sean, sus 
gobernantes, administran mal los dineros que les en¬ 
trega, no hacen buenas leyes, ó no las cumplen, ó no 
las aplican para tener justicia. 

3.—Hombres hay que repiten con frecuencia: —«Yo 
solo quiero trabajar; á mi nada me dá el gobierno: no 
debo por consiguiente mezclarme en esos asuntes.» 

Cuando oigamos hablar á alguno de este modo, le 
debemos contestar: — «Amigo Vd. se equivoca. El 
gobierno es quien le ayuda á trabajar, impidiendo que 
los ladrones y demás gente mala le perturben. A Vd. 
le conviene un buen gobierno, y debe procurar que 
los gobernantes sean hombres debien^ pues, en caso 
de no ser hombres muy honrados y amigos de cumplir 
sus obligaciones; lejos de cuidar su persona y su for¬ 
tuna, le molestarán continuamente, y no le permitirán 
trabajará su gusto.» 

< Le obligarán, por ejemplo, á que todos los años 


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l68 pague fuertes sumas de dinero, quitándole así una 
gran parte del fruto de su trabajo; y no emplearán ese 
dinero en provecho de Vd.,— le guardarán para ellos; 
no harán justicia como es debido, no vivirá Vd. sose¬ 
gado, feliz, gozando los beneficios de la paz, los bene¬ 
ficios de que disfruta todo hombre cuando se respetan 
sns derechos.» 

Se vé, por todo lo dicho, que es un deber impres¬ 
cindible de los ciudadanos, trabajar para conseguir 
el nombramiento de buenos gobernantes; vigilar la 
conducta de estos; averiguar si cumplen sus deberes, 
si cumplen las leyes; y ocuparse en fin, de los asuntos 
del gobierno', porque este es el encargado de garantir 
la libertad, y como dijimos antes, la conservación de 
la libertad es el primer deber que tienen los hombres 
para consigo^ mismos. 


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— 48 — 


VIII 

Yin.— Las elecciones. £1 pueblo no elije directamente á todos 
sim empleados. Cómo se practican las elecciones. El Begistro Cí¬ 
vico. Las tachas. Los partidos. Los candidatos. La lucha.—El 
predominio de la mayoria. Bszones en que se apoya. Deber de 
respetar el voto de la mayoría. Besúmen. 

1. —Ya se ha dicho que así como un negociante es 
quien tiene únicamente derecho de nombrar á los 
dependientes que le ayuden en su negocio, asi tam¬ 
bién el pueblo, es el único que tiene derecho de nom¬ 
brar á sus mandatarios ó gobernantes.' 

Llámase elección 6 elecciones, el acta por medio del 
cual, el pueblo reunido, designa á esos empleados 
que le han de gobernar. 

No todos los empleados, sin embargo, son elegidos 
directamente por el pueblo, no todos son nombrados 
en las elecciones populares) hay muchos á quienes el 
pueblo no ha querido elegir, muchos que son nom¬ 
brados, por ciertos gobernantes que tienen encargo 
, especial de verificar esos nombramientos. 

Dice el pueblo en su Constitución: 

< Yo elijo á las personas encargadas de dictarme 
leyes, á mis Representantes y Senadores; pero lá 
Obligación de estos no se reducirá exclusivamente á 
dictar leyes; deberán nombrar también á los emplea¬ 
dos cuya misión consiste en administrar justicia 
(jueces).» 

Puede decir también, si le parece:—<tío quiero yo 
nombrar al empleado principal cuya misión es ejecu¬ 
tar las leyes, mantener la paz, el órden, etc.,- (presi¬ 
dente)', confío su elección á ciudadanos que yo mismo 
designaré (electores), y cuyo encargo será tan solo 
efectuar ese nombramiento.» 

2. —El pueblo tiene mucha razón al proceder así. 
Hay empleados, como los ministros, gefes políticos, 
comisarios, que dependen del présidente y están bajo- 


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sus órdenes. Sus obligaciones son ayudará este último, 
son auxiliares del Presidente, luego pues, él, con mas 
razón que cualquier otro, con mas razón que el pueblo 
mismo, es capaz de nombrar á ciudadanos de su ma¬ 
yor confianza y de mejores aptitudes para prestarle 
buen auxilio en el cumplimiento de sus obligaciones. 

El pueblo se hace también esta refieccion sensata: 

« Mis empleados son muchísimos, y si yo tuviera que 
elejir á todos ellos, desde el presidente hasta el último 
' celador, perdería la mayor parte del tiempo en elec¬ 
ciones y descuidaría mis demás quehaceres. » 

Mas adelante espondremos otras consideraciones 
tenidas en cuenta por el pueblo, para no elejir él 
mismo á todos sus empleados. 

3. —Veamos ahora como se practican las elecciones. 

El gobierno cita al pueblo para que se reúna un dia 

determinado y elija á sus nuevos gobernantes. 

Dice así el gobierno: « El último domingo del mes • 
de Noviembre, según está ordenado por la Constitu¬ 
ción, tendrán lugar las elecciones de representantes.» 

Todos los ciudadanos se preparan entonces, para 
ir á las eleccienes el dia señalado, Pero sucede, que 
muchas personas quieren tomar parte en la elección 
sin tener derecho, y esto no se debe consentir. La 
manera de impedir este abuso, es hacer una lista, 
que contenga los nombres de todas aquellas personas 
que tienen derecho de elegir, que pueden votar, es 
decir, que son ciudadanos. De este modo, aquellos 
cuyos nombres no están comprendidos en la lista, no 
pueden votar, aun cuando lo deseen. 

Esa lista de ciudadanos votantes se llama Registro 
Cívico. Como es demasiado considerable el número 
de nombres, la lista ó el Registro Cívico forma un 
gran libro. Ese libro está á la vista de todos; cual¬ 
quiera puede revisar sus hojas y hacer borrar (tachar) 
el nombre de las personas inscriptas indebidamente, 
es decir, de las personas que no sean ciudadanos. 

4. —Hecho esto, necesitan preocuparse los ciuda¬ 
danos de las personas á quien deben elejir; y como es 


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— 50 — 

natural, no todos se conforman con nombrar á unos 
mismos individuos. 

Cierto grupo de ciudadanos que constituye un 
j^rtido, creen conveniente trabajar para eleyir á tal ó 
enal persona. Esa persona que piensan elejir es sa 
candidato. 

Otro grupo áe ciudadanos de distinto partido, desean 
elejir á otra persona que les parece mejor para desem¬ 
peñar el empleo. Levantan, por consiguiente, otro 
candidato. 

Vase á elejir, por ejemplo, cierto representante y 
los hombres de un partido dicen en los diarios y en las 
reuniones públicas: « El ciudadano Gómez, es el hom¬ 
bre á quien designa la Opinión unánime del pueblo 
para ocupar el puesto de representante. Votemos por 
el; porque reúne dos grandes virtudes que le hacen 
digno de nuestro aprecio y de nuestra confianza: hon¬ 
radez y patriotismo.» 

El otro partido dice: «Todos los hombres libres 
debemos dar nuestro voto por el ciudadano Gutiérrez: 
él ha defendido siempre los derechos del pueblo; él^ 
cuando fué representante, hizo abolir aquella injusta 
ley, que nos prohibía trabígar libremente, y aquella 
otra que no nos dejaba escribir por los diarios, y dis¬ 
cutir sobre asuntos religiosos: él, con la severidad de 
im hombre honrado, ha perseguido y hecho perseguir 
á los gobernantes que no> cumplían sus deberes y qne 
despilfamban los dineros públicos.» 

De esta manera hablan los partidos ántes de veri¬ 
ficarse la elección. 

5.—Llega el momento de votar. Cada ciudadano 
procura llevar individuos que voten por el candidato 
de su partido. 

Se efectúa la elección; y Gómez obtiene 600 votos 
mientras que Gutiérrez reúne mil á su íkvor. 

Queda, pues, Gutiérrez elejido representante por 
haber obtenido mayoría devotos. 

Esto es natural. El candidato que reúna mayor nú¬ 
mero de votos^debe siempre ganar la elección; porque 
votando en su favor muchos ciudadanos, la mayor 


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parte del pueblo, está probado que ese candidato, es 
el mas querido del pueblo, el hombre en quien este 
tiene mas confianza, y á quien considera mas capaz de 
ser buen representante. 

Desde que solo el pueblo tiene derecho de elejir á 
sus empleados, no es justo que estos sean aborreci¬ 
dos del pueblo^ ó por lo menos que no les tengan 
confianza. 

Por otra parte ¿cómo se sabe cuál de los dos candi¬ 
datos es el mejor? Quiénes tendrán razón? ¿Quiénes 
estarán equivocados? los partidarios de Gutiérrez ó 
los partidarios de Gómez? Es mas probable que se 
equivoquen los partidarios de Gómez porque son me¬ 
nos. Puede no suceder así; pero, es lo mas probable 
y como no hay otro medio de averiguar la verdad en 
este asunto, se supone que tiene razón la mayoría de 
los hombres, la mayor parte del pueblo; se supone 
que Gutiérrez es preferible á Gómez como represen¬ 
tante; y por eso es elejido. 

6.—Es Obligación del ciudadano al tiempo dé prac¬ 
ticarse las elecciones, respetar la voluntad de la ma¬ 
yoría, dejando votar á cada uno libremente, por quien 
le guste mas. 

Ningún hombre digno debe aceptar empleos del 
pueblo, cuando este no le ha elejido libremente, á 
cuando no es elejido por la mayoría de los ciudada¬ 
nos, ó cuando ese pueblo ó esa mayoría le rechaza y 
le niega el derecho de gobernar. 

¿Qué haría un hombre honrado, si estando en su 
empleo de dependiente, su patrón le dijese á cada ins¬ 
tante: ^Abandoné Vd.- mi casa; yo no tengo mucha 
confianza en Vd.; me parece que no es muy honrado; 
no cuida bien mis negocios; no tiene aptitudes su$- 
cientes; Vd. es para mí un hombre antipático; no le 
puedo ver; no le puedo pasar»: Qué haría ese depen¬ 
diente, volvemos á repetir, si fuera un hombre de 
honor y de vergüenza? Dejaría inmediatamente la 
casa. 

Ahora bien, cuando el dependiente es un empleado 


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— 52 — 

público, y el patrón es el pueblo, debe suceder com¬ 
pletamente lo mismo. 

Cuando el pueblo diga á un empleado: «Yd. debe 
salir inmediatamente del gobierno (como si dijera: de 
mi casa); Vd. está contra mi voluntad; Vd. no merece 
mi confianza; apénas ha sido elejido por unos cuantos 
individuos; la mayoría de los ciudadanos no está con¬ 
forme con Vd., ni con sus servicios; abandone pronto 
el gobierno porque no necesito ni quiero á Vd. para 
nada absolutamente».—Guando así suceda, el gober¬ 
nante, como el dependiente que se considere honrado 
y sienta la vergüenza y el honor, contestará en el acto: 
<!Me voy del gobierno; soy honrado y nunca adminis- 
.traré negocios agenos, si el dueño de ellos desconfia 
de mí, ó no me lo permite». 

De este modo si el pueblo se equivoca, impidiendo 
que esté en el gobierno un hombre bueno; mas tarde 
reparará su error y su injusticia, llamándole otra vez, 
para que le preste sus buenos servicios; pero si no le 
llama, paciencia; no se pierde mucho: un hombre 
hueno no necesita estar en el gobierno para hacer el 
hien. 

7.—Reasumiendo lo expuesto en este parágrafo se 
observa: que los gobernantes son elejidos de dos ma¬ 
neras, unos por el pueblo mismo y otros por gober¬ 
nantes autorizados al efecto; que para ser elejida una 
persona por el pueblo, debe tener en su favor la ma¬ 
yoría de votos; que cada ciudadano debe respetar la 
opinión y la voluntad de los demás en el acto de la 
elección; y que cada gobernante debe respetar tam¬ 
bién esa voluntad, aceptando, solamente el empleo, 
cuando le nombre la mayoría de los ciudadanos, y 
renunciando á él, cuando^ resulte nombrado por una 
minoría. 


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IX 

IX. —Fraudes electorales. Los votos falsos. Sus malas conse¬ 
cuencias. Deberes de cada ciudadano á esto r^pecto. Otra clase 
de fraudes. La compra de votos. Es un medio inmoral y peligroso 
de ganar elecciones. La corrupción aumenta. Quiénes gastan mas 
dinero en comprar votos. Quienes se aprovechan mas de la cor> 
rupcion. Quiénes pierden al ñn. Deber de los ciudadanos honra- 
dos. Los malos gobiernos como consecuencia forzosa de los frau¬ 
des electorales. > 

1.—Medios muy inmorales emplean los ciudadanos 
para desconocer la voluntad del mayor púmero. 

Uno de ellos eá este: cierto individuo de conducta 
reprobada y destituido de regular ilustración preten¬ 
de ser eleguido gobernante; pero la mayoría de los 
ciudadanos le conoce bien; ninguna confianza le ins¬ 
pira su carácter; no le consideran capaz de cumplir 
las obligaciones de un buen empleado, y de ninguna 
juanera se resolverá á elejirle. 

Sin embargo, ese individuo dice: «yo he de ser go¬ 
bernante; be de ser empleado del pueblo aunque el 
pueblo no quiera; he de ganar las elecciones aunque 
se oponga la gran mayoría de mis conciudadanos.» 

«Dos mil personas votarán en contra mia; mil so¬ 
lamente estarán en mi favor; necesito aun mas de 
mil individuos que voten por mi candidatura para 
ganar la elección. ¿De donde los sacaré? Tengo un 
medio que puede ser bastante bueno. Haré votar por 
mí candidatura ciertas personas á quienes la consti¬ 
tución priva de esa facultad, como son los estrange- 
ros recien llegados, los criminales, los que carecen 
de la edad requerida y otros muchos que se hallan en 
igual situación y desean ayudarme. Pagando á esos 
individuos un poco de dinero harán cuanto yo les 
diga. De este modo, sinó descubren el fraude mis 
enemigos, tendré mas votos que los candidatos de 
ellos y ganaré la elección » 


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— 54 — 


2. - Semejante medio de ganar elecciones es inmo¬ 
ral, y, como todas las inmoralidades, produce siempre 
malos resultados. 

En primero lugar, como ya lo hemos observado, el 
individuo que acepta un puesto público contra la vo¬ 
luntad de la mayoría de ciudadanos, es hombre poco 
decente: vá á cuidar los intereses de un gran número 
de personas que han desconfiado de sus aptitudes ó 
de su honradez: vá á manejar los negocios del pueblo, 
cuando este le ha dicho: «Yo no tengo confianza en 
Yd.; abandone ese puesto; no lo autorizo para dirigir 
mis negocios.» 

En segundo lugar, deben tener presente todos los 
ciudadanos, que el mal causado á sus enemigos para 
vencerlos en las elecciones, pueden, mas tarde, su¬ 
frirle ellos también. La máxima de la moral cristiana: 
no hagas d otro lo que no quicieres que te hagan á ti, 
es de aplicación en este caso. 

Si algunos emplean engaños ó falsificaciones con 
el objeto de vencer, sus enemigos harán después 
otro tanto, para no dejarse derrotar. Entonces, no 
triunfaran en las elecciones, como es necesario, la 
mayoría de la gente honrada, sinó los mas astutos y 
ambiciosos. 

Casi todos los gobiernos serán malos, pero la cul¬ 
pa no la tendrán solamente los malos gobernantes y 
sus electores, sinó también sus mismos enemigos; 
pues todos los ciudadanos estarán acostumbrados á 
ganar elecciones, no cuando constituyen mayoría, y 
sí cuando saben cometer mas fraudes, mas imora- 
lidades. 

3. —Si vemos,'al tiempo de efectuarse una elec¬ 
ción, que algún ciudadano compañero nuestro, se 
propone hacer votar á persona que no tiene derecho, 
estamos en el deber de decirle: «amigo, vd. no debe 
proceder así; piense que nuestros contrarios pueden 
hacer lo mismo, y entónces no tendrá vd. razón para 
enojarse con ellos, ni para reclamar de esos fraudes; 
piense además que la persona á quien vd. protende 
hacer votar por nuestro candidato, careciendo de 


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eee derecho, tal vez mañana, quiera votar en contra 

nuestra; y entónces, como le iremos á decjr—^vd. no 
tiene derecho á votar! nos contestaría seguramente; 
—como no he de tener derecho, sí ya otra vez Uste¬ 
des mismos me trajeron á votar?» Esto á cualquier 
hombre de bien daría vergüenza. Es preciso evitarlo. 
Piense amigo también, le observaremos sebre todo 
á nuestro compañero, piense que solo deben triun¬ 
far en las elecciones aquellos que reúnan mayoría 
de votos legítimos, pues si nos fuera permitido á 
nosotros triunfar por medios inmorales, cuando nos 
derrotaran con iguales medios nuestros enemigos 
¿qué les podríamos decir? Caeríamos en ridículo si 
nos enojáramos;! se reirían de nosotros, á pesar de 
nuestro derecho para protestar contra los fraudes de 
ellos.» 

Cosa triste ¡cometiendo fraudes un ciudadano, al 
practicarse la elección, no puede después protestar 
contra los fraudes de sus enemigos, sin avergon¬ 
zarse! 

Lo mejor de todo es, por consiguiente, votar solo 
los que tengamos derecho, y rechazar á los que no 
sean ciudadanos, impidiéndoles tanto á nuestros com¬ 
pañeros, como á nuestros contrarios, cometer fraudes: 
de esta manera podemos protestar cuando otros los 
cometan, y podemos defender nuestros derechos sin 
avergonzarnos. 

4.—Otro fraude se acostumbra ejecutar para desco¬ 
nocer el voto de la mayoría, y es, cuando un ciuda¬ 
dano dice «Yo solo tengo derecho para votar una vez; 
pero no importa votaré varias veces, con distintos 
nombres; asi ayudo á mi partido.á ganar la elección.» 

Este fraude es tan inmord y reprobado^ como el 
anterior; ninguna persona honorable le debe cometer 
porqués! es indigno de nn buen cnidadano hacer vo¬ 
tar i otros que no tienen derecho, también es indico 
que él vote mudias veces, no teniendo derecho sino 
para votar una vez sola. ' 

Todos los malos resultados que traen consigo los 
fraudes electorales y de que hablamos mas arriba, se 


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— 56 — 

producen también, cuando se ejecuta un fraude de 
esta clase. 

5.—Uno de los medios mas indignos de ganar elec¬ 
ciones es la compra de votos. Hay ciudadanos que si 
les pagan dinero votan por el individuo que les in4i- 
quen, sin preocuparse de la honradez ó ilustración de 
ese individuo; son capaces de votar hasta por criminal¬ 
es encerrados en las cárceles. 

Los hombres honrados y decentes, |no deben em¬ 
plear jamas este medio tan inmoral de ganar eleccio¬ 
nes; porque contribuyen á fomentar la corrupción de 
la gente y á mas, salen perdiendo siempre; pues- 
cuando hay muchos ciudadanos acostumbrados á ven¬ 
der su voto, ganan las elecciones los que gastan mas 
dinero, y los que gastan mas deinero, son aquellos 
hombres sin escrúpulos para hacer el mal, ambiciosos 
de conducta depravada, como se verá por la siguiente 
Observación. 

Se trata de comprar votos de unas elecciones, y dice 
un hombre honrado: « Yo no debo ni puedo gastar 
toda mi fortuna comprando votos; me ha costado mu¬ 
cho trabajo adquirirla; si ahora la consumo me que¬ 
daré en la miseria y no tendré con que comprar de 
comer. Mejor guardo mi dinero, ó gastaré muy poco 
en elecciones.» 

Pero dice un hombre malo y vicioso: 4 ; A mi nada 
me importa gastar toda mi riqueza comprando votos; 
poco, ó ningún trabajo me ha costado el ganarla; so¬ 
bre todo, si llego á ser elegido gobernante, ó si es 
elegido algún amigo, pronte recobraré el dinero gas¬ 
tado. De alguna parte he de sacarle sin gran trabajo, 
como el otro que ya gasté. Puedo guardar, por ejem¬ 
plo, para mí, los dineros que el pueblo da al go¬ 
bierno para ser bien servido.» 

Este es siempre el resultado final de la compra de 
votos; quien se aprovecha es la gente mala; ella es 
quien gasta mas dinero, y por consecuencia, quien 
obtiene inevitablemente el triunfo. 

¿Cuál es entonces el deber de los hombres honra¬ 
dos? No gastar un centésimo siquiera en comprar vo- 


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os, porque pierden su honradez, corrómpen á una 
gran parte de ciudadanos, y son derrotados en las 
elecciones. 

6.—Hacer votar á los que no tienen derecho, vo¬ 
tar muchas veces un mismo ciudadano con distintos 
nombres, y comprar votantes por una suma de di¬ 
nero son, como se ha visto, actos degradantes, in¬ 
morales, cuyo último resultado, es la corrupción de 
los hombres y el establecimiento de gobiernos ma¬ 
los. Es muy grande la culpa de aquellos ciudada¬ 
nos que contribuyen á la elección de malos gober¬ 
nantes; porque contribuyen á la pérdida de su liber¬ 
tad, cuja conservación, ya lo hemos dicho, les ha 
impuesto Dios,á los hombres como un deber sa- 
g^rado. I 

Si el gobierno es malo, nadie tiene segura su vi¬ 
da ni su riqueza, nada puede trabajar confiándo en 
que será respetado, ó nadie puede esperar justicia, 
ni pedirla al gobierno^ en caso de que hagan daño 
hombres perversos. 

No pudiendo trafbajar, el pueblo es pobre, y sien¬ 
do pobre no puede dedicar su tiempo á la instruc¬ 
ción y es ignorante; además, como no trabaja es 
' ocioso. 

Cuantos vicios se despiertan entonces en el pueblo; 
cuantos males se vé obligado á soportar, como fru-, 
to de la ociosidad y la ignorancia! 



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— 58 — 


X 

X.—Continaacion. Otras iinmoralidades. Las violencias. Sus 
consecnencias. Odios que engendran. Venganzas do los gober- 
uantes. Exajeraciones de los vencidos. Las guerras civiles. Bes- 
ponsaJjilidades en que incurren los ciudadanos que toleran esas 
violencias é inmoralidades. Medios de evitar esas violencias y de 
apaciguar esos odios. < 

1.—-Es muy común que un ciudadano exajere las 
buenas calidades de su candidato ó candidatos, así 
como también, los defectos y vicios de todos sus con¬ 
trarios. 

Casi siempre exclaman los ciudadanos: «Si nues¬ 
tros enemigos ganan la elección, este pais se pierde. 
Son hombres de conducta muy depravada, nunca han 
respetado las leyes, ni la moral, ni la justicia». 

Puede esto ser verdad; y aun cuando lo sea, nunca 
es bueno servirse de palabras injuriosas, porque con 
el insulto á nadie se convence, y solo consigue uno 
hacerse odiar. 

Después agregan los mismos ciudadanos entusias¬ 
mados: «Para que el país se salve de la ruina en que 
caería, si triunfan nuestros enemigos, trabajemos con 
caloren las elecciones é impidamos su triunfo». 

«Reunámonos todos los hombres honrados para vo¬ 
tar contra ellos. No falte ninguno de nosotros el dia 
de la,elección».' 

Hasta aquí todo vá bien. Están en su derecho y es 
su deber trabajar á fin de que ol gobierno no se entre¬ 
gue á hombres sin virtudes ni talentos. 

Pero en seguida dicen: «Son hombres malos nues¬ 
tros contrarios; por consiguiente, si ocupan el go¬ 
bierno, gobernarán muy mal. Hay probabilidades de 
que ganen las elecciones, porque son muchos, cons¬ 
tituyen gran mayoría del pueblo. Como evitar su 
triunfo? No dejándolos votar. Cuando quieran hacer- 


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— so¬ 


lo. los echaremos por la fuerza; los mataremos^ antes 
que permitirles triunfar». 

Cuando los ciudadanos hablan de este modo, ya no 
tienen razón; faltan á su deber, á su derecho y co¬ 
meten así un crimen inicuo. 

«Ustedes dicen, esclamarán los vencidos, que 
son honrados, que son hombres decentes, que solo 
defienden la razón; y sin embargo la mayor parte 
del pueblo no los quiere, no confía en ustedes, no se 
atreve á encargarles del gobierno; á pesar de sus 
virtudes, nadie crée en ellas; Ustedes se ven obliga¬ 
dos á triunfar por la fuerza, por el crimen; si son 
hombres honrados ¿para qué nos atacan ó nos ame¬ 
nazan con quitamos la vida—ó para qué asesinan á 
nuestros compañeros.^ Si son hombres decentes ipara 
que quiéren manejar los negocios del pueblo, cuan¬ 
do ese pueblo desconfía de Ustedes, de sus palabras, 
de sus promesas, de sus virtudes? si tienen tanta de¬ 
licadeza ¿como ño se avergüenzan y dejan el go¬ 
bierno?» 

Todo esto, y algo mas ^ave é insultante, dicen los 
ciudadanos vencidos á sus contrarios vencedores. 

Fácilmente se ve cual es la consecuencia de esa 
discordia entre la gente que compone el pueblo. A 
mas de las desgracias producidas, dorante la elección 
por el empleo inmoral de la fuerza, se agregan los m- 
sultos, siempre exajerados, que se dirijen los ciuda¬ 
danos unos á otros; se agregan las enemistades, los 
ódios profundos, las venganzas, entre gobernados y 
gobernantes, y se agrega algo peor todavia: esos 
ciudadanos de todos los partidos, que tanto se abor¬ 
recen entre si, que tanto mal desean causarse, que 
tanto furor abrigan en su alma, cuando llega el caso 
de efectuar otras elecciones, ya no se contentan con 
insultarse de nuevo desean también pelearse y matarse 
como fieras, no solo en el momento de la elección, 
sino ademas, en largas y horrorosas guerras civiles. 

El empleo de la fuerza en las elecciones trae, como 
se ha visto, los odios, los insultos, las peleas, las vmi- 


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ganzas y las guerras. ¿Que buea gobierno se puede- 
hacer cuando los gobernantes odian á una gran parte 
de sus gobernados y desean su mal, ó cuando los go¬ 
bernados odian á sus gobernantes y no los respetan^ 

Y en medio de esta lucha apasionada ¿Qué será de 
la libertald? todos quizá la habran perdido, y con ella 
habrán perdido también sus virtudes, su independen¬ 
cia de carácter, su amor al trabajo, su amor al bien, 
y solo encontrarán en su corazón, odios, venganzas y 
mezquinas pasiones. 

3.—Son tan inmensos los infortunios que sobre¬ 
vienen á un pueblo, cuando no se acostumbra á ele- 
jir á sus gobernantes pacificamente, y sin cometer 
fraudes, cuando no respeta la voluntad de la mayoría, 
que la necesidad de precaver estos peligros impone 
al ciudadano altos deberes y sérias responsabili¬ 
dades. 

No cumple todo su deber un ciudadano cuando 
dice: «yo no compro votos, ni me gusta impedir, 
por la fuerza, que voten mis contrarios; pero si mis 
compañeros cometep algún fraude, los tolero y guar¬ 
do silencio; de todos modos, yo no soy el culpable; 
que impidan ese fraúde los interesados en ello, es 
decir, mis contrarios. 

Comete una gran falta el que habla de esta ma¬ 
nera. El deber de un ciudadano no consiste solo en 
respetar, por sí mismo únicamente la voluntad de 
la mayoría en el acto de la elección; está obligada 
á infiuír para que otros la respeten. 

Por eso cuando diga un persona «Mientras yo no 
cometa fraude estoy libre de toda responsabilidad,» se 
le debe contestar: Eso no es cierto. Vd. es responsa¬ 
ble de los males cansados por otros, si tiene cono¬ 
cimiento de que se van á cometer y no avisa para 
impedir que se cometan. Vd. es responsable de las 
desgracias ocasionadas en una elección, si podiendo, 
no procura evitarlas. Vd. tiene parte también en 
las enemistades, en los odios y venganzas que se 
producen después de una elección, sino trabaja para 


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que desaparezcan las causas de las discordias en* 
tre los ciudadanos.» 

De modo que un ciudadano está en la obligación 
de impedir que tanto sus compañeros como sus con¬ 
trarios, sus amigos, como sus enemigos, ejecuten 
fraudes ú otras inmoralidades en las elecciones de 
gobernantes. 

4.—Cuando se quiere corregir á una persona que 
ha robado, asesinado, ó practicado otro delito, no se ^ 
le dice, por cierto: «Vd. es un ladrón; Vd. es un 
asesino; Vd, es un picaro; n. porque si se el dirijieran 
semejantes insultos se enfurecería con razón, odia¬ 
ría al que intentaba correjirle. La manera de traer 
un criminal al buen camino, no es insultarle, sino 
mostrarle, con calma y con dulzura las desgracias y 
los dolores que engendra el vicio, y la inmensa fe¬ 
licidad que solo nos concede la virtud. 

Pues bien; cuando se quiere correjir á un partido 
compuesto únicamente de malos ciudadanos, á un 
partido que siempre ha gobernado en perjuicio del 
pueblo, tampoco se le debe injuriar, recordándole á 
cada instante, por venganza, sus defectos y sus er¬ 
rores. 

No se debe decir á los ciudadanos que componen 
ese partido:« Ustedes son unos malvados; no respetan 
las leyes, no cuidan, cuando están en el gobierno, 
nuestra vida, nuestra fortuna, nuestra libertad. Son 
unos miserables. No hay uno honrado entre todos 
Vds.» 

Estas injurias atroces solo sirven para producir la 
rabia en las personas á quienes se dirigen; pero no 
las convencen, ni las convierten al bien. 

El medio de convertirlas, si proceden mal por igno¬ 
rancia ó por perversidad, es otro mas moral y mas 
humano: á Iqs ignorantes, educarlos y aconsejarlos 
en las conversaciones privadas, en las escuelas, en 
las reuniones públicas, ó por medio de los diarios, ó 
los libros bueno.s; y á los hombres apasionados y per¬ 
versos, probarles, que nunca son todos tan felices. 


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como cuando se respetan recíprocamente unos á otros, 
cuando no hay enemigos, cuando en las elecciones no 
se cometen fraudes y violencias, cuando triunfa la 
mayoría, cuando el pueblo disfruta de la paz, y vive 
entregado al trabajo. 


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— 63 — 



XI 


XI.—Frondes del gobierno. Son mas temibles que los fraudes 
de loe ciudadanos. £1 voto do los soldados de linea debe prohi¬ 
birse. Violencias del gobierno. La abstención. Besúmen. 


** 1.—El gobierno que interviene en las elecciones, y 

no deja votar libremente á los ciudadanos, y favorece 
-violencias y fraudes ci^metidos en esos actos, es el 
. enemigo mas temible del pueblo, en vez de ser su mas 
fuerte protector. 

Doble es la culpa del gobernante que no respeta al 
pueblo en las elecciones; viola el deber que tiene como 
* ciudadano de someterse á la voluntad de la mayoría, 
y el deber que tiene como gobernante de responder 
con su fidelidad á la confianza del pueblo. 

Y no solo es doble el delito del gobernante en estos 
casos, sino que además son doblemente grandes y fu¬ 
nestas las consecuencias de su conducta inmoral; pues 
con la fuerza y los dineros públicos de que dispone, 
. puede cometer violencias, comprar votos, hacer votar 
á muchos que no son ciudadanos, tolerar y fomentar 
los fraudes. 

2.—Entre esos fraudes, hay uno que se comete casi 
siempre, y consiste en hacer votar á los soldados do 
línea. 

No debe permitírseles votar en caso alguno; porque 
no son ciudadanos, independíenles; porque obedecen 
*■ enjtodo, á la voluntad de sus gefes. 

Un comandante, por ejemplo, llama á los doscien¬ 
tos ó trescientos soldados de su batallón y les dice: 

, «Mañana habrá elecciones de Representantes; tomen 
esta lista v voten por ella». En la lista va el nombre de 
Juan, de Pedro y de las otras personas que son del 
agrado del comandante. Los soldados obedecen la 


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orden, y al otro día votan, como se les ha mandado. 

De modo que si cada comandante de batallón, pu¬ 
diera hacer votar á sus soldados por las candidaturas 
que quisiere, la voluntad de un comandánte equival- 
, dría a doscientos, trescientos ó cuatrocientos votosyy^ 
la de cada ciudadano, solamente á uno. 

Es decir, la opinión de un comandante valdría tres¬ 
cientas ó cuatrocientas veces mas que la de otra per¬ 
sona cualquiera. 

Esa desigualdad es peligrosa y conviene destruirla; 
conviene que la opinión de un ciudadano, sea d no sea 
comandante, valga como es natural, tan solo un voto. 

Por eso debe decir el pueblo en la constitución: <No 
quiero que los soldados de linea sean ciudadanos; no 
quiero qoe voten>. 

3. —Otras veces, el gobierno, valiéndose de lá fuer¬ 
za, y cometiendo una deslealtad, prohíbe violenta¬ 
mente que voten los ciudadanos, y el solo practica la 
elección á su capricho. Van esos ciudadanos á votar, 
y no los deja, los hace echar por la fuerza; si es ne¬ 
cesario, los persigue á balazos, como si fueran crimi¬ 
nales, como si no ejercieran su derecho, como sino 
tuviesen facultad de nombrar administradores para su 
negocio, para manejar el gobierno. 

Cuando se hace una injusticia tan grande por los 
gobernantes, lo mejores abstenerse, no votar; porque 
los ciudadanos no tienen tanta fuerza, como él, para 
luchar ventajosamente; y porque antes de exponerse 
á morir de una manera inútil, ó á ser insultados y hu¬ 
millados, es mas conveniente esperar algún tiempo 
pera pedir después el castigo de los verdaderos 
criminales, aunque sean gobernantes, como se verá 
en el parágrafo siguiente. 

4. —En resumen: gobernantes y gobernados, co¬ 
meten igualmente fraudes y violencias. 

Con esta circunstancia especial: el fraude del go¬ 
bernante, es doble delito; pues falta á su deber de 
ciudadano, yámas, á su deber de gobernante. 

Los fraudes del gobierno, son generalmente mas 


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grandes que los del ciudadano; porque dispone de 
mas fuerza y de mas dinero. 

El medio de combatir las violencias del gobierno 
consiste en no votar; y en reclamar después, cas¬ 
tigo para los culpables. 


I 



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— 66 — 




XII 


XII.—Conducta de los ciudadanos después de una elección 
fraudulenta. Los hombres exaltados. Provocaciones á la revolu¬ 
ción. Necesidad de apaciguarse y de esperar. Los gobernantes 
pueden ser buenos. Qué se hará cuando son malos. Se les hace 
destituir y castigar. Resistencias de los gobernantes. Paciencia 
de los ciudadanos. Nuevas provocaciones. Palabras de Franklin. 
Males de la guerra. Deberes de los ciudadanos cuando todos los 
partidos tienen la culpa de que haya gobiernos malos. Ultimo ex¬ 
tremo y último recurso del pueblo. Resúmen. 


1.—Consideremos ahora la conducta que deben 
seguir los ciudadanos, cuando sus gobernantes no 
son elejidos por la mayoría del pueblo. 

Hombres exaltados y llenos de pasiones suelen de¬ 
cir en estos casos: «Nosotros no hemos autorizado á 
esos individuos para que nos gobiernen. Por cual¬ 
quier medio es preciso echarlos del puesto que han. 
usurpado. Es preciso hacerles una revolución, ha¬ 
cerles la guerra. » 

Nada es mas imprudente, mas injusto, y á veces, 
mas criminal, que esta manera de proceder y de pen¬ 
sar. 

Por eso debemos contestar siempre á los ciudada¬ 
nos que hablen de un modo semejante: «Veamos 
primero como se portan esos hombres en el gobierno; 
porque aun cuando hayan carecido de delicadeza su¬ 
ficiente para rechazar un puesto que no les correspon¬ 
de, tal vez sean hombres honrados. Si se muestran 
celosos por el bien del pueblo, si cumplen sus obliga¬ 
ciones con admirable virtud,—seria una injusticia y 
hasta un crimen por nuestra parte, trabajar para que 
abandonasen el gobierno, tan honrados funciona¬ 
rios. 

Pero, dirán nuevamente los ciudadanos exaltados:»- 
Son usurpadores, indignos de nuestra confianza.:» 
«Quien sabe, contestaremos;—si cumplen sus debe- 


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res, si hacen buenas leyes, si cuidan nuestra propie¬ 
dad, nuestra vida, nuestros derechos todos, ya no 
serán indignos; por el contrario, habrán demostrado 
que son muy dignos de la confianza pública.» 

Aunque se comporten bien, dirán siempre los hom¬ 
bres exaltados; «Han desconocido la voluntad de la 
mayoría.» «Es verdad, contestaremos, bajo ese punto 
de vista su conducta es reprochable; pero también la 
mayoría ha desconocido el carácter de esos gober¬ 
nantes; porque si ella hubiera sabido que eran hom¬ 
bres honrados y capaces de desempeñar el gobierno, 
no se habría opuesto seguramente á su elección; 

Por eso, suele verse que algunos gobernantes, ele¬ 
gidos por una minoría de ciudadanos, son estimados 
después por una gran mayoría del pais; y esto acon¬ 
tece cuando esos gobernantes desempeñan con fideli¬ 
dad los deberes de su cargo. 

Dedúcese délo espuesto, que los empleados elejidos 
fraudulentamente pueden atraerse la confianza del 
pueblo con su buena comportacion; y que los ciuda¬ 
danos, si no han podido evitar esos fraudes, antes de 
aprobadas las elecciones, deben conformarse con sus 
gobernantes, hasta ver, si estos reparan los males 
producidos por esas elecciones fraudulentas, hacien¬ 
do un gobierno honrado y justo. 

2.—Pero supongamos, que los empleados elegidos 
por el fraude, son hombres malos, que violan la cons¬ 
titución y dictan leyes injustas ó no cumplen las bue¬ 
nas, y que solo se ocupan de hacer daño al pueblo. 

Llegado ese caso; ¿que medidas deberán tomar los 
ciudadanos para librarse de esos gobernantes infieles 
«Echarlos abajo, por medio de una revolución,» di¬ 
rán algunos; pero es un crimen hacer esa revolución, 
turbar la paz, derramar sangre, existiendo otros me¬ 
dios paciflcos de concluir con los males del gobierno. 

¿Si un hombre de negocios viese que sus depen¬ 
dientes faltaban á las obligaciones del empleo que 
debería hacer? 

¿Echarlos á golpes de su casa, maltratarlos, he¬ 
rirlos, ó decirles que ya no necesitaba de sus serví- 


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— 68 — 


cíos, y pedir después, á los empleados encargados dé- 
administrar justicia, un castigo para esos dependien¬ 
tes, por los delitos que hubiesen cotnetido? Esto últi¬ 
mo es lo que correspondería hacer, pues mientras 
haya empleados en el gobierno que administren jus¬ 
ticia, ningún hombre tiene derecho para hacerse esa 
justicia por sí mismo. Asi, como ningún hombre pue¬ 
de hacerse justicia, por su propia cuenta, tampoco 
pueden adminístrarlh todos los ciudadanos juntos, to¬ 
do el pueblo en masa, mientras haya empleados que 
desempeñen ese cometido. 

Por consiguiente los ciudadanos no deben hacer 
revoluciones, cuando por medios pacíficos se puede 
pedir y obtener un castigo páralos gobernantes malos. 

Cuando llegue á oidos de un ciudadano cualquiera, 
que un empleado público, ya sea presidente ó minis¬ 
tro, ó representante, ó senador, ó juez falta á su 
deber, viola alguna ley, ejecuta algún acto indigno ó 
perjudicial debe denunciarle, dando á conocer al 
pueblo, la conducta de ese empleado; y luego pedir 
que se le aplique un castigo, y se le destituya, si es 
posible, del empleo. 

Un empleado malo, es una amenaza para todos; 
todos pues, están obligados á pedir que se le expulse 
del empleo, ó se le imponga la pena merecida. 

3.—A veces los empleados culpables no son inme¬ 
diatamente castigados; á veces los encargados de ad¬ 
ministrar justicia no cumplen su deber, ó los gober¬ 
nantes superiores, que no son jueces, no destituyen 6 
reprimen á los empleados subalternos. 

¿Que se hará, si esos gobernantes, fraudulenta¬ 
mente son hombres inmorales, hombres sin amor á la 
justicia, ni á las leyes ni al pueblo; y si no se les pue¬ 
de imponer castigo ó arrojar del empleo? 

«Ecarlos por medio de una revolución,» se volverá 
á decir; pero contestaremos otra vez: «Ese recurso 
será un crimen si hay otros medios pacíficos de repa¬ 
rar el mal.» 

¿Que medios pueden ser esos? se preguntará. «De¬ 
nunciar al pueblo continuamente las faltas de sus 


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gobernantes, mostrarles la mala conducta de estos, 
tener un poco de paciencia, y esperar á que concluyan 
sus funciones; para solicitar entonces su castigo, para 
pedirles cuenta de sus actos.» 

4—Eso no basta, dirán, nunca van á ser castigados, 
quedarán impunes; hagamos mejor una revolución y 
arrojémosles del gobierno.» «No se debe hacer seme¬ 
jante cosa, contestaremos de nuevo. Conviene mas 
soportar algún tiempo á este gobierno malo, qun 
comprometernos en una guerra donde es fácil perder 
la vida, la libertad y las riquezas. 

«Soy viejo, decia un sabio llamado Franklyn, y 
en los años que tengo, no he visto una guerra bue¬ 
na ni una mala paz.» 

Siempre debemos recordar las palabras de aquel 
honrado sabio. 

¡Cuantos males produce una guerra! 

Cientos ó miles de hombres perecen, la mayor 
parte, sin culpa, inocentes, padres de familia y lo 
peor de todo, hombres honrados. Inmensas rique¬ 
zas se consumen manteniendo soldados y comprando 
armas, instrumentos de matanza. Aumenta la po¬ 
breza de todos y la miseria de muchos. 

Gran número de hombres, mientras dura la guerra, 
están sin trabajo, y sus familias sin medios de vivir. 

Si las guerras son muy continúas, si los ciuda¬ 
danos recurren á ellas con frecuencia, pierden des¬ 
pués fácilmente los hábitos de trabajo, y se entre¬ 
gan á la ociosidad, que como dice la máxima an¬ 
tigua, es causa de todos los vicios. 

Los resultados mas inmediatos y terribles de la 
guerra, después de concluida, son los odios y ven¬ 
ganzas que engendra siempre entre los ciudadanos. 
Pues todos se hacen enemigos unos de otros, procu¬ 
ran causarse el mayor mal posible, de modo que el 
pueblo no vive tranquilo ni puede contar con gober¬ 
nantes que deseen su felicidad. 

5.—Pero en ciertas ocasiones son tan malos los 
gobiernos, que los ciudadanos no conservan siquie¬ 
ra la esperanza de poder elejir con libertad á sus go- 


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— 70 — 


bemantos futucosL Soionces esclamau: <\¡sí no ha^ 
ittftg' rouedio, la ceaolacion es necesaria'; echemos 
per la fuerza á esos gobernantes infieles.» 

Sin embargo, no se debe recurrir á la revolución, 
cuando todos los oiiudadanos, los mas decentes como 
les mas perversos, acostumbran recurrir á engaños, 
ihlsiflcaciones ó violencias para ganar elecciones. 

No tendría objeto echar por la fuerza á un gobier¬ 
ne que había sido elejido fraudulentamente, si des¬ 
pees,. al tiempo do eféctuarse nuevas elecciones^ se 
cometieran nuevos fraudes. 

El resultado seria este: no se habría obtenido un 
gobierno mas moral, y á mas se habria derramado 
sangre, gastado dinero, empobrecido el país, y en¬ 
gendrado odios y venganzas. 

Guando oigamos pues, predicar la guerra en es¬ 
tos casos, si tenemos conciencia de que todos les 
partidos, apelan á. engaños, á inmoralidades y vio¬ 
lencias en. las elecciones, debemos decir: «El reme¬ 
dio no consiste en matarnos por elejir otro gobier¬ 
no; sinó en acostumbrarnos á cumplir nuestro deber. 
Comprometamosnos todos á no ejecutar fraudes en 
las elecciones y hagamos castigar á los que no pro¬ 
cedan honradamente.» 

Sí un hombre, llega á decir, — «yo no tengo es¬ 
crúpulos de cometer fraudes, debemos observarle, 
que si procede asi no podrá después quejarse cuando 
sus enemiáros triunfen por iguales medios y que se¬ 
rá casti^do, con justicia si pretende hacer alguna 
revolución. 

Echar abajo gobiernos por medio de la guerra, de 
la revolución, se crée que es una gloria, cuando 
muchas veces es un crimen. 

¡Triste gloria es la de matar hombres, á pretesto 
de que son perversos, envez.de trabajar para conver¬ 
tirlos en honradosl 

6.—Cuando los gobernantes son elejidos por me¬ 
dio de fraudes y violencias contra la voluntad de la 
mayoría; cuando no respetan las leyes ni la constitu¬ 
ción, y faltan á sus deberes en perjuicio del pueblo; 


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— 71 — 


cuando no dan cuenta de sus actos, ni cuenta de la 
aplicación que hacen de los dineros públicos; cuando 
no nos dejan trabajar; cuando nos obligan á que les 
paguemos fuertes cantidades de dinero, que soló ellos 
aprovechan, cuando nos oprimen, nos maltratan, nos 
mortifican, nos privan de nuestros derechos, nos 
niegan justicia; cuando no nos dejan votar libremen¬ 
te; y cuando en fin, no tenemos la mayoría del 
pueblo, culpa de estas calamidades, por que no ha¬ 
cemos fraudes en las elecciones y respetamos á to¬ 
dos,—entonces, solamente Qntónces tendremos de¬ 
recho de echar, por medio de la revolución á esos 
gobernantes inmorales. 

7.—En'resúmen: 1.® A los gobernantas olegidos 
contra la voluntad de la mayoría, no se les debe ha¬ 
cer revolución porque se pueden portar bien en el 
gobierno. 2.® Aunque no se comporten bien, tam¬ 
poco se les debe hacer revolución; pues se consigue 
mejor resultado pacíficamente, destitnvendolesde sus 
empleos, ó imponiéndoles las penas 
tes á los delitos que cometen. 3.® Aunque sea impo¬ 
sible destituirlos ó aplicarles las penas inmediata¬ 
mente, conviene esperar á que bajen del poder para 
castigarlos, y no hacer revolución. 4.® Aunque 
probablemente no se les pueda castigar tampoco es 
bueno hacer revolución si se puede trabajar con 
libertad en las elecciones próximas y elegir gober¬ 
nantes mejores. 5.® Aunque en las elecciones próxi¬ 
mas no puedan los ciudadanos votar con libertad, 
tampoco es justa la revolución, si todos los partidos 
acostumbran, á cometer fraudes, violencias ú otras 
inmoralidades durante las elecciones, pues con la 
revolución no se conseguiría que los ciudadanos fue¬ 
ran mas morales. Los ciudadanos se moralizan cuan¬ 
do se les educa, y no cuando se les hace pelear. 
6.® y. último: La revolución solo es permitida cuan¬ 
do sin culpa de los ciudadanos se han apoderado 
del gobierno algunos hombres degradados y no hay 
esperanzas ni médios de echarlos pacíficamente en 
muchos años. 


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SEGUNDA PARTE 


XIII 

Entre cuantas personas reparte el pueblo las tareas del gobier¬ 
no. Los gobernántes podero.sos. Peligros. Los tres poderes del 
gobierno. Desgracias que sobrevienen al pueblo cuando entrega, 
el gobierno á una sola persona. 

1.—Al pueblo corresponde decir en la constitución 
cuantos empleados quiere tener en su gobierno; si 
quiere ser gobernado por muchos ó por uno solo. 

«Si nombro á un empleado solo, dice el pueblo, que 
me preste todos los servicios del ^bierno, que haga 
leyes, vijile su cumplimiento, persiga á los criminales, 
disponga de fuerza para defenderme, y administre jus¬ 
ticia,— ese hombre será muy poderoso.» Cuantas 
mas obligaciones se encomiendan á un empleado, 
mayor es la fuerza de que dispone; porque interviene 
en mas negocios y dá mas órdenes. 

«No es bueno, dice el pueblo, tener un empleado 
muy poderoso, por que si desgraciadamente es un 
hombre malo; como dispone de tanta fuerza, puede 
causarme considerables males.» 

«Me conviene mas, agrega, repartir las tareas del 
gobierno entre muchas personas; así cada emplead», 
tendrá pocas obligaciones y al mismo tiempo pocai 
fuerza; de suerte que, aun cuando sea un hombre da¬ 
ñino ó inepto, no podrá hacerme mucho mal, pues dis¬ 
pondrá de poca fuerza; desempeñará mal algunas 
obligaciones, las pocas que le encomiende, pero 
nunca conseguirá hacer malo todo el gobierno, porque- 
le he privado de intervenir en los demas asuntos.» • 

Piensa también el pueblo que aun cuando fuera 


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— 74 — 

muy trabajador y muy ilustrado el hombre á quien 
encargara la dirección de todos los asuntos del go¬ 
bierno, le faltarla tiempo para atender con provecho 
las innumerables ocqpaciones de,su empleo. 

Para no tener un gobernante muy poderoso, lo cual 
es un peligro como se ha visto, por el daño que puede 
causar si el hombre es malo, y para ser también mejor 
servido, nombra tres clases de empleados ó gober¬ 
nantes. A unos les dice <A vds. les doy el poder de 
hacer leyes, ó sea el Poder Legislativo* (Represen¬ 
tantes y Senadores); á otros les dice: «A vds. confio el 
poder de hacer cumplir y respetar esas leyes, ó sea, 
el Poder Ejecutivo*] (Presidente, Ministros &) y á 
otros les dice, en fin: «Encargúense vdsi de adminis¬ 
trar justicia, arreglando las disputas de los hombres 
y castigando á los malhechores; les entorego el P^der 
Jíídicioi» (jueces). (1) , ' 

2.—Con frecuencia se oye decir á cierta gente: • 
«Dejemos gobernar á uno solo. ^ío hay necesidad 
de tantos gobernantes. Siendo pocos se entienden 
mejor y hacen las cosas mas lijero. 'One uno sea el 
gefe de todos y eso basta. Se anda mas lijero, es 
verdad, pero no se hace lo mas favorable al puebió. 
El hombre que se ve rodeado de mucho poder, aun 
que haya sido humiilde, se convierte en s6berli»o, se 
cree superior á todos, se acoshimbraá dar órdenes y 
á ser obedecido, se vuelve caprichosoj y como el solo 
manda y tiene toda la fuerza, nadie, le puede decir 
nada, todos están obligados á callarse; á obedecer 
sus gustos, SUS caprichos, y á soportar sos injusticias). 

Si quiera cuando los gobernantes son muchos hay 
medios de destituir y castigar al que se porte mal, 
por que no tiene como resistirse á la justicia; pero 
á un giobernante poderoso ¿quien le puede • decir 
nada?, ¿quién le puede castigar? Es superior á todos: 
hace cuanto quiere, y no hay mas remedio que con¬ 
formarse. 

Gobernantes de esa clase no dejan hablar en con*- 

(1) Ari . 14 de la Constitución citada. 


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76 — 


tra de ellos, ni contra sus malas acciones. Solo con¬ 
sienten elojios. Por este medio consiguen que el pue¬ 
blo conozca sus buenas obras é ignore los males que 
produce, así es que, cuando hay un gobernante co¬ 
mo estos, se oye siempre decir: «Nunca hemos te¬ 
nido mejor gobierno; procuremos conservar á este 
hombre en el poder.» 

Triste suerte la del pueblo cuando pronuncia esas 
palabras! 

Cuanto peor le gobiernan y mas le engañan, tan¬ 
to mas feliz se considera. La mas grande de las des¬ 
dichas es ignorar nuestros mismos males por que no 
procuramos remediarlo». 

3.—Nunca debe conformairse el poeUl® Icoa qae io 
gobierne un hombre solo, porque ese gobeuuairte 
deja de serón simple empleado desde que secón- 
vierte en poderoso y nodá cuenta de aús: actos. 

El pueblo que entrega-roluntariameiite todo el go¬ 
bierno á un hombre solo, procede como sí le dijese: 
«Has lo que quíéras de mí; pídeme cuanto dinaro se 
te antoje y no te preocupes de rendirme cuentas, dis¬ 
frútale á tu gusto; maltrátame sí to paarece, persigue 
y castiga á cualquietr’hombre cuando estes de mal 
humor 6 cuando le tengas rabia: no dejes hablar mi 
contra tuya aunque causes daño ü todo al mundo; 
proteje á unos y perjudica á otros;» 

Guando el pueblo habla de esta mmBeca< pierde la 
dignidad y el amor á ^la j:usticia. 

Todo cáudadano está en deber de oontrílbuár á 
que concluya cuanto intes un modo de gobernar tan 
vergonzoso. > 



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- 76 ^ 


XIV 


XIV.—Las leyes. Su necesidad. Lo que sucedería si no hu¬ 
bieran leyes. Quienes deben hacer Jas leyes. Peligros de dar este 
encargo á una sola persona. Las malas leyes. Cámara de Repre¬ 
sentantes. Inconyementes de una sola Cámara. El /Senado. 

1.—Sin leyes no puede haber gobierno bueno. En 
las leyes se nos dice anticipadamente: — tales cosas 
es permitido hacer á los hombres; tales otras les está 
prohibido; estas son las obligaciones de los gober¬ 
nantes; estas otras son obligaciones de los demás 
hombres; tales 6 cuales penas, en fin, sufrirán los 
■ cripainales, ya sean simples hombres del pueblo ó 
gobernantes. 

Las leyes, siendo justas como deben ser, nos per¬ 
miten hacer todas aquellas cosas á que tenemos dere¬ 
cho, y solo nos prohíben ejecutar las cosas malas; es 
decir, nos permiten trabajar, adquirir fortuna, disfru¬ 
tarla, nos permiten viajar, por donde queremos, escri¬ 
bir, hablar, enseñar cuanto nos parezca útil; y nos 
prohíben robar, asesinar, cometer delitos. 

Faltando esas leyes ¿qué seria de nosotros! Los go¬ 
bernantes harían lo que so les diera la gana. Todos 
dependeríamos de sus caprichos. En vez de ser em¬ 
pleados del pueblo, serían amos. Careciendo de leyes, 
un gobernante podia decirme: «le prohíbo á Vd. an¬ 
idar por la calle»; y á otro hombre le podría decir: 
«ande Vd. por donde quiera». A un criminal famoso, 
acostumbrado á cometer robos y asesinatos diaria¬ 
mente, podría el gobernante dejarle sin castigo, y á 
cualquier pobre que hubiese cometido una pequeña 
falta, podría castigarle severamente y hasta conde¬ 
narle á morir. 

A unos permitiría trabajar, á otros los molestaría 
en su trabajo; á unos dejaría tranquilos en sus casas, 


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á otros los ocharía del país; á unos les quitaría su for¬ 
tuna, hundiéndolos en la miseria, para disfrutar él 
mismo de esa riqueza ajena, ó para regalarla á sus 
amigos. 

En esta situación, los hombres no pueden vivir bien, 
ni conservan sus derechos. Donde no hay leyes, los 
gobernantes no son empleados del pueblo, son como 
sus amos, son tiranos. 

2.—Las leyes son necesarias, como se acaba de ver. 
Pero ¿quién las hará? una sola persona ó varias? Una 
sola persona carece de tiempo suficiente. Esas leyes 
son muchas, y aunque tuviera tiempo; no haría siem¬ 
pre las mejores leyes. Un hombre, se puede equivo¬ 
car con frecuencia; pero no se equivocan tan fácil¬ 
mente muchos hombres reunidos, pues cuando al¬ 
guno se equivoca, otros le corrijen, cuando alguno 
quiere hacer una injusticia, otros se lo impiden. De 
este modo hallándose muchos hombres reunidos, es 
posible dictar mejores leyes, que si un hombre sola¬ 
mente las hiciera. 

El pueblo se preocupa mucho de tener leyes bien 
hechas; pues una ley mala, ocasiona perjuicios con¬ 
siderables. Una ley obliga generalmemte á todo el 
pueblo: si la ley es mala, si es injusta, no causa daños 
e injusticias á dos ó tres personas únicamente, causa 
daños é injusticias á todas las personas obligadas á 
cumplirla, es decir, á todo el pueblo. 

Cualquier injusticia de la ley, es una injusticia he¬ 
cha á todos los hombres del pueblo; todos están obli¬ 
gados á cumplir esa ley y á soportar esa injusticia. 

Este peligro de que se hagan leyes malas, quiere 
evitar el pueblo, y por eso dice: <Las leyes no serán 
hechas por un hombre solo; pues ese hombre por 
error, por capricho, ó maldad, puede dictar leyes 
muy injustas; las leyes deberán hacerse por muchas 
personas de mi confianza, y á quienes yo mismo ele- 
Jiré.» 

Esos empleados que hacen leyes se llaman repre¬ 
sentantes ó diputados, todos trabajan reunidos, for¬ 
mando la cámara de representantes. 


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3.—Pero no está conforme e9 puéble todavía, con 
entregar á nna cámara, compuesta de macho® ciuda¬ 
danos, el poder de dictar leyes. Teáae con razón, que 
esas leyes no se hagan como es debido. . 

üna sola cámara^ aun cuando esté compuesta 'de 
muchas personas, es capaz de equivocarse; pues esas 
personas, por imprudencia, por íío pensarle bien é 
por deseo de hacer mal, pueden dictar leyes injustas; 
un representante hombre de talento acostumbrado á 
hablar muy bien, puede convencer y engañar á sus 
compañeros j haciéndole^ aprobar leyes peijudiciales 
al pueblo. 

Ahora bien; -«Si una sola cámara, dice el pueblo, 
no es capaz siempre de hacer muy buenas leyes, 
nombraré dos cámaras. Una ayudará á la otra, y en¬ 
tre las dos harán leyes mas sabias. Guando una se 
equÍTogne, la otra corregirá esa equivocácion; y cuan¬ 
do las dos cámaras están conformes en aprobar una 
ley, es muy probable que esa ley sea buena, pues 
dos cámaras, compuestas de tantos ciudadanes ne se 
han de equivocar facflmmite.> 

«Es verdad, agrega él pueblo, que cuando una-cᬠ
mara quiéra dictar una ley buema y la otra-se oponga 
moveré privado de esa ley; pero, eomb ha de 
Tale mas que las cámaras dejen ñe haeer algunas le¬ 
yes, y no que hagan muchas, pero muchas leyes 
malas.» ' ■ 

Por esto ha resuelto el pueblo tenor -dos cáma¬ 
ras; una de representantes y otra do 9 maáore$^é sea 
el senada. 1(1) 

(1) Art. 15 y 16 de la CoBstítáMon. . 


t 


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XY.—Distintas opiniüucs de la gente del pueblo. Convenieui- 
eiaa de Uevap á la C/ámara de, llepresentantes, hombres que ^o- 
fosen-esás distintas' opíiiofreS^., Xtínsertí íe Représentsfutes; El 
ceaob. Qait/áéiV/o poedea sét'el^gideelTepcSscqíttamteSi Dntncioa 
4t> lai Gimaroi. Jtesumea. 

t.---NüBoa píien8a^;lela| lobooúir^ del misiiao med&: 
6iennralmeote cadatiao' se acaerda die> su puopío 
j s«i olYldai dd ble» délos demáa. Así, cuando bablaa 
del gobierno, cuando hablan de política, profesan 
xLw^as opiniones distintas. 

Los headbres de campaña, los dueños de estancias, 
seíexpresan de este modo: 

«En este país no so puede vivir en paz, ni trabajar, 
núentras no se hagan leyes y se castiguen severa¬ 
mente á los ladrones de ganados, y á los peleadores 
que,, por cualquier cosa, matan á un hombre de bien.» 

Los-abogados, cuya ocupación es pedir justicia y 
defender á los hombres en las disputas ó pleitos que 
sostiiNien delante de los jueces, hablan asi: 

«Laa Gámaoras deben, ante todo, hacer leyes, perlas 
cuales se mande á los jueces administrar pronto la 
justicia. Donde no hay juaticiai de nada sirven las le¬ 
yes, loa hembras se hacen dáñennos á otros, y es ce- 
mo'si no asistiera gobiemo.»- 

Loa ciudadanos á quienes se les ha puesto presos, 
ó á quienes se les ha castigado ipjustamente, exelaí- 
man: «Faltan á su deber las Claras, si no hacen le¬ 
yes mandando castigar con penas fuertes á los em- 
l^ieados malos y soberbios, qyie validos de sut podar, 
insultan y maUratan á cualquier hombre, cuando se 
les antoja.». 

Los escritores de diarios repiten siempre: 

Hagan kj^es las cámaras, diciendo en ellas,que na- 
nos inqpttda escribir cuanto queramos.» Y otros. 


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á quienes se ha insultado por esos diarios contestan: 
Esta bueno, hagan esas leyes las cámaras dejando á 
cada uno escribir libremente; pero hagan leyes tam¬ 
bién para castigar á los insultadores.» 

Cada hombre pues, pide alguna cosa justa; pero na 
todas las cosas justas que es conyeniente pedir al go¬ 
bierno. 

2. Cuando la mayor parte del pueblo se compone 
de hombres honrados, todos piden buenas leyes. 
Unos piden leyes para escribir con libertad; otros pi¬ 
den leyes para trabajar también libremente y vivir 
sosegados; otros para castigar á los criminales, otros 
que han sido injustamente maltratados, para que no 
se imponga pena á un hombre 'antes dé probarle su 
delito. 

El modo de obtener todas esas leyes provechosas y 
justas es reunir las distintas opiniones de los hom¬ 
bres, nombrando representantes que tengan las mis¬ 
mas opiniones que la gente del pueblo. 

De esta manera, cuando se hallen reunidos los re¬ 
presentantes, á unos se les ocurrirá proponer leyes 
para asegurar la vida, la fortuna y la paz; á otros, le¬ 
yes sobre el derecho de escribir, de hablar, de ense¬ 
ñar etc. 

En las Cámaras se deben defender todos los buenos 
deseos y las buenas opiniones de la gente del pueblo; 
y como esas opiniones son muchas, debe haber tam¬ 
bién muchos representantes para que cada uno tenga 
en la Cámara quien deñenda sus opiniones. Por eso, 
en algunas naciones muy grandes, de 30 á 40 millones 
de habitantes, las cámaras se componen de 400 á 500 
diputados. 

Cuanto menor sea en un país el número de sus ha¬ 
bitantes, tanto mas chicas serán las cámaras, pero si 
aumenta la población, el número de representantes 
debe aumentar también; porque habrá necesidad de 
representar mas opiniones en la Cámara. 

Sin embargo las cámaras no deben ser sumamente 
grandes. Nunca será buena una cámara de mil ó dos 
mil personas; pues si fuera tan grande, con dificultad 


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se entenderían los representantes; habría continuos 
barullos; no seria posible discutir con calma; y las 
leyes tendrían muchos defectos. 

3. —Es necesario saber cuantos representantes de¬ 
ben elejirse. Una ley dice, por ejemplo: Se elejirá un 
representante por cada dos mil personas.» Según esa 
ley, si existieran cincuenta mil personas en toda la 
población, deberían elejirse 25 representantes. 

Pero la población de un país varía continuamente, 
el número de sus representantes ha de variar también; 
por eso es preciso averiguar también de tiempo en 
tiempo, la cantidad de gente que hay en el país, para 
saber cuantos representantes se han de elegir. 

Esa Operación, que consiste en contar el número 
de habitantes del país, se llama censo. 

Cada seis ú ocho años años conviene levantar el 
censo de la población. 

4. —Falta decir ahora, á quienes puede elejir el 
pueblo para desempeñar el cargo de representante. 
El tiene derecho de nombrar á los ciudadanos de su 
■confianza; pero al mismo tiempo comprende que 
ciertas personas son incapaces de hacer buenas 
leyes. 

Los que no sepan leer y esciibir, ménos sabrán 
hacer leyes ni tampoco sabran hacerlas buenas, los 
que no puedan votar por no ser ciudadanos; es decir, 
los criminales, niños, ébrios, estranjeros recien veni¬ 
dos, soldadps de línea &. 

Hoy además otras personas capases de votar, pero 
no muy capaces de proponer y de hacer leyes en 
la cámara 

Estas personas son los hombres jóvenes de 18 á 20 
años. Sabrán votar en las elecciones, es verdad; pero 
como representantes, no harán muy buenas leyes. 
Para hacer leyes se necesita tener mucho juicio y 
bastante esperíencia. 

Si se permitiera que personas tan jóvenes fueran 
á la cámara como representantes, podrían algunos 
hombres mal intencionados, hacer elejir representan¬ 
tes á unos cuantos muchachos, y después tenerlos en 


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— 82 — 


la Cámara t> 9 jo sus órdenes, para que aq^robasen 
cuantas leyes se les antojara dictar. 

Por esta razón se exigen generalmente 25 años 
para ser elegido representante.. 

A cualquier persona, se puede elegir representante;, 
si es hombre, como de 25 años, si sabe leer y escribir 
y si es ciudadano. 

Cuando el hombrea quien el pueblo quiere nombrar 
representante suyo, es extranjero, conviene exigirle 
ademas que viva primeramente 8 ó 10 años en el país, 
antes de ser elegido; de otro modo ignoraría los asun¬ 
tos del pueblo y no sería un buen representante. 

5. —Suele decir el pueblo en su constitución: «Nin¬ 
gún ciudadano será elejido representante sinó tiene 
cuatro ó cinco mil pesos.» 

Eso no se debe decir en la constitución ni en 
cualquiera otra ley. Es una injusticia. Es un mal para 
el mismo pueblo. Hay ciudadanos pobres, muy po¬ 
bres; pero de mucho talento y llenos dé virtudes. El 
pueblo tiene interés en nombrar representantes á esas 
personas- Le conviene poner en la cámara á hom¬ 
bres inteligentes y virtuosos. 

Esos son los que pueden dictar mejores leyes, y 
no los hombres ricos, destituidos de talento y hon¬ 
radez. 

6. —cuanto al tiempo que deben durar los re¬ 
presentantes en su empleo, ha dicho el pueblo; «Los 
representantes deben durar pocos años en la cámara. 
Así, de cuando en cuando, yo podré elegir repre¬ 
sentantes á mi gusto, y en la cámara habrá hO'iz^res 
de toda mi confianza.» 

El pueblo reporta machas ventajas, cuando elije 
de tiempo en tiempo, cada tres ó cuatro años, re¬ 
presentantes nuevos; pues asi se vé libre de aque¬ 
llos representantes anteriores que no cumplían su 
deber, que descuidaban sus obligaciones, y eran ha¬ 
raganes^ malos y perjudiciales al pueblo. 

Ño sufre perjuicio el pueblo, haciendo salir deila 
cámara á sus representantes, después de habe^ tras¬ 
currido cierto tiempo. Dejarán la cámara algunos 


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— 83 — 


hombres muy honrados, es verdad; pero esto no es 
un mal irreparable; pues, sí el pueblo tiene confianza 
en ellos, puede volverlos á nombrar inmediatamente 
y el inconveniente está remediado. 

Estas razones han hecho decir al pueblo;» mis re¬ 
presentantes solo durarán, tres (ó cuatro) años; des¬ 
pués elejiré otros nuevos. 

7. En resumen: La cámara de diputados debe com¬ 
ponerse de muchos individuos elejidos—por el pue¬ 
blo mismo entre los ciudadanos de su confianza. Es 
bueno que énla cámara haya muchas personas, así 
habrá también muchas opiniones; se dirán en ella to¬ 
dos los deseos y las opiniones de la gente del pueblo; 
las leyes serán hechas á gusto de todos y para favore¬ 
cer á todos; no á gusto de unos cuantos y para favore¬ 
cer solamente á unos cuantos. 

Los representantes deben ser ciudadanos y hom¬ 
bres de juicio. Basta que sean horados, aun cuando 
no sean rt<»s. 

Durará en su empleo, tres ó cuatro años cuando 
mas; después se elejiran otros; así saldrán de la ca- 
mara los que no se hayan portado bien y entraran 
otros de la confianza del pueblo.» 

« (1) Alt.' 18 hasta el art. 2.5 iBclusíve de la Constitución 

Oriental- 


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— 84 — 


XVI 


XVI;— El Senado. Número de sus miembros. Sistema de elec¬ 
ción de Senadores. Duración de estos en su empleo. Renovación 
parcial del Senado. Fines á que responde. 

1. —El poder de diciar leyes, corresponde, no solo 
á la cámara de representantes sino también á la cᬠ
mara de senadores. 

«Yo nombro senadores, dice el pueblo, con el obje¬ 
to de que ayuden á mis representantes en la tarea de 
hacer leyes, y corrijan y eviten, en cuanto le sea po¬ 
sible los errores y las injusticias de estos últimos.» 

Pero eso, de corregir la obra de los representantes, 
es un cargo muy diflcil de cumplir. Es pneciso que 
los senadores sean hombres de mucha esperiencia, 
de mas esperiencia que los representantes. Deben te- ' 
ner 30 años por lo menos. 

2. —El senado necesita estudiar con mucha calma 
las leyes propuestas por los representantes', así úni¬ 
camente examinará bien esas leyes propuestas, 6 sea 
esos proyectos de ley. 

El senado no puede ser muy numeroso, si quiere 
conservar la suficiente calma en la discusión. El nú¬ 
mero de senadores debe ser, inferior al de represen¬ 
tantes. 

Unas pocas personas conversan y discuten tranqui¬ 
lamente, sin cometer imprudencias ni ligerezas; pero 
si se reúnen muchas, entonces las discusiones son 
acaloradas; todos gritan, se entusiasman se confunden, 
exajeran, y las cosas no salen bien hechas. 

Esto mismo, les suele pasar á los representantes 
por ser muy numerosos; y el senado, siendo pequeño, 
y estudiando las cO.sas fríamente, evita en muchas 
ocasiones los errores de los representantes. 

3. —Refieccionando el pueblo, sobre la manera. 


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como conviene nombrar á los senadores, ha dicho: 
«No conviene que sean nombrados por los mismos 
ciudadanos, pues estos no van á elejirá las personas 
mas respetables; van á elejir á sus amigos, como lo 
hacen, cuando se trata de elejir representantes. 

A mas, si la mayoría de los ciudadanos que elijen á 
los representantes, nombrase también á los senado¬ 
res, unos y otros pensarían, á menudo, del mismo 
modo. Esto seria malísimo, porque si los senadores 
hicieran cuanto digesen los representantes, ó si los 
representantes hicieran, cuanto aconsejasen los sena¬ 
dores, no habría necesidad de mantener dos cámaras: 
Una bastaría. 

Es útil que las dos Cámaras no piensen sieiúpre del 
mismo modo. Cuando no están contormes, una ála 
otra se corrige, y de esta suerte, se tienen leyes bien 
hechas, bien pensadas. 

La elección de senadores no debe hacerla el mis¬ 
mo pueblo, sino otros empleados, á quienes éste, en 
su'constitución, les confie el encargo de nombrar 
senadores. (1) 

4.—El pueblo tiene un defecto muy grande. Cam¬ 
bia de opiniones á cada momento. 

Hoy piensa de un modo y mañana de otro; y como 
manda siempre á la cámara, representantes de sus 
mismas opiniones, puede suceder que los represen¬ 
tantes nuevos tengan ideas contrarias á las ideas de 
los representantes anteriores. 

Puede suceder también, que á esos representantes 
nuevos, se les ocurra destruir todas las leyes hechas 
por los otros. Cambiar leyes á cada instante es muy 

Ü) El sirítema de colejios electorales para el nombraTniento de 
senadores, sesnn se halla establecido en nuestra constitución, es 
el peor de todos los sistemas; el safrajio no se purifica como se 
desea; pues los electores cuando no obedecen al mandato iiMera- 
tiyo del partido que los elije, ceden, casi siempre á las influen¬ 
cias inmorales de la intriga, de la tuerza, ó del dinero. En los 
gobiernos unitarios como el nuestro, donde no hay legislaturas 
proTinciales, que nombran á los senadores nacionales, seria mas 
conveniente quizá, confiar esa elección al municipio, como su¬ 
ceda en Bélgica. 


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— 86 — 


peligroso. Antes de cambiar una ley es preciso pen¬ 
sarlo bastante tiempo. Las leyes hechas con ligereza 
suelen ser malas; suelen hacerse para favorecer mo¬ 
mentáneamente á unos cuantos hombres, y no á todo 
el pueblo. 

Este peligro de que se cambien las Iwes muy se¬ 
guido, lo evita el pueblo, diciendo en su tíonstitucion; 
«Los Senadores, duran en el empleo, mucho tiempo: 
seis ú ocho años ». De este modo ios senadores, que 
hace cinco ó seis años, contribuyeron á formar una 
ley, no querrán combiaria, aun cuando, así lo quieran 
otros representantes nuevos. 

Los senadores deben durar mas tiempo que los re¬ 
presentantes en el onpleo, con el objeto de impedir á 
estos el cambio pronto de las leyes. 

5.—Sin embargo, en algunas ocasiones, es necesa¬ 
rio hacer ligero leyes nuevas; por ejemplo: cuando 
las viejas no sirven y perjudican al pueblo. En tales 
casos, harían mucho daño los senadores, si quisieran 
conservar las leyes viejas. 

m pueblo sufriría sus caprichos injustos..^ Por lo vis¬ 
to, es bueno que los senadores, tengan algunas veces 
opiniones distintas á las de los .rejtresentantes; pero 
no es bueno que tengan siempre opiniones contrarias 
alas del pueblo. 

Yeamos como se remedia este ineonv^ente. 

«Para conseguir, dice el pueblo, que mis senadores 
no piensen siempre como mis representantes, el se¬ 
nado durará seis (ü ocio) años^ y la cámara de repare- 
sentantes, tres (ó cuatro), y para impedir que los se¬ 
nadores tengan, en todas las cuestiones, ideas con¬ 
trarias á las mias, aun cuando algunos deban durar 
seis (ú ocho) años en su empleo, cada dos años, sin 
embargo, saldrán del senado la tercera parte de ellos 
y se elejiran otros nuevos á mi gusto.» 

Según este arreglo, una tercera parte de los sena¬ 
dores, durará dos años en el senado; otra tercera 
parte, cuatro años, y la otra seis años si únicamente 
seis años es la duración del senado. 


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Y para saber que senadores han de estar en el se¬ 
ñado solo dos años, ó los cuatro, ó los seis, se acos¬ 
tumbra jugar á la suerte. (1) 

(1) Art. 27 hasta el artículo 31 inclusive de la Constitucjoii. 


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- 88 


XVII 


XVII.—Precauciones que toma el pueblo para conseguir que 
las Cámaras hagan buenas leyes. Trabajan separadas. Cualquier 
hombre puede presentar proyectos de ley. El presidente y secre¬ 
tario de la Cámara. Porque dejan de trabajar las Cámsras en cier¬ 
ta época del año. Comisión Permanente. A los Bepresentantes y 
Senadores no se les lleva preso como á los demás hombres. 
Cuando seles puede aprehender. El juicio ante el Senado. 


1. —Muchas precauciones ha tomado el pueblo al 
hacer su constitución para conseguir que sus repre¬ 
sentantes y senadores dictasen buenas leyes. 

Ha dicho, entre otras cosas: «Los senadores traba¬ 
jarán separados de los representantes; cada cual en 
su cámara.» Si uno y otro trabajaran juntos, no hu¬ 
biera sido preciso formar dos cámaras. Porque reu¬ 
niéndose en una cámara senadores y representantes, 
estos últimos, como son muchos, nunca harían caso 
del senado. Nada les importaría sus consejos. Es 
como sino hubiera senadores. (1) 

Trabajan por, consiguiente, separados unos de 
otros. Tienen, eso si, igual poder. Una ley no es obli¬ 
gatoria, mientras no la aprueban las dos cámaras; 
mientras no están conformes la mayor parte de sena¬ 
dores y de representantes. 

2. —A mas de estas precauciones necesarias, ha 
querido también que las cámaras escuchen siempre la 
Opinión de cualquier persona bien intencionada y ha 
dicho: «No solo los senadores y representantes po¬ 
drán presentar á las cámaras proyectos de ley y pedir 


(1) El art. 61 de la Cpnstitueion, que pre.scribe la reunión de 
las dos cámaras en una sola, formando asamblea general, cuando 
existe disidencia de opiniones entre ellas sobre la aprobación de 
algún proyecto de ley, destruye completamente la influencia 
benéfica que podria ejercer el senado en la formación de las le¬ 
yes, como cuerpo esceucialmente moderador. 


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— so¬ 


sa aprobación. Eso puede hacerlo cualquier indivi¬ 
duo, sea ó no sea empleado del pueblo. «Guando yo 
creo conveniente formar un proyecto de ley, le hago, 
le llevo á las cámaras y les digo á senadores y á re¬ 
presentantes: «Lean este proyecto, y en caso de pare- 
cerles bueno, apruébenle y conviértanle en ley del 
pueblo». 

Ellos están obligados á escucharme; si les gusta mi 
proyecto, le aprueban, es decir, le sancionan si no, 
le rechazan. Con permitir semejante cosa, no se pro¬ 
duce ningún mal á las cámaras; al contrario, es un 
bien; pues asi, cualquier persona puede ayudarlas á 
dictar leyes útiles y proponiendo algunas que <|uiza 
no se les hubiera ocurrido á representantes, ni á se¬ 
nadores. 

3. —Manda además el pueblo, que cada Cámara ten¬ 
ga un presidente, encargado de diryir las discusiones 
y los demas trabajos de la Cámara. (1) 

Faltando el presidente ó director de trabajos, no se 
podrían entender representantes ni senadores. Siem¬ 
pre que se reúnen los hombres para ocuparse de 
un asunto cualquiera, nombran á uno que los dirí¬ 
ja; de otro modo nada consiguen hacer. 

Hay también en cada Cámara, otra persona encar¬ 
gada de escribir en un libro, todo cuanto en ella se 
dice y se hace. Esa persona es el Secretario, y ese re¬ 
lato que hace de cada reunión ó sesión se llama acta. 
El acta es necesaria para saber lo que se ha resuelto 
en la cámara. 

4. —Los representantes y senadores no trabajan se¬ 
guido dos 6 tres ó cuatro años en su empleo. El pue¬ 
blo les ha dicho: «No estén siempre reunidos en la 
cámara haciendo leyes, retírense á sus casas en cierta 
época del año; conversen con los ciudadanos, sobre 
las leyes que conviene hacer; estudien bastante, y 
después vuelvan á la cámara y trabajen de nuevo.» 
Las leyes no se hacen como quiera; es preciso pensar, 
estudiar trabajar mucho (2). 

(1) Alt. 45 de la Constitución. 

'j2j Art. 40 de la Constitución. 


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En esas épocas del año^ en que representantes y se¬ 
nadores abandonan sus cámaras (por algún tiempo, 
dejan generalmente una pequeña comisión, com¬ 
puesta de unos cuantos senadores y representantes, 
para que se ocupen de algunos asuntos de poca im¬ 
portancia; Esa comisión se llama comisión perma¬ 
nente. (1.) 

5. —Sabe el pueblo muy bien, cuán difíciles de cum¬ 

plir son las obligaciones de senadores y representan¬ 
tes, y por eso quiere que nadie los moleste ni los per¬ 
turbe, y hasta les suele tolerar ciertas cosas prohibi¬ 
das á los demás hombres. I 

A un senador ó representante nadie le puede llevar 
preso, como á otro hombre cualquiera, por simples 
sospechas de algún delito; solo se le puede poner 
preso, cuando se le descubre cometiendo un crimen. 

Un senador 6 representante puede decir en la cᬠ
mara cuanto le parezca bueno, para defender sus opi¬ 
niones; nadie tendrá derecho para pedir se le^oasti- 
gue, por haber dicho falsedades, por- haber insultado; 
cuando mas, el presidente de la cámara, le hará ca¬ 
llar, si mete mucho escándalo. (2) 

Un senador ó representante, en fin, no podrá ser 
llevado ante un juez y castigado^ como los demás 
hombres, mientras desempeñe el empleo. 

Todos estos favores hace el pueblo á sus represen¬ 
tantes y senadores, para que dicten buenas leyes, y 
no digan después: cNo hemos cumplido nuestros de¬ 
beres, porque nos han incomodado; nos han puesto 
presos; nos han perseguido, etc.» 

6. —Un representante ó senador, según se ha dicho, 
no puede ser castigado mientras ocupe su empleo; 
pero esto no quiere decir que si roba, mata, ó comete 
algún otro crimen, haya de quedarse sin castigo. No; 
mientras sea representante ó senador no se le castiga, 
es cierto; pero si comete un crimen, y se hace indigno 
de ocupar empleo tan distinguido, se le puede y se le 
debe echar del empleo, y cuando deje de ser emplea- 

(1) Art. 54 hasta 58 inclusive de la Constitución. 

(2) Art. 50 de la Constitución. 


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do, se le debe castigar, como á cualquier malhechor. 

Pero quien estará facultado para echar al represen¬ 
tante ó senador criminal? Será el presidente? Será la 
policía? No; porque si la policía ó el presidente tuvie¬ 
sen esa facultad, podrían, cuando sé [les antojase, 
echar de las cámaras á todos los senadores y repre¬ 
sentantes juntos, á pretesto de que eran criminales. 

Esto no quiere permitir el pueblo y dice: « Mis re¬ 
presentantes y senadores están en la cámara por mi 
voluntad, y no por la voluntad de la policía ó del pre¬ 
sidente. Todos mis empleados deben respetar á las 
cámaras. Cuando algún representante ó senador co¬ 
meta delito, solo le podrán espulsar de la cámara sus 
demás compañeros ». 

El senado, por hallarse compuesto de personas muy 
respetables, es quien tiene comunmente la facultad 
de echar de las cámaras á sus empleados crimina¬ 
les. (1) 

7.—Los mismos representantes echan de la cámara 
á cualquiera de sus compañeros, cuando se le descu¬ 
bre ejecutando, por ejemplo, un robo, un asesinato ú 
otro delito de esos que cometen cualquier hombre 
malo. 

Pero si se descubre que un representante falta á 
sus deberes de empleado, y comete algún delito en la 
cámara, haciendo, por ejemplo, traición al pueblo, 
recibiendo dinero de alguno, en pago de haber defen¬ 
dido una ley injusta, ó en otro caso semejante; enton¬ 
ces es el senado quien puede echarle de la cámara. 

El pueblo dice sobre ese asunto: <E1 senado es ca¬ 
paz de apreciar con mas justicia que la cámara de 
representantes, si algún diputado ha faltado á su de¬ 
ber en la cámara, y ha incurrido en delito. 

Los diputados suelen estar peleados y divididos 
cuando no piensan de la misma manera. No seria di- 
flcil que la mayoría de los representantes, dijese al 
menor número; Vds. no piensan como nosotros, por 
que son unos picaros; faltan á su deber; son crimina- 

(1) Art. 26, 51 y 52 de la Constitución. 


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les; hacen traición al pais; por consiguiente los echa¬ 
mos á Yds. de la cámara.» 

Tiene razón el pueblo. Juntándose la mayoría de los 
representantes, serian muy capaces de echar al resto 
de la cámara, si fuesen sus enemigos y les tuvieran 
rabia. 


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XVIII 


XVIII. Las cámaras no pueden hacer leyes injustas. Declara¬ 
ción de derechos. Los Códigos. Leyes de piesnpaesto. Impuestos. 
Confianza del pueblo en la conducta de sus cámaras. En que se 
funda esa confianza. 


1.—La Ocupación principal de las cámaras es dic¬ 
tar leyes. En esas leyes dicen: «Estas cosas pueden 
¿acer los hombres; estas otras se les prohíbe; estas 
son sus obligaciones » Pero, entiéndase bien; aun 
cuando el pueblo ha facultado á sus representantes 
y senadores para dictar leyes, y para decir, por con¬ 
siguiente en ellas, las cosas que se nos permite ó se 
nos prohíbe ejecutar, no están sin embargo, faculta- 
tados para permitirnos ó prohibirnos hacer cuanto 
se les antoje. No. Ellos no tiene esa facultad. Ellos 
no pueden permitirnos en sus leyes cometer crí¬ 
menes, ni prohibirnos hacer una cosa á que tenga¬ 
mos derecho; por ejemplo, no pueden impedirnos 
trabajar, ni quitarnos nnestras riquezas. 

El pueblo ha dicho á sus representantes y senado¬ 
res. Yds. harán leyes; pero no leyes injustas; leyes 
que me perjudiquen; harán leyes para defender los 
derechos de cada hombre, la vida, la fortuna, el tra¬ 
bajo etc. «Como he de autorizar á Yds., agrega, para 
que le quiten á un hombre, por medio de las leyes, 
el derecho de ser respetado, de vivir tranquilo en su 
casa, de viajar por donde quiera; el derercho de 
adquirir fortuna trabajando y de disfrutarla como le 
parezca, ó de regalarla á quien se les antojé; el 
derecho de tener una religión, de enseñarla, de 
hablar en las reuniones, de escribir en los dia¬ 
rios y libros etc., etc., cuando yo mismo, todo el 
pueblo reunido no tengo facultad para quitar á un 
hombre esos derechos que le ha dado Dios;' cuando 
cometiéra un crimen si se los quitase?» 


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- 94 — 


El pueblo escribe sus derechos en las primeras ho¬ 
jas de su constitución y dice á las cámaras: «Yds. 
podrán hacer todas lás leyes que quieran; pero el 
objeto de esas leyes, será cuidar y respetar mis de¬ 
rechos.» 

2.—Entre las leyes hechas por las cámaras, se 
cuentan los códigos. Un código es una gran reunión 
de leyes sobre un asunto cualquiera. 

Por ejemplo, se trata de cuidar el trabajo y la pro¬ 
piedad de cada uno. Entóneos dictan leyes las cena¬ 
ras sobre este asunto, y dicen cuales son nuestros 
derechos y obligaciones, que cosas podemos y de¬ 
bemos hacer en nuestros negocios, arreglos y con¬ 
tratos, en todo cuanto se refiere al manejo de nues¬ 
tra riqueza. 

Se dice en esas leyes.—«Un hombre es dueño de 
todo lo adquirido con su trabajo, de todo lo que le 
regala ó le deja al morir otra persona; y de todo lo 
que se encuentra, sino tiene dueño.» 

Se dice además: «El dueño de una casa, puede dis¬ 
poner de ella, como quiera, es decir: dárla, vender¬ 
la, cambiarla etc.» Dícese también: «Una persona 
solo podrá disponer de su riqueza, cuando tenga 
cierta edad, por ejemplo, 21 años. «Antes de esa 
edad, sus padres cuidan de ella y de su riqueza, en 
caso de poseerla. 

Ese libro lleno de leyes, donde se establecen nues¬ 
tros derechos y obligaciones en el modo de adqui¬ 
rir la fortuna; en nuestros negocios, en nuestros in¬ 
tereses, y en las relaciones de unos con otros, se 
se llama Código Civil; y cuando esas leyes se refie¬ 
ren á negocios de comerciantes, forman el Código Co- 
merciedi 

Se hacen también, por las cámaras, otras leyes, 
c<m el fin de cuidar, la vida, la honra, la riqueza de 
cada imo y castigar á los criminales. Esas leyes 
forman el Código Penal. Del mismo modo se hacen 
otros muchos códigos. 

4.—Pero las cámaras no se limitan á formar có¬ 
digos, también dictan otras leyes muy importantes. 
Veamos. 


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El pueblo paga sueldo á todos sus emideadosICiu- 
guno trabaja de balde. Así debe ser. Es justo ^ue 
k cada uno se pague su trabajo. 

A mas de ser justo, al pueblo le conviene mucho 
no tener empleados de balde. 

Si les paga bien, es bien servido; pero ai no les 
paga 6 si les paga muy poco, los empleados sir¬ 
ven de mala gana, y el pueblo es el que se perjudi¬ 
ca. ¿Quién señalará el sueldo á los empleados? Na¬ 
die me^or que las cámaras; pues en las cámaras 
hay gente para defender, las opiniones de todos los 
hombres del pueblo; de modo que el sueldo seña¬ 
lado por ellas, es como si le señalase el mismo 
pueblo. 

Los representantes y senadores, fijan todos los 
años, por medio de una ley, el sueldo de cada em¬ 
pleado público; pero no se fijan el sueldo de ellos 
mismos. 

Esteno quiere el pueblo, por que teme, con razón, 
que se hagan pagar muy caro sus servicios. Se li¬ 
mitan pues; á señalar el sueldo de los representan¬ 
tes y senadores que los reemplacen, cuando haya 
Otras elecciones. , 

5.—En ninguna clase de empleados, deposita el 
pueblo tanta confianza como en sus representantes 
y senadores. A los primeros, él mismo elije según se 
ha dicho, y á los otros suele hacerlos eiejir por per¬ 
sonas de su confianza. 

La voluntad de las cámaras es casi siempre la vo¬ 
luntad del pueblo. Lo que al pueblo interesa, interesa 
del mismo modo á los empleados de sus cámaras. A 
los hombres del pueblo les conviene que haya leyes 
buenas: á los representantes y senadores también les 
conviene; porque también son hombre del pueblo, iy 
están como todos obligados á cumplir sus propias le^ 
yes. Naturalmente, no les ha de gustar hacer leyes 
que les perjudiquen. No les ha de convenir,-por ejem¬ 
plo, que los dineros del pueblo sean malgastados. 

Ellos son, como se ha dicho, los empleados en 
quienes mas confia el pueblo; y por eso ellos son les 


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encargados de resolver, en que debe emplearse el 
dinero pagado todos los años por el pueblo. 

Solo ellos deben decir también, si han de nombrarse 
mas empleados para ayudar al gobierno, si basta con 
los existentes, ó si es preciso rebajar su número. 

Esa ley hecha cada año por las cámaras, y en la 
cual se dispene como y en que cosa ha de gastarse el 
dinero del pueblo, se llama ley de presupuesto. 

6. —De donde saca el gobierno dinero para atender 
á sus gastos, es cosa sabida, el pueblo le dá. Cada 
habitante del país tiene obligación de pagar algo, to¬ 
dos los años, al gobierno. Ese dinero que paga, se 
llama impuesto. 

El que tenga fortuna ó buena profesión como ga¬ 
narla, debe pagar impuesto. Todos reciben beneficios 
del gobierno. No es justo que unos paguen esos be¬ 
neficios, y otros vivan de balde en el país. Por eso, 
paga impuesto el dueño de casas, de campos, de al- 
macenes,de tiendas, de confiterias etc., y paga im¬ 
puesto el médico, el abogado, el comerciante. 

En algunas ocasiones no alcanza el dinero recojido 
durante el año, para pagar todos los gastos del go¬ 
bierno, y entonces, se pide dinero prestado, á condi¬ 
ción de pagarlo mas adelante, con el producto del 
impuesto. 

Ese contrato por el cual obtiene el gobierno dinero 
prestado se llama empréstito. 

Son las cámaras quienes señalan la cantidad de di¬ 
nero, ó el impuesto que debe pagar cada uno; y al 
mismo tiempo son ellas únicamente, quienes pueden 
permitir que se tome dinero prestado; pues ese dinero 
se paga, al fin y al cabo, con el impuesto. 

7. —Nunca está tan seguro el pueblo de que no pa¬ 
gará impuestos muy crecidos, como cuando esos im¬ 
puestos son señalados por sus representantes y sena¬ 
dores. Los representantes y senadores no puede que¬ 
rer que el pueblo pague impuestos muy grandes, pues 
ellos también se verían obligados á pagarlos. 

Si un representante ó un senador que no es propie¬ 
tario de casas, ni campos, dijera en la cámara: « Va- 


-Tr 

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mos vamos ú sancionar una ley, obligando á los 
dueños de casas y campos á pagar un impuesto muy 
elevado; otros senadores <i representantes, dueños de 
terrenos, dirían: uNo. Esa ley no se debe hacer, por 
que es una injusticia obligarles á pagar tanto á los 
pobres dueños de terrenos.* Y dirían eso, muchas 
veces, porque á ellos también les perjudicaría seme¬ 
jante ley; de modo que, defendiendo sus prqpios in¬ 
tereses defendian igualmente, los intereses de todos 
los dueños de tierras y de casas. 

Otro tanto sucedería, si á los abogados y comer¬ 
ciantes se les quisiera exijir un impuesto muy crecido. 
No habian de faltar, en las cámaras abogadoé y co¬ 
merciantes, que se opusiesen á la aprobación de esa 
ley. 

El pueblo está seguro de no pagar impuestos muy 
ii^ustos, confiando á sus cámaras el encargo de seña¬ 
larlos; pues como los intereses de representantes y 
senadores, son iguales á los intereses -del pueblo, al 
hacer aquellas leyes para su propio bien, hacen mu¬ 
chas veces sin quererlo, leyes para el bien de todo el 
pueblo. (1) 

(1) Art. 17 de la Constitución. 


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— 98 — 


XIX 


XIX. Las loyeg soa órdoacs de las cámaras, ftaien debe cum¬ 
plirlas. El presidente. 8us deberes. Sus empleados auxiliaces- 
Quien los nombra, quien los destituj’e. Que son tratados intorna, 
eionales. El presidente no puede celebrarlos por su propia cuenta. 
Tampoco puede por su cuenta declarar la guerra—ni aumentar 
su ejército. Quien le presta autorización para hacer todo esto. 

1 .—Toda ley es una orden de las cámaras. No es 
necesario pensar mnclio para cumplir esa orden. 
Dictada la ley, es decir, dada la órden, debe cumplirse 
inmediatamente. Antes de dar la órden, antes de dic¬ 
tarse la ley, conviene consultar muchas opiniones, eir 
muchos consejos,^ discutir bastante, para no correr el 
peligro de dictar una órden ó ley injusta; y por eso es 
bueno que las leyes sean hechas por muchas personas, 
sean hechas por representantes y senadores; pero 
después de dictada la ley, desaparece la necesidad ée 
volverla á discutir. 

Para cumplirla no es preciso perder tiempo discu¬ 
tiendo inútilmente. 

Toda órden debe ser obedecida pronto; toda ley 
debe cumplirse en el acto^ 

Y para que la ley se cumpla pronto, y no se pierda 
tiempo discutiendo, el pueblo ha dicho: «Encargo á 
una persona sola, la tarea de hacer cumplir las leyes, 
de hacerlas ejecutar, es decir, le confio el Poder Eje¬ 
cutivo. Esa persona es el presidente. 

Hubiese sido un mal muy grande que el pueblo en¬ 
cargase á muchos el cuidado de hacer ejecutar las 
leyes; perdería el tiempo discutiendo, en vez de cum¬ 
plir pronto las órdenes de las cámaras. (1) 

2.—El presidente, como encargado de ejecutar las 
leyes, hace cobrar los impuestos establecidos por re¬ 
presentantes y senadores. 

(I) Art. 72 de la Constitución. ' 


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Le e»ttEa aLcomereianíey al abrogado, al médico, al 
dueñiO der easa^ de; ganados, de campos, &■&. 

Receje ese dinero, y con el paga sus sueldos á re¬ 
presentantes, senadores, jueces y> demas empleados 
públicos. Pa^ también á los capitalistas (jue prestan 
dinero al gobierno y hace a(ptelIos gastos, para los' 
cualesesté autorizado. No gasta un centesimo sin estar 
autorizado por las cámaras. ' 

3. —Además se halla encargado' el presidente de 
mantener el érden y la tranquilidad en el país; ha¬ 
ciendo cumplir todas aquellas leyes que mandan se 
respete la vida, la riqueza, los derechos de cada uno; 
persigue á la gente mala, á ladrones, asesinos, pe¬ 
leadores, á los que hacen revoluciones y no quieren 
respetar al gobierno. El presidente también defiende 
al pueblo, cuando hay guerra con alguna nación 
estrangera, ó cuando sin existir guerra, pretende una 
nación estrangera entrometerse en los asuntos del 
gobierno, ó no hace caso de las leyes,, ni de los go¬ 
bernantes, y cuando quiere perjudicar al pueblo, co¬ 
metiendo iiy,usticias. (1) 

4. —Claro está, que para llenar tantas obligacio¬ 
nes, necesita tener el presidente muchos empleados 
ásus órdenes. 

Unos cobran el impuesto^ otros pagan sueldos á> 
los entpleados públicos, y se encargan de los di^ás 
pagos; otros cuidan casa, vida, persona y riqueza de 
cada hombre> persiguen á la gente dañina (estos son- 
los empleados de policía); otros defienden al gobier¬ 
no- y al pueblo en caso de guerra (militares); otros 
viven en países estrangeros y arreglan los asuntos y 
cuestiones; que’tiiene el gobierno, con naeiiones estra- 
ñas (ministros diplomMieos y cónsules). 

3.—Aunque el presidente debe andar pronto para 
cumplir las leyes,, y no discutir mucho, s)n embargo 
el pueblo, ha querido, que no tome resolución alguna 
sin estar de acuerdo con ciertos empleados, á quie- 

(1) Art. 79, 80 y 81 de la ConstitQcion, 


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I 


— 100 — 

' nes el mismo presidente nombra (ministros). (1) El 
pueblo ordena esto, porque son muy numerosas las- 
tareas del presidente, y le falta tiempo material para 
pensar en todo lo que debe hacer. 

Estando oblij^ado el presidente á consultar la opi¬ 
nión de otra persona, la opinión de un ministro en 
cada asunto, y á no hacer nada, sinó se hallan con¬ 
formes él y su ministro, quedan mejor repartidas las 
ocupaciones del presidente, hay ménos peligro de 
equivocarse y las leyes se pueden ejecutar mas-pron¬ 
to y con mas acierto. Los ministros ayudan mucho 
al presidente en sus tareas. Sinó fuera por ellos, el 
presidente faltaría con mas frecuencia á su deber. 

Aun cuando está obligado á proceder de acuerdo 
con sus ministros en todos sus actos, no por eso deja 
de andar ligero, cuando se trata de cumplir pronto 
una orden de las cámaras; pues si el ministro no es de 
su opinión, lo echa del empleo y nombra á otro. El 
manda mas que todos los empleados^ del Poder lyecu- 
' tivo, el es el director. 

6—Los empleados cuya ocupación es ayudar al 
presidente, deben ser elejidos por el presidente mismo. 

No le ayudarán muy hien, sino son personas de toda 
su confianza. Por igual razón debe tener también la 
facultad, (y el pueblo se la concede), de echarlos del 
empleo, cuando no le gusten, cuando crean que no se 
portan bien, ni le son fieles. ¿Como ppdrá cumplir sus 
obligaciones un presidente, siendo enemigos suyos 
los mismos empleados que le deben de ayudar? Sino 
obedecen cualquier orden del presidente, pueden 
. ocasionar muchos males, y si disponen de alguna 
fuerza, hasta son capaces de hacerle revolución. 

Por esto el presidente, tiene facultad de echar, cuan¬ 
do se le antoje, á los ministros, gefes de policia, co¬ 
misarios, gefes y oficiales de'batallones, &, sin nece¬ 
sidad de dar cuenta á otros, de semejantes cosas. 

Solo se esceptuan de esta regla, aquellos empleados 
muy inferiores, que pueden cumplir su deber aun 

(I) Art. 85 hrtsta 90 inclusive de la Constitución. 




— 101 — 


cuando no sean amigos del presidente, aun cuando 
ni siquiera le conozcan. » ' 

A estos empleados inferiores sola se les debe echar 
del empleo en caso de faltar á sus deberes. 

7. —Siempre está en relación el presidente con go¬ 
biernos estfangeros, por intermedio de sus ministros, 
diplomáticos y cónsules. A veces hace ciertos arreglos, 
ó tratados con esos gobiernos. 

Celebra, por ejemplo, un tratado con el gobierno 
argentino, en el cual se dice lo siguiente: «Los bu¬ 
ques argentinos podrán navegar libremente en los 
rios de la República Oriental, y los buques orienta¬ 
les, podrán navegar del mismo modo, en los rios de 
la República Argentina. «Los tratados de nación á 
nación, obligan al pueblo como las leyes, obligan 
mas que las leyes todavía; pues una ley se cambia,, 
se modifica 6 anula á voluntad de las cámaras; pero, 
un tratado no se puede alterar, anular q dejar de 
cumplir, aun cuando quieran las camáras, mientras 
no consienta la otra nacioil, 6 mientras no termine 
el plazo de su duración. 

Los tratados pues, son leyes, y leyes muy peligrosas 
porque no siempre se cambian, aunque el pueblo y. 
sus cámaras lo deseen; por eso no deben atener valor 
alguno, hasta tanto que las cámaras no los hayan 
♦ aprobado. El presid%nte no está autorizado para hacer 
tratados por su exclusiva cuenta. 

8. —Tampoco está autorizado para llevar la guerra 
. á otra nación, sin consentimiento de las cámaras. 

Declarar la guerra es asunto muy sério. Es poner en 
peligro la vida y la fortuna, de muchos miles de hom¬ 
bres. Es causar la muerte á muchos inocentes. En 
caso de perder la guerra, es esponerse á que los ex- 
franjeros enojados, se venguen del pueblo, y le mal¬ 
traten, y le gobiernen á su antojo, no haciendo casa 
de su Constitución, ni de sus leyes, quitándole su 
independencia; es, por último, comprometer al pue- 
* blo á que se pelee con otra nación. El pueblo no debe 
pelear contra su voluntad. 

La guerra nunca debiera declararse. Es sietnpre 


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utt BMtlj pero asi mismoj si en casos mnjestremos, s»* 
desea llevar la guerra á otro país, es preciso que- 
tOdb el-pueblb esté confórme en pelear. Seria un cri¬ 
men hacerié pelear confóa su voluntad. Ahora bien, la 
voUuitad dé las cámaras, es la voluntad del pueblo; 
por consiguiente, lá guerra debe solo declararse, 
cuando* quieran lés eamaras, cuando las cámaras 
digan: ^thágase la guerra». Recien entonces el presi- 
dtofe-se encargará deformar ejércitos y dirigir la 
guerra. 

St.—Aun-en tiempo de paz, tiene el presidente bajo 
su» érdénes, un pequeño ejército. M no fija nunca el 
numero dé sus soldadbs, ni puede aumentar ese ejér- 
oito-á'SU'caprichof. Seria capaz, ocasionando al país 
gastos inmensos; de formar ejércitos grandísimos y 
hacerse-poderoso y soberbio. Con tanto poder, lleno 
dé*orgullo, no haría caso délas cámaras, de sus órde¬ 
nes, de sus leyes; no haría caso de la Constitución, ni- 
del'pueBlcr; ni permitiría que hubiera elecciones si se- 
re antojase; ó eléjiria por la fuerza á sus amigos y no á 
los amigos del pueblo. 

Efeté peligro ha hecho decir al pueblo cuando formó 
su-Constitución: ♦Las cámaras que piensan como yo, 
y^cpe todo cuanto hacen es como si yo lo hiciera, las 
cámaras, digo, quedan encargadas de señalar al pre— 
sidente elnúmero desoldados que puede tener bajo 
sumando.» Y, temeroso además el pueblo, de que el 
pnefsMéntb, por íhvorecer á sus amigos, diera muchos 
gradbs'militares, hiciera coroneles y generales etc., 
á-quienes sede antojase, pagándoles mayores sueldos, 
y aumentand'o considerablemente los gastos del'go¬ 
bierno',, dispuso en su constitución, que cuando el 
presidente quisiera- dar á una persona altos graños- 
militares', oBthviese primero el permiso dé las- 
cámaras*. 


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— i08 — 


XX. 

XX. — El veto. En gne se fanda. Daraoion del Presideiite< 
En elección. Su reelecoion. El Vice-£ieaidente. 


!•—+GuBndo un presidente quiere ser muy poderoso 
y desobedecer las órdenes de las cámaras, estas tie¬ 
nen el medio de impedirselo. No le permiten reunir 
ejército, ni dar grados militares. Le quitan el poder. 
Haatta le pueden echar del empleo, según veremos 
nms adelante. Y cuando son las cámaras quienes in¬ 
tentan hacerse poderosas, quitando al presidente al¬ 
guna facultad que le concede la constitución, ó dic¬ 
tando una órden injusta, 6 pretendiendo hacer del 
presidente un empleado muy inferior, cuando esto 
sucede, ¿cómo se defenderá el presidente de las cᬠ
maras? 

La constitución le dá un medio de defenderse. 

Si las cámaras se proponen dictar una ley, por la 
cuál se quite al presidente una parte del poder que le 
confia la constitución, ese presidente puede decir: 
<Yo no apruebo esa ley» y la opinión ó el voto del 
presidente, vale como los votos de muchos senadores 
y representantes reunidos. 

A Quiero, suele decir el pueblo, que la opinión del 
presidente, cuando se oponga á una ley de las cáma¬ 
ras, equivalga á la opinión de la tercera parte de re¬ 
presentantes y senadores ». 

Habiendo, por ejemplo, noventa personas en la cá- 
znmra de representantes, el voto del presidente con¬ 
tra la ley, es como si votaran treinta representantes 
ooatra esa misma ley, Y cuando las cámaras quisie¬ 
ran aprobar (ó sancionar) una ley que al presidente 
no le gustase, seria preciso que esa ley fuese apro¬ 
bada por mas de las dos terceras partes depersonas, 
en cada una de las cámaras. 


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Esa facultad concedida al presidente para oponerse 

la aprobación de las leyes, se llama veto. 

Observaremos, de paso, que, por lo espuesto, una 
ley no se considera sancionada mientras no la aprue- 
l>an las dos cámaras y á mas el presidente, á no ser 
qoe la opinión de las cámaras en favor de la ley, sea 
la opinión de casi todos los representantes y sena¬ 
dores. 

2. —En cuanto al tiempo que debe durar un presi¬ 
dente, el pueblo ha resuelto nombrar uno nuevo, 
cada cuatro ó seis años, cuando mas. Si un presiden¬ 
te durase mas tiempo, habría grande peligro. Podría 
ser un hombre muy ñialo ó un hombre incapaz dé go¬ 
bernar, y entonces el pueblo se vería obligado á so¬ 
portarle, casi siempre. 

Sería difícil echarle del poder; sobre todo, si fuese 
hombre inmoral y se hubiese rodeado de mucha 
fuerza. Ademas, cuando un hombre manda muchos 
años seguidos, se cree superior á todos y quiere se¬ 
guir mandando. 

La ambición ciega á los hombres, hasta el punto 
de hacerlos olvidar sus deberes. No habría otro me¬ 
dio, muchas veces, de sacar al presidente, sino ha¬ 
ciéndole una revolución; ¿y qué necesidad tengo yo, 
dice el pueblo, de andar echando por la fuerza á mis 
empleados? Que necesidad tengo de esponerme á der¬ 
ramar sangre, cuando eso se puede evitar desde aho¬ 
ra, mandando q)ue mis empleados duren poco tiempo 
en el empleo, para librarme pront^;_de los empleados 
malos.? 

3. —Dispone el pueblo en su constitución, que á un 
presidente no se le vuelva á elejir inmediatamente 
después de haber concluido el tiempo de su gobierno. 
Y tiene razón. El presidente es el empleado mas po¬ 
deroso de todos. Casi siempre está lleno de ambición. 
Quiere mandar mas todavía. Si se permitiese que un 
presidente pudiera ser reelejido, él mismo se haría 
reelejir, aun contra la voluntad de todos, valido dé 
«u poder y de su fuerza. 

Consintiendo semejante cosa, quienes con mas fre- 


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\ 


— 105 — 

cuencia se harían reelejír serían los que menos con¬ 
vinieran al pueblo, los malos presidentes; pues no ha¬ 
biendo tenido escrúpulos en gobernar mal, menos 
escrúpulos tendrian en hacerse elejir por [medios in¬ 
morales. 

Después que ha dejado el presidente su>empleo j 
pasa algún tiempo, si ha sido un hqmbre muy bueno^ 
y el pueblo quiere volverlo á nombrar, puede hacerlo. 
Entonces ya no hay peligro. No tiene fuerza para ha¬ 
cerse elejir violentamente, y el pueblo le reelejirá si 
le parece bien. (1) 

4.—El presidente puede ser nombrado del mismo 
modo que los representantes, es decir, por el pueblo, 
ó bien por ciertos empleados (Representantes y Se¬ 
nadores) á quienes el pueblo encomienda esa tarea, 
ó bien por unas cuantas personas elejidas por el pue¬ 
blo con el solo objeto de que nombren presidente. 
Cualquiera de estos dos últimos modos de nombrar 
presidente suele adoptar el pueblo, cuando teme, que 
elijiéndole por si mismo, haya grandes peleas y baru¬ 
llos entre los ciudadanos; pues siendo una elección 
tan importante y un empleo tan codiciado, los hom¬ 
bres de partido se afanan por ganar esa elección y 
ocupar ese empleo, usando, para ello, de los medios 
mas reprobados é inmorales. 

Esto no pasa de un temor y es deseable que el pue¬ 
blo mismo se acostumbre á elejir tranquilo y sin ene¬ 
jarse, al empleado que debe desempeñar las funcio¬ 
nes de presidente. 

¿Que necesidad tiene el pueblo de encargar á otros 
le nombren sus empleados, cuando el mismo lo puede 
hacer? (2) 

l 

(1) Art. 75 (3e la Constitución. 

(2) La elección de presidente por las cámaras legislativas, seguo^ 
ordena nuestra constitución, es muy defectuosa y llena de peli¬ 
gros. Encierra en primer lugar todos los tícíos que tiene una elec 
don indirecta^ por colegios electorales; vicios que hicimos notar 
tratando de la elección de senadores. 

En segundo lugar la x>i‘áctica demuestra que generalmente, 
cuando, se efectúan elecciones de senadores y representantes, el 


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— 106 — 


5;—Bn oaso de que el presidente mnera, renuncia 
ó> sen-ecbado del empleo, será preciso ’que otro de 
reemplace pronto. El país no puede están sin presi^ 
dente. Foresto, y para evitar también el trabajo de 
andar practicando nuevas elecciones, se nombra un 
vice-presidente, enel acto mismo, de elqir al presi- 
d'Oste. 

Ese empleado no tendría ocupacionj mientras no 
hubiera necesidad de reemplazar al presidente, y’para 
impedir que esté desocupado, se le manda a la cámara 
de senadores, y se le nombra director de esa cámara^ 
es decir presidente. 

una buena medida; porque asi no hay necesidad 
de sacar á un senador de la cámaraj y> de decirle, 
como le dicen los representantes a uno de sus compa¬ 
ñeros: «Vd., no tomará parte en nuestras discusiones 
ni votará; Vd. debe limitarse á dirijir nuestros traba^ 
jos. Le nombramos director, le hacemos nuestro pre¬ 
sidente.» 

Siendo el presidente un estrafío, todos los senadores- 
podrán dedicarse al trabajo para que^ los nombró el- 
pueblo, es decir á dictar leyes y ninguno desatenderá- 
sus ocupaciones para dirijir la discusión (1) 


pueblo, teniendo Solo en cuenta la importante función desempe¬ 
ñada por las cámaras al nombrar presidente, procura elejir para 
representante y senadores, á personas qnc respondan á una can-' 
didátura presidencial determinada, sin preocuparse de elejir á las 
personas mas capaces de dictar leyes buenas. Esto contribuye á 
que las cámaras se compongan, á menudo de hombres ineptos. 

En tercer lugar, siendo elejido el presidente, por la mayoria-ide 
senadores y representantes,.se forma en las cámaras un partido 
que le apoya, le defiende, y tolera sus arbitrariedades. ¡Se rompe 
la división de los poderes; y las cámaras dejan de ser un contra¬ 
peso útil y necesario del Poder Ejecutivo. 

(1) Es mal sistema el adoptado por nuestra constitución sobre 
esta materia. El presidente del senado se elije entre los mismos 
senadores; de manera que un senador puede ser vice presidente 
de la República. Decimos que es malo este sistema, porque redu¬ 
ce el número de personas entre las cuales se ha de elejir al vice¬ 
presidente. Es mas fácil que se encuentre un ciudadano bueno 
para vice-presidente, si se le busca entre todos los ciudadanos del 
pais, que cuando se le busca en un reducido círculo de senadores. 



m ; ‘ 




— 107 — 


XXI 

XXI. — Necesidad de la administración de justicia,para man> 
tener la paz entre los hombres. Juicio de conciliación. Los sen- 
tencias. Las apelaciones. Los jueces son los encargados-de impo- 
Ber penas á los criminales. Porque ios castigan. 'A nadie se pae> 
de castigar antes de estar,probado el delito. Kscarcelacion .bajo 
lianza. La policia no tiene derecho de castigar á un hombre. De¬ 
lito que comete cuando lo hace. Deber de los ciudadanos en estos 
casos Como se administra la justicia. Necesidad-de aplicar la 
Gonstitucicn y las leyes; pero ante todo la Gonstitaaion, cuando 
ios leyes, sean contrarias á ella. 

1.—Compro una casa con mi dinero, y .viene un 
hombre y me dice: «Esa casa no es suya.sino juia; me 

{ terteneoe hace muchísimos años; entregúemela > Yo 
e contesto: «No se la.entrego; esta casa la he com¬ 
prado con mi dinero, .con dinero ganado á costa de 
tanto trabajar.» El otro insiste; dice que tiene.medios 
.^de probar como es suya la casa: «Yd.ia ha comprado, 
me dice, á una persona que no tenia derecho de ven- 
derla.> 

Sin embargo, á pesar de todo cuanto diga, jo no 
le he de entregar la casa comprada con mi dinero. 
¿Quién resolverá esta disputa? Quién dirá cuál de los 
dos tiene razón? Quién dirá, la casa pertenece á fulano 
ó.á zutano? Alguien debe haber que resuelva estas 
jcuestioncs; pues de .lo contrario, para nada servirían 
las leyes. Previendo esto, ha ordenado el pueblo en 
su constitución, lo-siguiente: «Habrá empleados jue¬ 
ces) cuya Obligación consista en arreglar y resolver 
las disputas entre los-homhres, dando razón al que la 
tenga,.según la ley; administrando justicia.»- 
Sino hubiera jueces,.las leyes serian inútiles; cada 
uno se haría justicia por sí misma; todos los hombres 
se pelearían unos con otros; no se podría vivir. 

2/—Los hombres se enojan muchas veces sin razón, 
y gastan dinero inútilmente, disputando (ó pleiteando) 
delante de los jueces: Si á menudo tuvieran pruden- 


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€ia, se arreglarían pacíficamente, en lugar de eno¬ 
jarse. ' 

Esa falta de prudenéia, se puede suplir en parte, 
diciendo, como dice el pueblo en su constitución: 
•«Nadie dispute delante de los jueces, ni les pida jus¬ 
ticia, sin haber intentado primero, arreglar la cues¬ 
tión ante otro empleado, cuya obligación consiste, 
eu procurar que los hombres arreglen sus negocios y 
• disputas buenamente y sin enojo.» 

Ese empleado se llama juez de paz y el acto que se 
•^«íectua para arreglar la cuestión ó pleito, se llama 
.juicio de conciliación. 

Sin juicio de conciliación no puede haber pleito. (1) 

3. —Laórden de cada juez, se llama sentencia ó auto. 

Ningún juez debe dar sentencia, sin oir primero á 

todas las personas que disputan, para saber quien 
tiene razón, y quien dice la verdad. Cometería una 
gran injusticia el juez, si á unos los oyese y á otros no 
'los quisiera escuchar. Por eso disponen siempre las 
leyes, que cuando un juez no escucha á las dos partes 
todo cuanto ordene, carezca de valor. 

4. —Un juez es capaz de dictar sentencias contrarias 
á la Constitución, contrarias á las leyes y contrarias á 
todo lo justo y razonable. Al fin es hombre y se halla 
espuesto á equivocarse. 

Pero es preciso evitar semejantes equivocaciones 
en cuanto sea posible, y reparar, por algún medio, las 
órdenes injustas de los jueces. Se ha encontrado ese - 
medio fácilmente: Un juez por ejemplo, da una sen- 
'tencia contra mi; me manda entregar mi casa á un 
estraño, que la reclama como suya. Yo no puedo to- 
lerár semejante injusticia. No debo quedarme callado; 
eso me perjudica; pierdo mi casa. Én efecto, no me 
callo, y voy á otro juez superior, le cueqto lo que me 
ha pasado, y le pido que administre buena justicia, de¬ 
clarando mía la casa. Ese acto de ir ante otro juez 
superior, recibe el nombre de apelación. Si ese otro 
juez declara que yo tengo razón, mi contrario talvez 

-{t) •A.rt. 107 de la Constitución. 


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— 109 — 


no se conforme, y quiera ir mas arriba todavia, de¬ 
lante de otro juez ó de varios jueces superiores y alli 
pedir nuevamente justicia. Como se comprende, las 
apelaciones no pueden ser indefinidas; alguna vez se 
han de acabar; pues de otro modo, nunca concluirían 
los pleitos. 

Generalmente disponen las leyes, que cuando dos 
jueces están conformes ya no se debe apelar mas, y 
es preciso soportar y respetar las sentencias. 

Esto pasa lo mismo en los pleitos ó Juicios sobre 
negocios de fortuna, que en los juicios sobre asuntos 
criminales. 

5. —No^es la única tarea de un juez, arreglar dis- 
^ putas; también administra justicia, castigando á los 

criminales; aunque antes de castigar oye la disputa 
entre aquel, á quien se acusa de criminal y la persona 
que le acusa. 

Después de haber oido á los dos, si alguno resulta 
culpable, le condena á sufrir un castigo. 

Pero no le castiga por el placer de causarle daño, 
ni de vengarse, no; le castiga por necesidad, por li¬ 
brar al pueblo de ese hombre dañino. Le impone una 
pena, para que se asuste y se corrija. 

Son tan malos los hombres, que solamente dejan de 
hacer daño, cuando se les asusta con castigos. Esto 
es muy triste. 

Los criminales son unos desgraciados. No se les 
debe odiar. Se les debe tratar de correjir, en cuanto 
• sea posible. Es preciso tener lastima de ellos. 

El mejor medio de castigarlos, es encerrarlos en 
cárceles por muchos años; ó sino es muy grande el 
ficlito, se les puede echar fuera del pais (desterrarlos), 
ó cobrarles una multa. 

Nunca es bueno pegarles, ni hacerles trabajar á la 
fuerza y á la vista de todos; porque asi, acaban de 
.perdería vergüenza y nunca secorrijen. 

6. —^Cuando se acusa h un hombre de delito, se le 
lleva preso; no para castigarle inmediatamente, pues 
no se debe castigar á un hombre antes de saber si en 


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— lio — 


realidad ka cometido ese delito; (l)jae Je-lleva preso 
para lenferíe seguro, y poderle castigar 'después, si 
llega á probarse que es culpable. 

Por consiguiente, la simple detención de xai acusado 
en la cárcel, ó sea el arresto, es un mal que se le 
causa, no para castigarle, porque no se sabe toda¬ 
vía si es criminal, sino por la necesidad de asegurar 
á los que sean .verdaderamente criminales. 

En lo posible es preciso evitar que los acusados 
suíran prisión, antes de probarles su crimen; porque 
pueden ser hombres inocentes, y nunca ha sido justo 
nacer sufrir á la inocencia. 

Por eso dice la Constitución: 4 :Cuando se acuse á un 
liombre de delito, se le pondrá preso, y se avisará in¬ 
mediatamente á su juez. Si el juez ve que no hay mo¬ 
tivo para.acusarle, ordenará se le ponga sen libertad; 
otro tanto débe hacer el juez, cuando el delito de que 
se acusa al preso no es muy grave, siempre que al¬ 
guna otra persona se comprometa á responder por el 
acusado (á dar fxanzd) y á volverle á la prisión, en 
caso necesario, bajo ía condición de que sino le vuel¬ 
ve, estará .obligada, esa persona que respondió por 
el acusado, á pagar cierta suma de dinero.» ^ 

7.—Si los jueces bnicos encargados de imponer 
castigos á los culpables, no tienen facultad de hacer¬ 
lo, antes de haberse estos defendido y de haberse pro¬ 
bado su delito, con menos razón podrá la policía, ü 
otros empleados de gobierno, eastigar á los hombres 
que se llevan presos. 

La policiano tiene derecho para castigará un hom¬ 
bre. A ningún hombre se le puede castigar, sino 
cuando lo manda un juez. 

Sin embargo, es muy común, que la policía gol¬ 
pee, lastime, y castigué á un hombre cuando quiere 
llevarle h la prisión. En estos casos, la policía come¬ 
te igual delito al que podría cometer yo, por ejemplo, 
si andando un hombre tranquilamente por la calle, le 

(1) Art. 130 de la Constitacion. 

(2) Artículos 114 y 139 de la Constítudon. 



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pegaos ttftaipainsa^ le hiriese, 6 le castigare de otro 
modo. 

Ostanis mas. criminal la conducta de lapolioia, 
cuanto que'oaatiga á hombres desarmados, qne lux se 
puadeni defender, j los castiga valiéndose de esa ehv 
cnastancia. Siempre se ha mirado como un acto co«- 
harde,. pegar j herir á los que no pueden deiéndersn. 
Es tan peligrosa para todos, esta conducta de la polio 
day que todos estamos en el deber, cuando veamos, 
que uds comisario, ó eeladm* le pega á otro hombre, 
estanio«'en- el deber de avisarlo al gefe político, miids- 
troj. á al mismo presidente ai es necesario, y de pedir 
la destitución del empleado culpable Debeos tam^ 
iAm hacer conocer del pueMo este acto, por medún 
de ios diarios, y trabajar y empeñamos á ñu de. que' 
se le destituya y se le castice pronto-. 

8.—La j usticia se administra, aplicando las leyes y 
la constitución. 

Cuando castigan los jueces á un. criminal, le apli¬ 
can la pena señalada por la ley; y cuando resuelven 
alguna discusión entre dos ó mas personas también 
aplican la ley diciendo á una de ellas: Yd. tiene razón 
la ley está en su favor; le concedo lo que pide; v ó 
sino:—Yd no tiene razón; la ley no le da derecho para 
pedir eso » 

Pero á veces las leyes dicen lo contrario de lo esta¬ 
blecido en la Constitución. 

Las cámaras se equivocan como cualquier persona, 
y hacen leyes que no se deben hacer, porque la cons¬ 
titución prohíbe. 

Por ejemplo; la Constitución permite á todo hombre 
trabajar libremente, dedicarse al comercio, andar por 
donde quiera &. 

Las cámaras olvidando esta órden del pueblo, se 
atreven á decir en una ley; «Queda prohibido andar 
por las calles vendiendo cualquier cosa El que quiera 
hacer negiocio hagale en su casa, pero en la calle, no.» 

Esta ley es contraria á la constitución; pues la cons¬ 
titución permite trabajar en todas partes, y la ley- 
prohibe, sin embargo trabajar en la calle. 


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¿Qué harán los jueces en estos casos, aplicarán y 
respetarán la Constitución? Veamos. 

9.—La policía encuentra á un hombre vendiendo 
fruta por la calle, y como la policía depende del pre¬ 
sidente y está, por lo tanto, encargada de cuidar que 
las leyes se respeten, le dice al vendedor de fruta:— 
«¿No sabe Vd. que está prohibido vender fruta en la 
calle? Váyase Vd. á su casa y venda allí si quiére, 
pero aquí no le dejo.» — «¿Porqué no me ha de dejar 
Vd. trabajar en la calle, si la Constitución me lo per¬ 
mite?»—«Porqué la ley se lo prohíbe,» contesta la po¬ 
licía.— «A mi nada me importa áe esa ley,' dice el 
otro, cuando es contraria á la Constitución. Las cᬠ
maras no han debido dictarla. No pueden desobede¬ 
cer á la Constitución. Ahora mismo me voy á ver al 
juez, y el dirá quien tiene razón, si la policía ó yo.» 

Es claro. La voluntad del pueblo expresada en su 
Constitución, es superior á la voluntad de las'Cáma- 
ras. Manda mas el pueblo, que sus empleados en el 
momento de hacerla, como manda mas un patrón 
que su dependiente. Por eso el juez dice: «Yo soy un 
empleado del pueblo y debo respetar sus óydenes es¬ 
critas en la Constitución». Después le dice al vende¬ 
dor de frutas: «Trabaje Vd. por donde quiera. La 
Constitución lo autoriza. No haga caso de esa ley in¬ 
justa. Mando á la policíá que no se meta con Vd., y 
le deje vender fruta». La policía obedece. 

Se vé pues, que los jueces tienen facultad de no 
aplicar las leyes contrarias á Constitución. (1) 

(1) El Art. 152 de nuestra Constitución que confiere exclusira • 
mente al Poder Legislativo la facultad oe interpretad' ó explicar 
la Cónstitucion, priva al poder judicial de la facultad de no apli¬ 
car las leyes inconstitucionales. 


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— 113 — 


XXII 

XXII.—Condiciones que debe reunir una persona para admi¬ 
nistrar bien la justicia Debe conocer las leyes y ser imparcial. 
Como se consigue esa imparcialidad. £L pueblo ignora las leyes. 
Ko puede apreciar bien la conducta de sus jueces. Ko entiende de 
pleitos. Los abogados. Posibilidad de simplificar la le^islacioB. 
£1 jurado. Como se usa actualmente. 

1.- Dos condiciones necesita hoy dia una persona 
para administrar buena justicia. La primera es cono¬ 
cer bien todas las leyes; y no es posible conocerlas, 
sin haber estudiado antes muchos años seguidos; pues^ 
esas leyes son tantas y tan difíciles de aprender, que 
cuesta un trabajo enorme saberlas de memoria. 

La segunda condición de un juez bueno, es su im¬ 
parcialidad. Asi, cuando dos individuos, uno amigo 
y otro enemigo del juez; se presentan disputando de¬ 
lante de él, y pidiéndole justicia, ese juez debe resol¬ 
ver la disputa en íavorde su enemigo, si su enemigo 
tiene razón, y en contra de su amigo, aun cuando le 
profese mucho cariño. Eso se llama ser imparcial. 

Para que un juez sea imparcial, no conviene andarle 
elijiendo de tiempo en tiempo, como á los otros em¬ 
pleados. En las elecciones de empleados importantes, 
los hombres se enojan mucho, se insultan, se amena¬ 
zan, se ódian. Esto no debería suceder pero así 
sucede. 

El que ambiciona ser elejido, presta favores a sus 
amigos, y tiene rábia á suz contrarios. Se comprende 
que si los hombres tuviesen bastante prudencia y fue¬ 
ran mas virtuosos, no se enojarían tanto, ni procede¬ 
rían como proceden. Pero el mal existe; así son ios 
hombres, y es preciso evitar que, cuando estén en el 
gobierno, sean rencorosos y vengativos.. 

Un ciudadano no seria ciertamente juez muy impar¬ 
cial, teniendo muchos amigos á quienes favorecer, y 
muchos eneniigos á quienes ódiar. 


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— 114 — 


A consecuencia de las elecciones, un juez debería 
favores y servicios á unos, mientras que á oíros abor¬ 
recería. «Mejor es que no haya elecciones de jueces, 
ha dicho el pueblo. Esté un juez toda la vida'en el em¬ 
pleo, si soporta bien. Cuando salga, por su gusto ó 
por su mal comportamiento, nombren las cámaras á 
otro.»» 

Esto se usa actualmente en casi todas partes Los 
jueces son hombres que han estudiado las leyes; son 
abogados, desempeñan el empleo toda su vida, si 
quieren; pues según el pueblo es el mejor medio de 
tener jueces imparciales. 

2.—La justicia., administrada como se acaiba de 
esponer, tiene muchos defectos. El pueblo ignora la 
mayor parte de lás leyes. Para conocerlas sería nece¬ 
sario que todos los hombres se hicieran abogados. Me 
conociendo las leyes, tampoco puede saber el píueblo, 
si sus jueces las respetan ó se burlan de ellas. 

No pasa con los jueces lo que sucede con otros em¬ 
pleados del gobierno. Un comisario por ejemplo, co¬ 
mete una tropelía, pegándole á un hombre en la ca¬ 
lle. Todos los que ven aquello, saben que el comisario 
ha procedido mal; lo cuentan al pueblo, lo dicen por 
los diarios, y tarde 6 temprano consiguen que el co¬ 
misario salga del empleo. Pero un juez da una sen¬ 
tencia injusta y le quita el derecho á cualquiera per¬ 
sona, fundándose en que asilo manda alguna ley: por 
lo general, nadie le cuenta al pueblo esa mala acción 
del juez, y aunque se la cuenten, de poco vale; porque 
el pueblo no comprende esas cosas; ignorando las 
leyes, mal puede saber si el juez las ha cumplido. 

Resulta de ahí que el pueblo se halle espuesto á su¬ 
frir continuas é inevitables injusticias; porque no co¬ 
nociendo las malasaceiones desús jueces no- intenta 
corregirlas ni librarse de ellos. 

Además, debiendo-serabogados todos los jueces, el 
pueblo se halla en la forzosa obligación de utilizar 
solamente los servicios de un número muy pequeño de 
ciudadanos. 

No hay muchos donde elegir. Solo unos cuantos 


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— 115 


iadiT¿da(», solo los abogados, '«tan len ooudictoa de 
ser elegidos jaeces; pero el reoto de tos eiadadxaos, 
so. Finalmente losjueee8f>aedea>gaedarW'eai<el em¬ 
pleo toda su vida, porque no conviene andar haciendo 
eleocienes, según se ha dicho; perotambienes un mal 
no poderlos cambiar de itiempo en tíemipo: se priva el 
pu^o de poner otros mejores^ mas inteliger^s: no- 
porta á algunos no muy trabajadores ni muyeempe- 
tentes, fórsado por la necesidad de no hacer eleccio¬ 
nes para tener jueces imparcáales. 

3. —Hay un medio de administrar justicia á los 
orimiBales que no tiene tantos defectos. Cnelqnier 
hombre puc^e servir para juez y im es preciso que 
dure toda la vida em el empleo. 

Se acusa por ejemplo á Juan de haberle nacado por 
la fuerza á Pedro el dinero que llevaba en el bolsillo. 

Juan es conducido ante una reunión de hombres 
(jurados) para probarle el hecho. Esos jurados se fijan 
bien en las pruebas presentadas contra Juan, y des¬ 
pués de estar bien convencidos, dicen: «está probado 
que Juan le sacó por la fuerza á Pedro el dinero del 
bolsillo.» En seguida otro juez que conoce las leyes 
y es abogado, dice: «lo que ha hecho Juan se llama 
robo por la ley y se castiga con cuatro años de pri¬ 
sión. Le condeno á sufrir esa pena.» 

El juez necesita conocer la ley para decir que Juan 
robó; pero los jurados no necesitan conocerla para 
decir que Juan sacó la plata del bolsillo ageno; á ellos 
se les importó poco de las leyes; vieron que era ver¬ 
dad y así lo declararon. 

4. —Ahora cualquiera dirá: «el juez no necesitaba 
conocer Jas leyes para saber que Juan robó; eso lo 
sabe todo el mundo; eso podian haberlo dicho los ju¬ 
rados.» Y sin embargo no es así; porque según las 
leyes actuales no basta apoderarse de las cosas age- 
nas cuando no lo quiere el dueño, para que exista 
delito de robo. Si uno quita á otro alguna cosa por la 
fuerza, ese delito se llama robo; pero si la saca á es¬ 
condidas se lláma hurto; si es por medio de algún 
engaño se llama fraude; si es cosa que á uno le den 


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— 116 — 


á guardar y se queda con ella, se llama estelionato; y 
si las cosas que uno quita son vacas, ú ovejas ó caba¬ 
llos, recibe ese delito el nombre de abigeato 6 cua¬ 
treña. 

Cada modo de quitar lo ageno tiene en las leyes un 
nombre distinto y un castigo especial. De suerte que 
los jurados sin conocer las leyes no pueden saber los 
nombres de los delitos ni las penas que merecen. El 
jurado sería capaz de castigará los criminales, como 
cualquier juez abogado, si las leyes se limitaran á 
decir; «todos los que se apoderen de cosas agenas, 
sabiendo que hacen daño, serán castigados con pe¬ 
nas de diez años de prisión para abajo.» Entonces 
podria decir el jurado al criminal: «á mi no me im¬ 
porta saber si su delito se llama hurto, robo ó abi¬ 
geato; yo sé que vd. se ha apoderado de una cosa 
agena, lo cual está prohibido y se castiga; sufra cinco 
años de prisión (ó seis ó diez,) si el delito es muy 
grave.)» 

Lo mismo podria castigar el jurado á otros crimi¬ 
nales, si las leyes dijeran solamente: «los que traten 
de quitar ó quiten la vida á una persona cualquiera 
pueden ser castigados hasta con veinte (ó treinta) años 
de prisión.» (1) 


(1) En los párrafos precedentes hemos querido indicar á la 
ligera el nuevo sistema de codificación ideado por el doctor Don 
■Gonzalo Ramirez en su proyecto de Código penal; pero nos ha 
sido imposible, dado el método de exposición que llevamos, se¬ 
ñalar los principales fundamentos de la reforma. 

El doctor Ramirez, levantándose contra la autoridad de los sa¬ 
bios y los siglos, ha querido destruir todo el casuismo arbitrario 
■de que está impregnada la legislación, formulando un Código que 
solo contiene principios generales. Este Código pequeño y al al¬ 
cance de todas las inteligencias suprime la necesidad actual de 
establecer una separación entre el hecJio y el derecho. El jurado 
declara sobre los hechos y aplica al mismo tiempo la ley. 

Este sistema se funda principalmente en la inutilidad é incon¬ 
veniencia de hacer tantas closiñcaciones de delitos, como las es¬ 
tablecidas por los Códigos modernos, basadas la mayor parte de 
ellas en ciertas circunstancias atenuantes ó agravantes que acom¬ 
pañan á una acción criminal. El ataque á la propiedad con vio¬ 
lencia se llama robo, y hurto cuando se dirige el ataque oculta- 




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5.—Hay cierta clase de delitos que los mismos jura¬ 
dos castigan como podría hacerlo cualquier juez. Es¬ 
tos delitos son aquellos que se cometen cuando se es¬ 
cribe por los diarios insultando á las personas^, bur¬ 
lándose de sus defectos, atribuyéndoles crímenes que 
nunca han practicado ó aconsejando al pueblo que de¬ 
sobedezca á las leyes y á las órdenes del gobierno. 

Las personas que desempeñan el cargo de jurados, 
se elijen de una lista de vecinos: esa lista contiene los 
nombres de cien ó doscientas personas y se va fipr-, 
mando y cambiando en periodos denno ó de dos años. 

mente. El robo ge castíga maa que el hurto, y sin embargo, como 
lo observa el Dr. Ramírez, hay robos mucho mas leves que cier¬ 
tos hurtos, y hurtos iguales á los mayores robos ¿A. qué fijar dis¬ 
tintas penas al parricidio, al asesinato, al duelo, cuando hay due¬ 
los tan criminales como asesinatos^ y asesinatos tan bárbaro!^ co¬ 
mo los mas atroces parricidios? Generalmente se aglomeran en 
los delitos circunstancias de atenuación ó agravación imprevistas 
del legislador y que son causas suficientes para alterar por com¬ 
pleto la pena establecida. 

Señálese el máximun de pena de los ataques á la propiedad, de 
los ataques á la vida, de las agresiones que se dirigen, sin inten¬ 
ción de matar, de las agresiones al honor, etc., etc.; suprímase 
■esa larga y arbitraria nomenclatura de delitos que, ó queda des¬ 
truida si, como es natural, se deja ámplia facultad al juez para 
aumentar ó aminorar las penas según las circunstancia, — ó es 
altamente injusta, si se priva al juez de esa facultad de variar 
la intensidad de los penas, amoldándolas á las imprevistas é in¬ 
definidas circunstancias que rodean á toda acción culpable. £1 
Dr. Ramirez completa este sistema marcando en cada pena á que 
está sometida cada categoría de delito.s, los grados máximo, me¬ 
dio y mínimo. El jurado se lítnita á fijar el grado de la pena, y 
un juez especial la determina. 


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— dl8 — 


xxni 


XXni.—Todo hombre ee halla^expucsto i una injusta acuBct- 
.cúm. ÍLos gobernantes están mas expuestos que.caabpiieFjQttD 
hombre. Ineonvenientes‘de estes acusaciones injustas >Oi)me se 
e'vútan. El senado destituye á ciertos gobernantest, cuando son. 
criminales. La Cámara de Bepresentantes los acusa. ‘Que es el 
juicio político. Sus ventajas. 

1 .—A todo individuo criminal,se le puede acusar de¬ 
lante de los jueces para probarle su delito, y pedir se 
le castigue. Nadie está libre de una acusación. Mu¬ 
chas veces se acusa á una persona honrada por el 
gusto de mortificarla. 

Naturalmente, quien acusa á una persona sin razón, 
y por el deso de causarle daño, y atormentarla, ó de 
avergonzarla, merece un castigo. 

Cuando se acusa á un hombre, se le impone la 
necesidad de desatender sus ocupaciones para defen¬ 
derse. No puede callarse la boca. Se espondria á que 
le condenasen injustamente. 

2.—A ciertos empleados que desempeñan funcio¬ 
nes muy delicadas, como el presidente, sus ministros, 
jueces, senadores y diputados, no conviene se les an¬ 
de molestando á cada momento, con acusaciones de¬ 
lante de los jueces. Y sin embargo esos empleados, 
son los mas espuestos á las acusaciones, porque nun¬ 
ca carecen de enemigos. . 

Muchos descontentos y mal intencionados los'acu- 
sarian, si se les permitiera, continuamente, y no los 
dejarían trabajar en las ocupaciones de sus empleos 
respectivos. No servirían bien al pueblo. DesatendO'^ 
rían sus ocupaciones, preocupados de defenderse ante 
los jueces. Teniendo en cuenta todo esto, ha dicho el 
pueblo: <!(,No quiero que se perturbe á mis emplea¬ 
dos, mientras estén en el empleo. No permito que se 
les acuse delante de los jueces; pero, como realmen- 


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te pued^ s«E criminales, a mi no me coni^se 
«mpieados<deuesa elaae, meargo al senado, qoe^ está 
eempuesto de hombrea prudentes y de esperieneia, 
averigüe sí esos empleados son criminales, y.en caso 
de serlo sáquelos del empleo, y deje que entonces se 
les acuse, como á los demás hombres 

3. —Pero ¿quién podrá decir á los senadores, por 
ejemplo? «El presidente ó un ministro es criminal,, 
sáquelen vds. del empleo?» ¿Será cualquier hombre 
del pueblo? No; porque entonces, cualquiera podría 
molestar diariamente á esos gobernantes, y al mismo 
senado con sus impertinencias. Los senadores tam¬ 
poco deben ser'quienes pidan la destitución del go¬ 
bernante acusado de delito; porque los senadores van 
á ser jueces en el asunto, y necesitan conservarse im¬ 
parciales; no deben demostrar interés por echar al 
empleado. 

No pueden dar su opinión, sobre si es culpable ó 
inocente, antes de haberle oido. 

El pueblo arregla bien esta dificultad, diciendo: 
«Les recomiendo á mis representantes, (pero á ellos 
solamente) que cuando lleguen á tener noticia de un 
delito, cometido por el presidente, ó alguno "de sus 
ministros, ó algún juez, ó senador, 6 representante 
mismo, le avisen al senado, le lleven delante de esa 
cámara, y traten de probarle alli el delito, á fin de que 
una vez probado, la cámara de senadores espulsede 
su empleo, al gobernante criminal, entregándole á 
disposición de los jueces, para ser castigado.» 

4. —Esté juicio seguido delante del senado para se¬ 
parar á ciertos gobernantes de su empleo, cuandb se 
les prueba su delito, se llama juicio político. 

Es muy útil dar á los Representantes solamente la 
facultad de acusar, y al senado la facultad de echar 
del empleo á esos gobernantes culpables. Es útil, por 
que asi se libran los gobernantes honrados de acusa- 
, ciones sin motivo de gente maliciosa, y pueden entre¬ 
garse tranquilamente á sus ocupaciones. Es útil tam¬ 
bién, porque hallándose destituidoi? de su empleo los 


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gobernantes criminales y poderosos, hay mas facili¬ 
dad de acusarlos, probarles su delito y condenarlos 
que cuando están en el empleo disponiendo de su gran 
autoridad. (1) 

(1) Art. 26, inciso 2" de la Coiistitncion Oriental.' 


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XXIV 


XXIV.—£l g'obioruo presta servicios i. todos los habitantes del 
país. Todos contribuyen á nombrar sus empleados, y á pegar esos 
servicios; Otros servicios particulares del gobierno. Quienes de¬ 
ben pagarlos. Quienes deben prestarlos. Quienes deben nombrar 
esos empleados que prestan servicios particulares. El gobierno 
central. El municipio. Ventajas de tener dos gobiernos; uno gran¬ 
de y otro chico. Cuantas clases de empleados debe haber en el 
municipio. Sus atribuciones. 

1. —Los asuntos de que se ocupa el gobierno, según 
acabamos de ver, interesan al pueblo en general. 

Las leyes dictadas por las cámaras, mandadas cum¬ 
plir y respetar por el presidente, y aplicadas por los 
jueces, obligan á todos los habitantes del país, sea 
cual fuere la parte del territorio donde se hallen. 

Todos intervienen en la elección de gobernantes, 
reciben iguales servicios del gobierno, y contribuyen 
á pagar, año por año esos servicios. 

Para todos son las leyes que cuidan la propiedad, 
el trabajo, la vida etc., á todos asegurá tranquilidad 
el presidente, defendiendo esas leyes, y en provecho 
de todos es la justicia administrada por los jueces. 

2. —Hay otros asuntos que solo interesan á una 
ciudad, á un departamento, o á una sección del terti- 
torio. Hor ejemplo, arreglar las calles, los caminos, 
y las plazas, cuidar del empedrado, el alumbrado, 
puertos, y cementerios, construir casas para locos y 
huérfanos y otros asuntos de este género; son cosas 
estas que no interesan al país entero, sino á una pai^te 
del país, á una ciudad, «ó á un departamento. Los 
gastos hechos para atender á estos asuntos y prestar 
semejantes servicios, no deben ser pagados por todo 
el país, sino por quien los ocasiona y se aprovecha 
de ellos. Los empleados que corren con esos asuntos 
y prestan tales servicios, tampoco deben ser nombra¬ 
dos por el país en general, sino por los habitantes de 


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la ciudad ó departamento donde tales servicios se 
reciben. 

Así come hay gobernantes para todo el país, debe 
haber gobernantes para cada ciudad y departamento., 
Aquellos se ocuparán de los asuntos generales, y 
estos se ocuparán de los asuntos particulares, ó loca¬ 
les. Habrá en cada ciudad y departamento, empleados 
para hacer leyes, empleados para ejecutarlas, y em¬ 
pleados para administrar justicia, aplicando esas le¬ 
yes de la ciudad y departamento, y castigando con 
pequeñas penas á los que no las quisieran respetar. 

En el país debe haber dos gobiernos: el gobierno 
(grande ó central), que se ocupa de prestar servicios 
á todos, y el gobierno pequeño (ó municipio), qile-solo 
presta servicios á unos cuantos habitantes del país, á 
una ciudad Ó departamento. 

3.—Es sumamente provechoso para el puéble, en¬ 
tregar á dos gobiernos distintos el manejó-de sus ne¬ 
gocios. Es mucho mejor servido y gobernado. Si un 
gobierno tan solo se ocupase de los asuntos de interés 
general—y de los asuntos particulares de una parte 
del ptíeblo, desatendería á unos para atender á otros. 
Se ocuparía de los asuntos generales, y Olvidaría los 
asuntos de la ciudad y departamento; ó bien se preo¬ 
cuparía mucho de servir esos intereses particulares 
de una ciudad, hermoseando sus calles, plazas y 
caminos etc ; pero en cambio descuidaría otros ne¬ 
gocios mas importantes, porque interesan á lodos, 
como el cuidado de la vida, de la fortuna de la li¬ 
bertad. 

Repartiendo entre dos gobiernos la dirección de 
los asuntos del pueblo, cada uno de esos gobiernos 
tanto el grande como el chico, pueden entregarse me¬ 
jor á sus ocupaciones. • 

No tienen tantos negocios que atender. 

Otra ventaja ofrecen al pueblo estas dos clases de 
gobierno. 

Repartiendo entre dos gobiernos el manejo de los 
negocios públicos, y disminuyendo, por canaiguáente, 
las tareas del gobierno grande ó cealral^r'á 


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~ 123; ~ 


existir otro> mas pequeño que Le ayude, se dismiauye 
también el poder de las cámaras, del presidente, y de 
los jueces superiores. Asi, no tiene.el pueble emplear- 
dos poderosos, ni teme mucho á los> que tiene ouando 
sean malos, porque sin fuerza, están: en la imp^ibi- 
lidad de baeerle mal. 

4.—En el gobierno pequeño (ó municipio) de cada 
ciudad, deben existir, como en el gobierno grande, 
tres, clases de empleados, á quienes el pueblo les en¬ 
tregue tres clases de poderes. 

Debe existir una cámara,, un presidente y un juez. 

Las. leyes de una ciudad ó depactamentoy no son de 
tanta, importancia como las leyes de todo el pueblo; 
y- los ¡empleados de la ciudad, ó departamento, no tie¬ 
nen tanto* poder, ni son capaces de; causar tanto daño, 
comoi losi empleados del gobierno grande. 

Poo esó debe. decir el pueblo en. su Constitución: 

«Para hacer las leyes, de una ciudad ó: departamen¬ 
to, basta una sola cámara ó asamblea.^ Esa cámara 
compuesta de representantes elejidos por el vecinda¬ 
rio, fijará en sus leyes, la contribución qne debe pa- 
^r cada vecino; y mandará gastar los dineros reco- 
jidos eií provecho de todo el vecindario; dictará 
reglamentos para cuidar las calles, caminos, plazas y 
puertos;, ordenará se abran nuevas calles y se cons¬ 
truyan edificios para cuidar los huérfanos y encerrar 
los dementes, fundará escuelas, señalará penas para 
los que no cumplan sus reglamentos y perturben el 
orden de la ciudad. 

5—Ademas de la asamblea, habrá otro gobernante 
encargado de cumplir sus resoluciones. Es el presi¬ 
dente dél municipio. El cobrará los impuestos, pagará 
á los empleados, correrá con el empedrado, el alum¬ 
brado, con cementerios, puertos, caminos públicos &; 
estará á su cargo la policía de la ciudad y hará res¬ 
petar los reglamentos de la asamblea. A sus órdenes 
habrá naturalmente, muchos empleados auxiliares, 
aunque no necesita de ministros para atender á sus 
ocupaciones. 

6.—Otro empleado del municipio será el juez. Este 


I 


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impondrá penas á los que no quieran obedecer las 
leyes de la ciudad; por ejemplo^ al que galopa por la»- 
calles, ó se emborracha y promueve escándalos, ó se 
pelea, ó perturba de otro modo semejante, el orden y 
la tranquilidad del vecindario. 

Resolverá en las disputas ocasionádas por cuestio¬ 
nes de poca importancia y asuntos que no valgan mas 
de doscientos ó tres cientos pesos. Estos jueces son 
los mas á propósitos para desempeñar el cargo de 
jueces de paz. 

7.—Los empleados del municipio, deben durar dos 
años, cuando mas en el empleo; y el pueblo mismo 
los ha de elejir; pues así estará gobernado siempre, 
por personas de su mayor confianza. Tendrá gober¬ 
nantes á su gusto. Los que no sirvan saldrán pronto- 
del empleo y vendrán otros mejores. Nunca faltan en 
una ciudad ó departamento, vecinos honrados á quie¬ 
nes encargar del gobierno de la localidad. (1) 


(I) Como es sabido, en nuestro país no existe el gobierno mu¬ 
nicipal, tal como lo hemos descrito en este páragratb. 

Las Juntas £. Administrativas que desempeñan algunas délas 
funciones del municipio, no tienen una existencia independiente 
no constituyen un gobierno aparte, pues su organización y régi¬ 
men, está conñado al Poder Ejecutivo, que es el encargado de 
reglamentarlas. Ademas, las Juntas £. de nuestro pais no tienen 
facultad de votar los impuestos, solo cuentan con los recursos que 
las señalan las lej'es de las Cámaras. Tampoco se halla estable¬ 
cida la conveniente división de poderes, que existe en los gobiér- 
nos municipales de otros paises. 

Art. ] 22 hasta 129 inclusive de la Constitución. 


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— 125 — 


XXV 

XXV. El pueblo tiene derecho de reformar su Constitul^ion 
cuando quiera. No se debe prohibir esto. Como ha de practicarse 
la reforma. Medidas y precauciones que toma el pueblo para que 
sea buena la reforma. Conviene que el mismo pueblo vote las 
reformstó propuestas. 

1. - Cuando ha trascurrido algún tiempo después 
de haber dictado la Constitución, suele pensar el 
pueblo^ con mucho fundamento, que esa constitu¬ 
ción, no está bien hecha, que se equivocó^ al dictar¬ 
la dando á sus gobernantes órdenes erradas, ó con- 
ñándóles demasiado poder. 

Entonces, dice el pueblo; mi Constitución no es 
buena; las órdenes dadas por medio de ella, á mis 
gobemates, no me gustan; quiero darles nuevas ór¬ 
denes; quiero ser gobernado de otro modo mejor; 
quiero en fin, reformar mi constitución.* 

El pueblo puede hacer esto, si le parece. Cualquier 
patrón tiene derecho de dar nuevas órdenes á su de¬ 
pendiente. 

2. —No estaría el pueblo obligado á respetar la 
órdeh de una constitución que dijese así: «se prohí¬ 
be reformar esta constitución vieja ántes de haber pa¬ 
sado treinta ó cuarenta años, por ejemplo. Yo no 
hago caso de esa órden, podría decir el pueblo. 

Yo puede reformar mi constitución, hoy mismo, si 
quiero. Los gobernantes son empleados mios; y por 
lo tanto, tengo derecho de darles, en una nueva cons¬ 
titución, las órdenes que me convengan mas, para 
ser mejor gobernado. Porqué se me ha de impedir 
que me gebieme á mi gusto y del modo que con¬ 
sidere mejor? 

Los hombres que hiciéron la constitución vieja, 
se gobernaron como se les antojó ¡yo también aho¬ 
ra quiero hacer lo mismo!» ¿Porque los hombres 
que en otro tiempo componían el pueblo, habían de 


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— 120 — 


tener derecho para gobernarse como se les diéra la 
gana y nosotros, los hombres de hoy, no hemos de 
poder hacerlo? «El pueblo dé otro tiempo no ha te¬ 
nido derecho para prohibirle al pueblo de hoy, que 
se gobierne á su gusto. 

Se ve pues que el pueblo en todo tiempo tiene 
derecho de reformar su constitución. 

3' Esto no quiere decir, que en cualquier tiempo 
puede reunirse el pueblo y dar á sus gobernantes, or¬ 
denes contrarias á las dictadas en la constitución 
sin hacer antes una Constitución nueva 

Nunca: habría orden ni sociego en el país ni seguri¬ 
dad tampoco, si un grupo, mas ó menos grande de 
ciudadanos, tuviera derecho para reunirse y decir al 
gobierno;, no respete Vd. la constitución; haga Ydv la 
contrario de lo que ella manda «Un dia, ciudadanos 
mal .aconsejados, serian capaces de reunirse y de de¬ 
cir á las cámaras: no queremos tener presidente, ni 
jueces-Administren Vds. justicia, y^cárguense de 
todo d gobierno.» 

Otro dia, si á esos ciudadanos se les ocurriese, po¬ 
drían decir al presidente: Estamos cansados de tener 
cámaras y jueces. Vd. solo baga las leyes y adminis¬ 
tre justicia dirija Vd. todos los asuntos del go¬ 
bierno.» 

Estas cosas sería capaz de hacer el pueblo, en un 
momento de barullo, de entusiasmo ó de irrefleccion, 
si escuchase á sus malos consejeros. No sería difícil 
que algunos hombres ambiciosos aconsejasen al pue¬ 
blo,, que entregara todo elpoder del gobierno, á uno 
solo Q á unos pocos gobemantes y que nombrara go¬ 
bernantes poderosos. El pueblo, inocentemente' po¬ 
dría seguir estos consejos,, y nombrar un gobemaurte 
muy poderoso; pero después de haberle nombrado, 
ya perdería el derecho de darle huevas órdenes; por¬ 
que siendo mas poderoso ese gobernante que el pue¬ 
blo mismo, nunca le haría, caso, y el pobre puebro> es 
taría obligado>á. soportarle, aunque ese gobernante 
fuera malísimo, y causara imensás desgracias á todos 
los ciudadanos. 


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— 12f7 — 


Ese peligro amenaza siempre álos pueblos cuando 
no procuran conocerla intención de aquellos hom¬ 
bres que les dan consejos y cuando no refleccionan 
sobre su suerte. 

4.—Debe tomar el pueblo algunas medidas para 
evitar estos peligros, y para hacer, con bastante ór- 
den;, la reforma de su constitución. He aquí las me¬ 
didas que suelen tomarse por algunos pueblos para 
llevar á cabo debidamente esa reforma. ' 

Cuando los ciudadanos quieren dictar una constitu¬ 
ción nueva, ó reformar solamente la vieja, esperan 
á qué llegue el dia de las elecciones de senadores 
y representantes; y entonces nombran á personas 
de sus mismas opiniones, á personas que crean ne¬ 
cesaria la reforma de la constitución, para que ma¬ 
nifiesten esas ideas en las cámaras. Una vez reu¬ 
nidas las cámaras, dicen los representantes y sena¬ 
dores: «El pueblo quiere reformar su constitución; 
quiere hacer otra mejor. Tomémosle su parecer so¬ 
bre este punto, para averiguar si es cierto.» Y des¬ 
pués agregan; «Reúnase el pueblo--tal dia—y diga si 
quief realmente dictar una constitución nueva.» El 
pueblo se reúne, como cuando vá álas elecciones, y 
declara si quiere ó no hacer otra constitución. 

Sí la mayoría de ciudadanos, 6 todo el pueblo 
declara que quiere efectivamente dictar otra Cons¬ 
titución,—las cámaras dice: «Está bien; así se hará. 
Nombre el pueblo las personas de su gusto para 
quede presenten un prot/ecto de constitución.» El 
número de esas personas es designado por las cᬠ
maras; y la reunión de todas ellas cuando traba¬ 
jan para hacer el proyecto de reforma que el pue¬ 
blo les ha encomendado, se llama convención. 

Después de babor hecho su proyecto esa conven¬ 
ción, le presenta al pueblo, á fin de que este le 
apruebe si le parece bueno, y le declare su nueva 
constitución. El pueblo vá votando por partes ese 
proyecto, y la votácion se hace como en las elec¬ 
ciones; demanera que si la mayoría de los ciuda- 



— 128 ^ 

danos le aprueba, el proyecto es declarado cons¬ 
titución del pueblo. 

5. —Otras veces cuando no se quiere cambiar com- 
pletamiente la constitución vieja, sino tan solo agre¬ 
gar ó cambiar alguna disposición de ella, se suele 
usar de otro modo mas sencillo de reforma. 

Sin consultar' primeramente al pueblo, las mis¬ 
mas cámaras proponen aquellas reformas que con¬ 
sideran conveniente hacer en la constitución, - y 
después las anuncian al pueblo. Este espera y re¬ 
flexiona, y si le parecen buenasj, nombra en las 
elecciones siguientes, representantes y senadores 
que las aprueben. Si las nueva> cámaras se con¬ 
forman, es casi seguro de que al pueblo le pare¬ 
cen aceptables las reformas; y para cerciorarse bien 
de esto se le hace reunir á fln de que declare si las 
aprueba ó las rechaza. 

En caso de aprobarlas, — está todo concluido;— 
se cumplen esas reformas como las demás órdenes 
del pueblo dictadas en su constitución. (1) 

6. —No es prudente ni justó, que diga el pueblo á 
los miembros de sus cámaras ó de su convención: 
«Hagan Vds., en mi constitución, todas las refor¬ 
mas que juzguen convenientes; yo tengp confian¬ 
za en Vds y sé que no me han de perjudicar. Desde 
ya me conformo con lo que Vdes. hagan; no tienen 
necesidad de consultarme, ni de pedirme que apruebe 
la Constitución reformada.» 

Jamás debe decir el pueblo semejante cosa, pues 
por mucha confianza que tenga en sus empleados, 
estos se pueden equivocar y hacer algo que al pueblo 
no le guste. Tratándose de la Constitución, es decir, 
de dictar órdenes á los empleados sobre la manera de 
ejercer el gobierno, es natural que esas órdenes sean 
dadas á gusto de todo el pueblo; como es natural que 
el dueño da un negocio, dé á sus dependientes las ór 

(1) Esta manera ele reformar la constitución, consultando pri¬ 
meramente al pueblo, y haciendo votar después esas reformas, 
es el sistema que se siegue en los Estados-Unidos y en la Suiza. 


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denes que le parezcan mejores. Seria carioso que un 
patrón estuviese obligado á soportar las órdenes dio 
tadas por sus empleados, contra su voluntad! tNo 
señor, les diría, hagan Vds. esto,—yo lo mando * 

Lo mismo dice el pueblo: «Quiero ver si está bien 
hecha esta nueva Ck)n8titucion. Si no es de mi gusto, 
la rechazo, y mando hacer otra, ó me quedo con la 
vieja * 

El pueblo debe, por consiguiente, reunirse para 
aprobar su Constitución; si asi no se hace las órdenes 
de esa Constitución no serían dictadas por el pueblo, 
que es quien únicamente tiene derecho de dictarlas. (1) 

(1) Art. 153 hasta 159 inclusive de la Constitnoion Oriental. 


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— 13ft - 


XXVI 

XXYI.'—Besúmen general. Que ee la república representativa. 
Que es democracia. Porque son desgraciadas algunas repúblicas. 
Monarquías. Aristocracia. La república es el mejor gobierno. 

I 

1. —Recordando y reasamírado ahora lo dicho en 

este libro llegamos á saber, que cuando un pueblo 
quiere vivir feliz y libre, hace lo siguiente: ' 

Nombra él mismo á los gobernantes señalándoles 
sus obligaciones en una Constitución. 

Divide las tareas del gobierno entre el mayor nú¬ 
mero posible de empleados para suprimir el peligro 
de los g 'bernantes poderosos. 

Cambia de tiempo en tiempo esos empleados para 
que los negocios del gobierno estén dirigidos por per¬ 
sonas de su íntima confianza. 

Por último vigila, pero vigila muchísimo, la con¬ 
ducta de todos sus empleados; está siempre al cor¬ 
riente de lo que hacen y sabe de este modo quiénes 
le sirven bien y con lealtad, y quiénes pretenden per¬ 
judicarle y esplotarle. 

2. —Cuando un pueblo se gobierna de la manera 
espuesta, es decir, cuando el mismo nombra á sus 
gobernantes y les marca sus deberes considerándo¬ 
los y trat indolos como á empleados suyos, se di¬ 
ce que su modo de gobernarse, ó su forma de 
gobierno es la República representativa. Y dícese 
también que hay democracia en ese pueblo cuando 
todos los hombres son iguales tienen los mismos dere 
chos y pueden igualmente tomar parte en la for¬ 
mación del gobierno. (1) 

El pueblo que vive en República tiene en su 
mano el medio de ser dichoso eligiendo á gober¬ 
nantes honrados y leales. Seguramente la repúbli- 

(1) Alt. 13 y 132 de la oo^utítucion citada. 


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. —.131 — 

ca es muy buena. Ningún pueblo, ecauo. ningún 
hombre, dirá jamas: «tengo especial placer en vi¬ 
vir desgraciado.» Por eso era de [ponerse que ^to- 
dos los pueblos republicanos, queriendo su.felicidad 
fueran felices; v sin embargo, hay muchos pueblos 
que viven en república y paSan una vida llena de 
amarguras. ¿Será porqué ellos mismos lo quieren? 
Dirán ellos acaso: «elijamos, por gusto, gober¬ 
nantes perversos que se enriquezcan á costa nues¬ 
tra, nos quiten la libertad, nos hagan sufrir » No 
ciertamente. Nadie desea su propio mal. ¿Porqué 
entonces son tan desgraciados esos pueblos republi¬ 
canos? pi^rque se dejan engañar; porque son igno¬ 
rantes Les hacen creer que sus buenos empleados 
son malísimos y los mas hipócritas consejeros pa¬ 
san por muy honestos v muy amigos del pueblo; se 
hacen nombrar gobernantes, y después que se apo¬ 
deran del goi'iemo ya no se acuerdan de servir al 
pueblo, solo se ocupan de su suerte haciendo daño 
á los demás. Cuando el pueblo conoce que le en¬ 
gañan, diflcil mente puede remediarlo porque esos 
gobernantes han procurado rodearse de fuerzas su¬ 
ficientes para no temer el castigo que merecen y para 
continuar gobernando contra la voluntad de todos. 

La República es buena, porque se propone hacer 
feliz á todo el pueblo; pero, si este es muy ignorante 
y se deja engañar, solo son felices unos cuantos, 
los que gobiernan validos de-la astucia ó de la fuerza. 
El pueblo ignorante pierde pronto su voluntad y 
no puede ser dichoso. 

Los hombres de bien deben siempre trabajar por 
que no haya ingnorancia y deben decir continuamen¬ 
te: «no mezquinemos jamas nuestro dinero, cuando 
se necesite para aumentar la educación del pueblo, 
si deseamos que haya república buena y que sean fe¬ 
lices nuestros hijos. 

3’ Hay pueblos, á quienes seles ha quitado injus¬ 
tamente el derecho de elegir á sus gobernantes Un 
hombre solo gobierna por su cuenta, sin consultar la 
voluntad del pueblo. Es un hombre j^oderoso (monar- 


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— 138 — 

ca 6 rpy); manda ejércitos inmensos; declara la guer¬ 
ra á otra nación cuando quiere;obliga al pueblo á pa¬ 
gar los impuestos que se le dá la gana; nadie le pue¬ 
de acusar ni castigar, aunque cometa toda clase de 
crímenes; si consiente, por/avor, que el pueblo tenga 
cámaras encargadas de dictar leyes, el deshace las 
cámaras cuando le parece; echa de su empleo á los 
representantes, y las leyes solo obligan cuando él 
quiere; por ultimo, para aumentar todavia este poder 
tan inmenso, gobierna toda su vida, y al tiempo de mo¬ 
rir, deja á sus hyos el derecho de continuar mandan¬ 
do como les deja sufortüna. 

Esta forma de gobierno se llama monarquía', y es- 
cusado es decir, que con semejante gobierno, nunca 
son los pueblos muy felices. En los países gobernados 
por reyes hay una clase de gente que se cree superior 
al resto de los hombres y siempre anda cerca del mo¬ 
narca. 'Esa gente se llama aristocracia ó nobleza Solo 
esos hombres de la aristocracia se consideran nobles; 
pero esto no es verdad, pues cualquiera hombre del 
pueblo, siendo muy honrado, es tamuien una persona 
nc.ble. 

4.—Al pueblo le conviene mas la república que la 
monarquía. 

En la monarquía el principal objeto del gobierno es 
hacer feliz al rey; en la república, hacer feliz al 
pueblo' 

En la monarquía el pueblo es un sirviente del rey; 
en la república el pueblo es un patrón y los gobernan¬ 
tes son sus dependientes. 

• En la monarquía, el gobierno es la fortuna que he¬ 
redan el re.v y su familia: en la república, el gobierno 
es un negocio del 'pueblo. 


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ÍNDICE 


\ 


INTRODUCCION 
Prilpaoio. . 

Primera parte 

I. — Idea del gobierno. Necesidad dé su existencia. 

Beneñcios producidos al pueblo por un gobierno 
bueno. Hace respetar la persona de cada hombre 
donde quiera que esté; ya sea en su casa, en la cálle, 

^ ó cuando anda de viaje ó Cuando manda sus pensa¬ 

mientos en cartas cerradas. Limitaciones á estos be¬ 
neficios El gobierno asegura la fortuna, el trabajo. 

Injusticias del gobierno á este respeto. Privilegios. 
f El gobierno funda escuelas y hace obligatoria la 

instrucción. . . .. 17 

II. —Continuación. Otras ventajas de un gobierno bue¬ 
no. Cada uno puede tener la religión que considere 
mejor. Injusticias del gobierno cuando prohibe es¬ 
to. El gobierno permite hablar en reuniones, escri* 
bir en libros, diarios^ etc.; permite* enseñar en las 
escuelas, universidades, etc. ¿Qué son nue8tro^ de¬ 
rechos? ¿Qué es la libertad? Felicidad de un hombre 

libre. Deber de conservar la libertad. Resúmen. . 24 

in.~Los gobernantes son simples empleados, como 
los dependientes de una casa de negocio. El pueblo 
los elige; les señala sus deberes en una Constitu¬ 
ción. La soberanía. Deber de consertarla. Peligros 

de perderla.¡ ...... . 31 

lY. Quienes toman parte en la formación dehgobier- 
no A quienes se les prohibe contribuir al nombra¬ 
miento de empleados públicos. Los niños, los crimi¬ 
nales, ébrios, dementes, extranjeros recien llegados, 
etc. Otras prohibiciones injustas. Quienes son ciuda- 


r danos. Resúmen. 34 

V.—Moralidad de los gobernantes. Males que ocasio¬ 
na al pueblo un gobierno inmoral. Peligran la for¬ 
tuna, la vida, los derechos de todos. Arbitrarieda¬ 
des. Fidelidad de los gobernantes. Resúmen. . . 39 


Pág. g 
15 


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— 134 — 


VI.—Conveniencia de leer los diarios, para estar al 


corriente de los negocios públicos Reservas con que 
deben leerse. Independencia de los ciudadanos. Có¬ 
mo se pierde. Efectos de la ignorancia y de las ma¬ 
las pasiones. Resúmen.Pag. 42 

II.—Todo ciudadano debe preocuparse de los nego¬ 
cios públicos. Debe concurrir á las elecciones. Con¬ 
secuencias de su abandono. Errores de la gente á 
este respecto. Medios de combatirlos. 45 


VIII. —Las elecciones. El pueblo no elige directa¬ 

mente á todos sus empleados. Cómo se practican las 
elecciones. El Registro Cívico. Las tacnas. Los par¬ 
tidos. Los candidatos. La lucha. El preaominio de 
la mayoría. Razones en que se apoya. Deber de res¬ 
petar el voto de la mayoría. Resúraen. 48 

IX. —Fraudes electorales Los votos falsos. Sus malas 
consecuencias. Deberes de cada ciudadano á este res¬ 
pecto. Otra clase de fraudes. La compra de votos. 

Es un medio inmoral y peligroso de ganar eleccio¬ 
nes. La corrupción aumenta. Quienes gastan mas 
dinero en comprar votos. Quienes se aprovechan 
mas de la corrupción Quienes pierden al fin. Deber 
de los ciudadanos honrados. Los malos gobiernos 

como consecuencia forzosa de los fraudes electorales. 53 

X. —Continuación. Otras inmoralidades. Las violen¬ 
cias. Sus consecuencias. Odios que engendran Ven¬ 
ganzas de los gobernantes. Exajeraciones de los ven¬ 
cidos. Las guerras civiles. Responsabilidades en que 
incurren los ciudadanos que toleran esas violencias 
é inmoralidades. Medios de evitar esas violencias y 


de apaciguar esos ódios. ... . 58 

XI. —Fraudes del gobierno. Son mas temibles que los 

fraudes de los ciudadanos El voto de los soldados 
de línea debe prohibirse. Violencias del gobierno. La 
abstención. Rtsúmen ... 63 

XII. Conducta de los ciudadanos después de una 
elección fraudulenta. Los hombres exaltados. Pro¬ 
vocaciones á la revolución. Necesidad de apaci- 


f uarse y de esperar. Los gobernantes pueden ser 
uenos. Qué se Wrá cuando son malos. Se les hace 
destituir y cstótigar. Resistencias de los gobernan¬ 
tes. Paciencia de los ciudadanos Nuevas provoca¬ 
ciones.’Palabras de Franklin. Males de la guerra. 

Deberes de los ciudadanos cuando todos los partidos 
tienen la culpa de que haya gobiernos malos. Últi¬ 
mo extremo y último recurso del pueblo. Resúmen. 66 

ISeipiincla parte 

XIII.— Entre cuantas personas reparte el pueblo las 
tareas del gobierno. Los gobernantes poderosos. Pe- 


É 


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— 435 — 


li^os. Lor tres poderes del gobierno. Desgracias que 
B(H)revienen al pueblo cuando entrega el gobierno á 
lina sola persona. * .* *. 

XIV. —Las leyes Su necesidad. Lo que sucedería si 

¿o hubieran leyes. Quienes deben nacer las leyes. 
Peligros de dar este encargo á una sol^ persona. Las 
malas leyes. Cámara de Representantes. InconTenien- 
tes de una sola Cámara. £1 Senado. 

XV. - Distintas opiniones de la gente del pueblo. 

Conveniencias de llevar á la Cámara de Representan¬ 
tes, hombres que profesen esas distintas opiniones. 
Número de Representantes. El censo. Quienes no 
pueden ser elegidos Representantes. Duración de la 
Cámara. Resúmen., . . 

XVI. —El Senado. Número de sus miembros. Sistema 

de elección de Senadores. Duración de estos en su 
empleo. Renovación parcial del Senado. Fines á que 
resDonde.1 . . 

XVIL—Precauciones que toma el pueblo para conse¬ 
guir que las Cámaras hagan buenas leyes. Trabajan^ 
separadas. Cualquier hombre puede presentar proyec¬ 
tos de ley. El Presidente y S^ecretario de la Cámara. 
Porque dejan de trabajar las Cámaras en cierta época 
del año. Comisión Permanente. A los Representantes 
y Senadores no se íes lleva preso como á los demás 
hombres. Cuando se les puede aprehender. El juicio 
ante el Senado . . ... 

XV111. Las Cámaras no pueden hacer l^es iniustas. 
Declaración de derechos. Los Códigos. Leyes de pre¬ 
supuesto. Impuestos. Confíanza del pueblo en la con¬ 
ducta de sus Cámaras. En que se funda esa con¬ 
fíanza.. .. 

XIX —Las leyes son órdenes de las Cámaras. Quién 
debe cumplirlas. El Presidente. Sus deberes. Sus 
empleados auxiliares. Quién los nombra.» quién los 
destituye. Qué son tratados intemaáonáles. El presi¬ 
dente no puede celebrarlos por su propia cuenta. 
Tampoco puede por su cuenta declarar la guerra-ni 
aumentar su ejército. Quien le presta autorización 
para hacer todo esto. 

XX. —El veto* En qué se funda. Duración del Presi¬ 
dente. Su reelección. El Vico Presidente. 

XXI. —Necesidad de la administración de justicia pa¬ 
ra mantener la paz entre los hombres. Juicio de 
conciliación. Las sentencias. Las apelaciones Los 
jueces son los encargados de imponer penas á los 
criminales. Porqué los castigan. A nadie se puede 
ortigar antes de estar probado el delito. Escarcela- 
cion Dajo fíanza. La policía no tiene derecho de cas- , 
ligar á un hombre. Delito que comete cuando lo ha* 


73 


76 


79 


84 


88 


93 


98 

103 


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ce. Deber de los ciadedacos en estos casos. Cómo 
se administra la justicia. Necesidad de aplicar la 
Constitución y las leyes; pero ante todo la Constitu¬ 
ción, cuando las leyes sean contrarias á ella . . . Pág. 107 

XXII.—Condiciones que debe reunir una persona para 
administrar bien la justicia. Debe conocer las leyes 
y ser imparcial. Como se consigue esa imparcialidad. 

El pueblo ignora las leyes. No puede apreciar bien 
la conducta de sus jueces. No entiende de pleitos. 

Los abogados Posibilidad de simpliñcar la legisla¬ 
ción. El jurado. Cómo se usa actualmente. . . IIS 

XXIII.—Todo hombre se halla expuesto á una injusta 
acusación. Los gobernantes están mas expuestos que 
cualquier otro hombre. Inconvenientes de estas acu¬ 
saciones injustas. Cómo se eviten. El Senado desti¬ 
tuye á ciertos gobernantes, cuando son criminales. 

La Cámara de Representantes los acusa. Qué es el 

juicio político. Sus ventajas. 118 

XXIV. —El gobierno presta servicios á todos los habi¬ 

tantes del país. Todos contribi^en á nombrar sus 
empleados, y á pagar esos servicios. Otros sevicios ’ 

particulares del gobierno. Quiénes deben pagarlos. 

Quiénes deben prestarlos. Quiénes deben nombrar 

esos empleados que prestan servicios particulares. 

El gobierno central. El municipio. Ventajas de te¬ 
ner dos gobiernos; uno grande y otro chico. Cuántas 
clases de empleados debe haber en el municipio. 

Sus atribuciones. . . .". 121 

XXV. —El pueblo tiene derecho de reformar su Cons 
titucion cuando (juiera. No se debe prohibir esto. 

Cómo ha de practicarse la reforma. Medidas y pre 
cauciones que toma el pueblo para que sea buena 
la reforma. Conviene que el mismo pueblo vote las 
reformas propuestas. .. 125 

XXVI. —Resúmen general Qué es la república repre 
sentativa. Qué es democracia. Porqué son desgracia 
das algunas Repúblicas. Monarquías. Aristocracia. 

La república es el mejor gobierno. 130 


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